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jueves, 5 de diciembre de 2019

Historia de Japón (II): El Periodo Asuka (587-672)

La historia de Japón ha sido profundamente marcada por las reformas adoptadas durante los largos, pero ampliamente separados, periodos de contacto con las culturas extranjeras en expansión. La primera comenzó en 587 cuando Soga no Umako tomó el control del gobierno central de Japón, hizo un uso extensivo de las técnicas chinas para expandir el poder del estado, y apoyó la introducción y difusión del aprendizaje chino; la segunda llegó tras la Restauración Meiji de 1868, cuando nuevos líderes movieron el país hacia la industrialización y las maneras occidentales.

La vida japonesa fue enormemente alterada por la cultura china mucho antes de la toma del poder por los Soga en 587, y mucho después de los años finales del siglo IX cuando se tomó la decisión de dejar de mandar misiones oficiales a China. Pero durante los tres siglos intermedios, los aristócratas japoneses quedaron comprensiblemente fascinados por el poder y logros de China bajo las grandes dinastías Suí (589-618) y Tàng (618-907), dando ascenso a la acción y pensamiento que dieron a la vida japonesa de aquellos días un tono marcadamente chino, especialmente en los niveles altos de la sociedad. El primero de los tres siglos de notable influencia de China -aproximadamente el siglo VII- fue un siglo de reformas siguiendo las líneas chinas. El segundo, el siglo VIII, es conocido como periodo Nara, cuando Japón fue gobernado desde una capital modelada a partir de la capital china de Cháng’ān. Y el tercero fue una época en que cada aristócrata estaba inmerso en un aspecto u otro del conocimiento chino.

A través del siglo de reformas fluyeron allí dos amplias y profundas corrientes de cambio: uno surgido de un fuerte y persistente impulso por construir un poderoso estado de estilo chino y otra que viene de una apertura creciente a diversas expresiones de arte y aprendizaje chino. Al trazar estos movimientos a través del siglo de reformas, pronto nos damos cuenta de que se aceleraban y giraban en nuevas direcciones, no solo por una familiaridad incluso más grande con los logros chinos, sino también por tres convulsiones políticas dentro de Japón: (1) la toma, por parte de los Soga, del control sobre los asuntos de estado en 587, lo cual marcó el comienzo de lo que ha venido en llamarse la ilustración Asuka; (2) el golpe de estado de 645 seguido por la adopción de las Grandes  Reformas; y (3) la guerra civil de 672 (el jinshin no ran), tras la cual los nuevos líderes obtuvieron un éxito notable en hacer de Japón un estado fuerte y despótico.

1. La Ilustración Asuka hasta el golpe de estado de 645

Los historiadores han tendido a pensar que la Ilustración Asuka comenzaba con la toma del poder por Soga no Umako en 587, o con la entronización de la emperatriz Suiko en 593, pero el carácter chino de la Ilustración sugiere que la reunificación de China en 589 puede ser el punto de inicio más significativo, aunque Japón no envió una misión oficial a la corte Suí hasta 600. Antes de considerar la historia política y cultural de estos primeros años del siglo de reformas, atendamos la cuestión de cómo la aparición de este nuevo imperio chino afectó a los canales de contacto de Japón con el continente.

a) El Imperio Suí y los reinos coreanos

Tras el colapso de Jìn Occidental en 317, la China septentrional fue invadida por pueblos no chinos y desgarrada por luchas internas. Durante los siguientes 250 años o más, el país estuvo dividido por una sucesión de estados y reinos regionales. Luego, en 578, un emperador Zhōu septentrional unió la mayor parte del norte de China y en 581, un general Zhōu  bien relacionado (el famoso Yang Jiān, que es conocido como emperador Wén Dì) fundó la dinastía Suí. En 589 conquistó la poderosa corte meridional de Chén del Sur, y puso la totalidad de China bajo su mando. La aparición de este nuevo imperio fue seguida por el restablecimiento de las relaciones tributarias con los estados y reinos vecinos, a través de la mayor parte de Asia oriental. Los visitantes de tales tierras extrajeras, como Japón, estaban impresionados por los proyectos de construcciones masivas, que incluían una ciudad-palacio amurallada de unos 9 kilómetros de largo y 7,5 de ancho. La atención de los visitantes también era atraída por otros logros: una compleja y efectiva burocracia que alcanzaba las comunidades locales en regiones distantes, una detallada codificación de las leyes, un extenso sistema de ingresos, y una enorme organización militar, entre otros. Los observadores extranjeros, interesados en la construcción del estado, también pudieron ver que el gobierno imperial de China había sido reforzado por una ideología en la que los ritos confucianos honraban a sus emperadores como Hijos del Cielo, la ética confuciana valoraba la obediencia a los cabezas del estado, los textos budistas representaban a los gobernantes como agentes de la ley universal, y las enseñanzas taoistas añadían legitimidad al control del imperial.

Los reinos coreanos localizados cerca de la frontera china (Goguryeo y Baekje) fueron afectados antes y más profundamente por el nuevo imperio chino que los estados situados más lejos, esto es, Silla y Japón. Goguryeo (el más cercano) reaccionó primero movilizando tropas para prevenir un posible avance chino hacia el norte; Baekje rápidamente estableció relaciones con la corte Suí, pero no se sintió seriamente amenazada; Silla permitió que pasaran tres años antes de enviar una misión; y Japón no hizo contacto oficial hasta 600. Manteniendo una posición clave entre los reinos coreanos que pagaban tributo a las cortes chinas del norte, Goguryeo enviaba tradicionalmente tributo a una corte norteña tras otra. Y tan pronto como Zhōu septentrional fue remplazado por Suí en 581, Goguryeo inmediatamente pago tributo. Pero cuando en 589 llegó al rey coreano la noticia de que las fuerzas de Zhōu del Norte habían destruido la corte de China meridional y resucitado el imperio chino unificado, él y sus consejeros asumieron que el emperador Wén Dì pronto enviarían ejército contra Goguryeo en un intento de restablecer el sistema colonial que había existido en Corea durante la época Hán. La corte Suí probablemente tenía tales ambiciones, ya que al año siguiente Wén Dì condenó a Goguryeo por no enviar una misión tributaria y exigió una disculpa. Durante unos pocos años, el nuevo rey de Goguryeo, Yeongyang (590-618) trató con la corte Suí, a la manera tradicional (enviando tributo y aceptando nombramientos) y sus relaciones siguieron siendo amistosas.

Pero en 598 Yeongyang súbitamente movilizó 10.000 jinetes y atacó el territorio situado en el lado chino de la frontera. Inmediatamente, el emperador Wén Dì envió 300.000 soldados y ordenó una invasión de Goguryeo y despojó al rey de sus cargos y títulos. Por tanto, Yeongyang se disculpó y aceptó los nombramientos y premios Suí. Las tropas del emperador se retiraron  entonces, pero habían sufrido duras pérdidas. Durante un tiempo, las relaciones Suí-Goguryeo gravitaron hacia la normalidad, pero los informes registrados en el Suí shu indican que la posición de los oficiales de la corte china que favorecían otra campaña contra Goguryeo se estaba haciendo más fuerte. Temeroso de que un Goguryeo poderoso e independiente pudiera desencadenar la resistencia de otros pueblos en las regiones septentrionales, el sucesor de Wén Dì, Yáng Dì (604-618) organizó tres campañas contra este reino coreano entre 612 y 614, tras condenarlo por "colusión nefasta con los khitanes y Malgal y por violar el territorio Suí". Pero ninguna de estas tres campañas tuvo éxito. De hecho, el gasto acumulado y el fracaso invitó al desorden general y apresuró la caída de la dinastía Suí en 618. Los estudiosos han explicado los fracasos militares de Suí de diferentes maneras, pero claramente, Goguryeo era entonces lo bastante fuerte como para defenderse contra ataque masivos a manos del gran imperio chino. 

Baekje, al sur y oeste de Goguryeo había ocupado hacía tiempo una posición clave entre esos reinos (incluyendo Yamato de Japón) que pagaban tributo a las cortes de China meridional. La respuesta de Baekje al ascenso de un nuevo imperio chino, por tanto, fue bastante diferente de la de Goguryeo, y más directamente relacionada con la naturaleza y extensión de la influencia china sobre la Ilustración Asuka. Habiendo pagado tributo a la corte Chén de China meridional, las simpatías de Baekje estaban con el sur en la época de la guerra de 589, y sin embargo, tan pronto como Baekje tuvo noticias de la victoria Suí, envió un mensaje de felicitación a Wén Dì e hizo el gesto amistoso de devolver un navío que había quedado varado en una isla del Mar de China oriental. Wén Dì quedó deleitado de recibir acercamientos amistosos desde Baekje, y justificó su tratamiento liberal de este reino coreano al señalar que sus enviados habían llegado por mar desde una tierra distante. 

Silla, el tercer reino coreano importante y uno de los más lejanos de China, no envió tributo inmediatamente a la corte Suí, y además se propuso fortalecer su defensas militares, compartiendo, al parecer, algo del temor de Goguryeo de que Wén Dì pronto se pondría en movimiento para restaurar el control chino sobre toda la península corean. Al responder al renacimiento del imperio chino en cierto modo de la misma manera que Goguryeo, Silla continuaba actuando como miembro de la vieja alianza norteña (en la que la relación tributaria de Goguryeo con la corte china septentrinal dominane había sido un factor importante), justo cuando Yamato seguía el pensamiento de que Baekje (el estado central en el alineamiento meridional) era el principal apoyo de, y Silla el mayor obstáculo a, su esfuerzo por recuperar derechos y privilegios en áreas localizadas en la punta de la península coreana.

El Nihon shoki declara que ya en 591, el emperador Sushun contó a sus ministros que Japón debía recuperar el control de Mimana (Kaya). Y en el siguiente artículo de esa crónica se nos dan los nombres de individuos colocados a cargo de la fuerza expedicionaria que sería enviada contra Silla. Tres funcionarios partieron hacia Corea con más de 20.000 soldados bajo su mando. Uno fue enviado a Mimana y otro a Silla para obtener información sobre la situación de Mimana. No estamos seguros de lo que ocurrió después de que las tropas llegaran a Kyūshū, pero parece que nunca fueron transportadas a través de los Estrechos de Tsushima hacia Corea.

¿Por qué Soga no Umako y la corte japonesa decidieron iniciar acciones militares en esta época de incertidumbre que rodeó el ascenso del nuevo imperio chino? Un punto de vista sostiene que Umako, ahora en posesión del control total de los asuntos japoneses, quería crédito para resolver expeditivamente el problema coreano. Pero él y sus colegas -bien conscientes de que Silla (viejo enemigo de Japón) aún no había enviado tributo al emperador chino- pueden haber concluido que Japón tenía una excelente oportunidad, mientras que Goguryeo estaba preocupado con sus relaciones con China, para forzar una restauración de los derechos y privilegios que Japón había disfrutado una vez en Mimana. En cualquier caso, el Suí shu informa que en 594, el rey de Silla envió finalmente tributo a la corte Suí. Ahora los tres reinos coreanos se habían incorporado al sistema tributario Suí. Esto puede explicar, al menos en parte, por qué entonces Japón abandonó la idea de enviar una expedición contra Silla.

Pero al cabo de tres años la situación coreana se desestabilizó de nuevo, esta vez por otro estallido de guerra entre China y Goguryeo, guerra que comenzó en 598 (de acuerdo con el relato Suí) con una invasión por Goguryeo del territorio chino. Baekje, el viejo aliado de Jajpón, cuya rivalidad con Goguryeo había sido larga y amarga, pronto se vio envuelto en el conflicto al ofrecer apoyo militar a China. El emperador Wén Dì estaba encantado con la oferta, pero Goguryeo se desquitó invadiendo Baekje y previniendo la entrega de la prometida asistencia. No mucho después, Umako y su grupo decidieron que la situación sobre el continente estaba madura para otro intento de reforzar la posición de Japón en corea. Pero su enfoque fue diferente esta vez:  además de enviar un ejército contra Silla en 600, Japón despachó una misión oficial (la primera en más de 200 años) a China. El Nihon shoki afirma que el ejército de más de 10.000 efectivos tuvo éxito en Slla, forzando a su rey a entregar 6 fortalezas y prometer el pago anual de tributo. Pero el mismo informe termina con la declaración de que tan pronto como las tropas japonesas se retiraron Silla volvió a invadir Mimana.

Aunque la misión oficial se consideró, al parecer, un refuerzo diplomático para una expedición militar contra Silla, y la expedición terminó en fracaso, el restablecimiento del contacto directo con una China reunificada fue un acontecimiento de especial significado en la historia de Japón. Hasta 600, el flujo de métodos e ideas chinas había alcanzado Japón mayoritariamente a través de Corea, especialmente de Baekje. Pero desde entonces hubo un creciente flujo voluminoso y directo desde China. Siendo tan importante este hecho, sin embargo, el Nihon shoki, no lo menciona, posiblemente porque el contacto no ayudó a Japón a resolver su problema coreano, posiblemente porque la respuesta china no fue algo que los cronistas desearan recordar. Pero el Suí shu ofrece considerables detalles de la misión y proporciona un relato bastante más largo de las condiciones contemporáneas en Japón, que los que fue informado por los mensajeros japoneses. Después de oír las explicaciones aportadas por los miembros de la misión, el emperador Wén Dì amonestó a la emperatriz Suiko por acercarse a su corte de un modo tan grosero. Al parecer, estaba molesto por el modo en que ella se refería a sí misma y por la manera que los emisarios japoneses explicaban la relación de la soberana con el Cielo. Cuando los reyes Yamato habían enviado mensajeros a las corte Sóng en el siglo V, asumían la postura de los reyes extranjeros que servían al Hijo del Cielo de China. Pero en lugar de seguir ese precedente, Suiko uso su nombre japonés (que incluían la palabra para Cielo) y su titulo (ōkimi o "Gran Reina"). Para el emperador Wén Dì, la identificación de Suiko de su posición con el Cielo debe haber sido particularmente molesta, pues sugería que ella se consideraba una igual del Hijo del Cielo. Al final del resumen chino de lo que los enviados japoneses tenían que decir sobre las condiciones de Japón, se hizo el comentario: "Tanto Silla como Baekje consideran a Wo [Japón] como un gran país, repleto de cosas preciosas; y ellos rinden homenaje".

Después de esta primer contacto con la corte Suí, la historia Yamato estuvo coloreada por dos tipos diferentes pero relacionados, de esfuerzos: el uso de las técnicas administrativas chinas para incrementar el poder del estado, y la introducción de varias formas de aprendizaje chino. Aunque el cambio administrativo estaba directamente relacionado con la reforma del siglo VII y la difusión del Budismo -parece haber dado a la Ilustración Asuka su carácter básico.

b) Apoyo oficial del Budismo

Los primeros y más brillantes rayos de ilustración emanaron de las actividades de los sacerdotes que participaron en la construcción como maestros artesanos (carpinteros de templos, fabricantes de techos de teja y en espiral, artistas de pintura mural, escultores y talladores de madera) que proporcionaron la pericia para construir y equipar los 46 recintos de templos encontrados durante el periodo Asuka. Estos recintos incluyen tres famosos: el Asuka-dara, el Arahaka-ji y el Ikaruga-ji. Muchos de los sacerdotes inmigrantes -como estudiosos de formas de aprendizaje no budistas, tales como el confucionismo, la ley china y la literatura e historias chinas- hicieron contribuciones cruciales a la Ilustración Asuka.

Los grandes trabajos de arte Asuka realizados por sacerdotes extranjeros y preservados como tesoros nacionales incluyen: (1) la tríada Shaka (sansom shaka), estatua de estilo Wéi septentrional de Shaka y dos bodhisattvas, fabricadas en 623; (2) una estatua de madera de pie de Kannon (conocida como el Kannon Kudara) con características de la China meridional y que se piensa que se hizo durante la primera mitad del siglo VII; (3) pinturas en ambos lados de un pequeño latar lacado (el Tamamushi no zushi); y (4) una estatua del Buddha sanador (Yakushi nyorai) que lleva una inscripción que afirma que la estatua se terminó en 607. Todas estos tesoros nacionales son guardados en el Hōryū-ji (nombre dado al Ikaruga-ji después de que se reconstruyera en algún momento del siglo VII), una representación verdaderamente notable de la ilustración.

Debido a que el budismo se situaba en el centro de la mezcla cultural sinoizada, conocida como ilustración Asuka, debería prestarse especial atención al camino por el que el budismo unió los intereses de Baekje a la fortuna de Soga. La conexión se revela tanto en la época como en la expresión de la primera referencia conocida a la presentación de las estatuas budistas y escrituras budistas a la corte  Yamato  por el rey de Baekje. Esta presentación parece haber tenido lugar en 38, año en que el rey Seong (Buyeo Myeong; 523-554) había sido obligado por la presión de Goguryeo a desplazar su capital desde Ungjin hasta Sabi, más al sur y mas alejado de la frontera con Goguryeo. De acuerdo con el Jogu Shōtoku Hō-ō tei-setsu esto sucedió cuando Seong envió al rey Kinmei una estatua de Buda y varios volúmenes de escritura budista. La versión del Nihon shoki del suceso (fechado más bien en 552 que en 538) es precedida por la declaración de que el rey Seong había hecho una petición de ayuda militar que reforzara sus defensas contra los vecinos agresivos (Goguryeo y Silla). Entre los obsequios que acompañaban a la petición se encontraban estatuas y escrituras budistas, y habiendo tenido conocimiento del asombroso poder de Buda, el rey Kinmei preguntó a sus ministros lo que pensaban sobre honrar la estatua; ellos ofrecieron puntos de vista contradictorios. Soga no Iname, cabeza de un clan inmigrante cada vez más poderoso, recomendó el patrocinio oficial, reiterando la opinión de que todos los estados al oeste adoraban a Buda y que no veía motivo para que Yamato fuera una excepción. Nakatomi no Muraji, líder de un antiguo clan conservador, insistió en que la adopción enfadaría a los kami nativos. Por tanto, Kinmei se comprometió a no extender su bendición real a la fe extranjera, pero permitiendo a Iname la libertad de honrar a la estatua de cualquier modo que deseara.

El desacuerdo entre los dos clanes sobre la cuestión de si el budismo debería ser patrocinado oficialmente refleja fundamentalmente diferentes asunciones sobre la autoridad de un jefe para gobernar su clan, o un rey para gobernar el estado Yamato: mientras que los clanes inmigrantes sentían que sus jefes podían recibir autoridad religiosa de la importada fe budista, los clanes más antiguos y conservadores habían llegado a acostumbrarse a la adoración del kami del clan para el que sus jefes eran altos sacerdotes. De modo que la cuestión budista no era simplemente un asunto de conversión individual sino, más bien, una emanación social política que hizo imposible la adopción en tanto que los clanes conservadores tuvieran el control de la corte.

No fue hasta el año 587, casi medio siglo más tarde, cuando el equilibrio de poder se alteró, y solo entonces el budismo fue reconocido oficialmente. El choque militar de ese año fue entre clanes relacionados con los inmigrantes, tales como los Soga, y clanes enraizados en Japón como los Mononobe. mientra que se estaban situando las tropas para el enfrentamiento, Soga no Umako prometió propagar la fe budista por todo el país, si él y sus aliados ganaban. En consecuencia, no mucho después de la victoria, llegaron emisarios desde Baekje para traer sacerdotes budistas, reliquias budistas, construcción de templos, trabajadores del metal, ceramistas y pintores. Pronto empezó el trabajo sobre un gran templo budista, el Asuka-dara, que vino a convertirse en el mismo centro de la actividad ilustradora. Pero 593 fue realmente un año notable en la historia del budismo japones. En ese año la emperatriz Suiko, recién entronizada, ordenó a sus nobles de la corte apoyar el budismo; su sobrino, el príncipe Shōtoku, hijo del emperador Yōmei (recién nombrado príncipe coronado) se vio envuelto en actividades budistas que le llevaron a ser considerado el padre del budismo japonés. Una entrada de 594 del Nihon shoki afirma que esto sucedió cuando los cabezas de los clanes dirigentes estaban compitiendo unos con otros en la erección de templos budistas "para beneficio de sus jefes y padres difuntos" y en un punto del año 596 destaca que dos sacerdotes budistas (uno de Baekje y otro de Goguryeo) predicaron su religión ampliamente y llegaron a ser los pilares del budismo japonés. Finalmente el primer gran recinto budista, el Asuka-dara, fue completado en 596.

c) Preparativos para la reforma

El impulso de Japón para utilizar los métodos continentales e ideas para la construcción del estado, llegaron a ser más fuertes después de la misión de 600 a la corte Suí, cuando el príncipe coronado, Shōtoku, estaba empezando a eclipsar a Soga no Umako, en el manejo de los asuntos de estado. El ascenso del príncipe a la preeminencia estuvo reflejado en la decisión de 601 de comenzar a construir un nuevo palacio para él en Ikaruga, y en la selección, en 602, de su hermano menor como comandante de una nueva tropa expedicionaria enviada contra Silla. Después de que se relacionara con la introducción de métodos continentales de reforzamiento del estado, resaltado por la adopción en 603 de un sistema de rangos cortesanos similar al de Goguryeo y Baekje, la formulación en 604 de los famosos 17 mandamientos y el intercambio diplomático de 607-608 con la corte china.

El sistema de rangos japonés, más relacionado con los de los reinos coreanos que con los del imperio chino, creó una jerarquía paralela a la de la nobleza tradicional, permitiendo la promoción personal de los individuos más capaces y experimentados. Parece claro que los nuevos niveles y rangos ayudaron a reforzar el control imperial al conferir posición en nombramientos y promociones basadas en el mérito. En los niveles más bajos de gobierno, los funcionarios eran seleccionados más frecuentemente por su habilidad para realizar funciones especializadas.

2. Las Grandes Reformas

Antes de considerar las reformas adoptadas después de 645, debemos mirar brevemente dos aspectos de su trasfondo histórico:

a) El Imperio Táng

Los enviados de Goguryeo llegaron a Japón durante el verano de 618 e informaron que su estado había repelido con éxito una invasión de los ejércitos chinos. No sabemos si habían llegado a requerir asistencia militar o simplemente llegaron para expresar satisfacción con su victoria contra el gran imperio chino. Pero no mucho después, y probablemente como resultado de derrotas sufridas a manos de Goguryeo, la dinastía Suí fue destruida por rebeldes cuyo líder fue entronizado como emperador Gāo Zŭ (Lĭ Yuān; 618-626), fundador de la dinastía Táng.

El gobierno Tàng (618-907) llegó en una época particularmente gloriosa en la historia china. De hecho, los cambios institucionales y sociales realizados durante el periodo, han llevado a los estudiosos a decir que fue entonces cuando China entró en la Edad Moderna. Los primeros emperadores Tàng estaban empeñados en restaurar y extender la grandeza imperial de China. Pero dándose cuenta de que el colapso Suí se debió en su mayor parte a fallos militares contra Goguryeo, los gobernantes Tàng eran bastante cautos en ese frente. Goguryeo envió tributo a la corte Táng ya en 619; Baekje hizo lo propio en 621; y Silla siguió el ejemplo en 624. Y los reyes de los tres reinos coreanos aceptaron los nombramientos Tàng, indicando su incorporación al sistema tributario Tàng.

La vieja enemistad de Japón hacia Silla se suavizó temporalmente después de la primera misión a Suí en 600, y el ascenso del príncipe Shōtoku a una posición de influencia en asuntos exteriores. Mejoraron las relaciones con Silla, al menos en parte, a juzgar por la información del Nihon shoki de que una gran cantidad de gente emigró desde Silla a Japón en 608, y que llegaron emisarios desde Silla y Mimana (Kaya) -y fueron bien recibidos- en 610. Pero, a continuación de la desaparición de Suí y el ascenso de Táng en 618, Japón se volvió de nuevo hostil hacia Silla. Cuando este estado envió "tributo" a Japón en 621 y no siguió el precedente de traerlo junto con los emisarios de Mimana, los funcionarios japoneses interpretaron esta ruptura con la tradición como una clara indicación de que Silla había absorbido, o iba a absorber a Mimana.

No mucho después de la muerte del príncipe Shōtoku en 622, una facción en la corte aconsejó la guerra con Silla y la cooperación más estrecha con Baekje, y un ejercito de 10.000 hombres invadió supuestamente Corea en 623. Los estudiosos explican el giro de la política exterior de Japón de dos maneras: que el colapso Suí sugirió a los líderes japoneses que su vieja posición en Corea podía ahora recuperarse y que la muerte de príncipe Shōtoku dejó al militarista Soga no Umako en el control único de los asuntos exteriores.

Pero las relaciones con Silla pronto se mejoraron, posiblemente porque los líderes japoneses se hicieron súbitamente menos beligerantes por los movimientos conciliatorios de Silla. La corte estaba seguramente afectada por los dos sacerdotes budistas chinos, y dos doctores médicos chinos que llegaron a Japón por la vía de Silla. Aconsejaron que Japón estableciera y mantuviera relaciones con la corte Táng. A pesar de estos consejos, Japón no envió una misión oficial a la corte Tang hasta 630 -tras la muerte de tres influyentes líderes del periodo Asuka: el príncipe Shōtoku en 622, Soga no Umako en 626 y la emperatriz Suiko en 628. Mientras el imperio chino se estaba volviendo más fuerte y rico que nunca bajo el emperador Tài Zōng (626-649). La demora de Japón en establecer relaciones con Tàng probablemente se debió a las condiciones inestables de ambos países. China no estuvo reunificada hasta 624; un violento golpe de estado provocó el derrocamiento de Gāo Zŭ en 626; y estalló una desagradable disputa sucesoria en Japón después de la muerte de la emperatriz Suiko. Pero cuando la misión fue organizada finalmente en 630, su líder fue uno de los doctores chinos (E’nichi) que había llegado a Japón por la vía de Silla 7 años antes. Tras su llegada a la corte, el emperador Tài Zōng anunció, en primer lugar, que Japón, estando tan lejos no necesitaba enviar tributo cada año. Luego anunció que un aristócrata de alto rango había sido designado jefe de una misión para acompañar a los enviados a casa y extender los saludos personales al nuevo emperador de Japón. Abrir canales privados con los Táng fue complicado en cierto modo, por la reaparición del conflicto y la rivalidad entre los reinos coreanos. Aunque habían sido incorporados al sistema tributario Táng, continuaron invadiéndose el territorio uno al otro. Debido a estas riñas Tài Zōng tuvo noticia de que Goguryeo había construido un monumento en honor de los soldados muertos en la guerra con la China Suí, y rápidamente ordenó una represalia militar. Los ejércitos chinos demolieron el odiado monumento y reunió los restos de los soldados chinos que habían muerto en Goguryeo. Suponiendo que los Tàng estaban considerando otra acción militar más, el rey de Goguryeo construyó más de 1000 fuertes en lugares donde los chinos podían golpear, y buscaron mejorar sus relaciones con Baekje.

Ya en 630 tanto Goguryeo como Baekje enviaron mensajeros a Japón y, según el Nihon shoki, ofrecieron tributo, posiblemente intentando obtener apoyo si fueran invadidos por las tropas chinas. En 631, el rey de Baekje incluso tenía un miembro de su propia familia real entregado a Japón como rehén, señal tradicional de la necesidad urgente de un estado de asistencia militar. Los otros reinos implicados en el enfrentamiento Goguryeo-Táng también buscaron respaldo japonés.

Luego, en 641, después de que un funcionario Tàng regresara de una gira de inspección por Goguryeo, el emperador decidió que había llegado el momento de la acción militar. Al año siguiente, también Goguryeo estaba movilizándose para la guerra, y en 613, Tài Zōng advirtió a Goguryeo y Baekje que rompieran la actividad agresiva contra Silla. Pero el nuevo rey de Goguryeo ignoró estas advertencias, y así, Tài Zōng ordenó a sus tropas que atacaran a este reino coreano poco colaborador, y requirió a Baekje y Silla que proporcionaran apoyo. En el cuarto mes de 645, justo cuando Tài Zōng estaba cruzando el río Liao, el príncipe Naka no Ōe (el futuro emperador Tenji, 661-672) y su grupo estaba estableciendo un nuevo gobierno en Japón, habiendo impedido el control por parte de los Soga, que había durado más de 50 años. Por tanto, estaba bajo la sombra de un poderoso y expansivo imperio Táng cuando se adoptaron las grandes reformas de Japón.

b) Trastornos políticos internos

Después de los preparativos del emperador Tài Zōng para la guerra en 641 contra Goguryeo, los tres reinos coreanos fueron asolados por luchas internas y externas, ya que buscaban reforzarse para las invasiones anticipadas. Japón tampoco pudo evitar ser afectado. Las turbulencias políticas de 645 no surgieron directamente de las desavenencias sobre cuestiones de política exterior, sino, más bien, de más de una década de crecientes luchas por el poder en la corte. Por un lado, estaba un grupo de clanes encabezados por los Soga, y por el otro estaba un grupo, cada vez más fuerte, de príncipes imperiales, funcionarios de la corte, y jefes de clanes, que habían estado unidos por unos sentimientos comunes de irritación con (1) la implacable y autoritaria conducta de los ministros Soga; (2) la consistente oposición Soga al hijo del príncipe Shōtoku, y finalmente su eliminación; y (3) el fracaso del régimen Soga para hacer un uso extensivo y efectivo de hombres familiarizados con las técnica chinas para incrementar el control político.

El antagonismo entre estos dos grupos estalló tras la muerte de la emperatriz Suiko en 628 sobre la cuestión de quien debería sucederla. La emperatriz no había designado un nuevo príncipe coronado para reemplazar al recientemente desaparecido príncipe Shōtoku, pero dos príncipes tenían fuertes pretensiones al trono: el príncipe Tamura, hijo del príncipe coronado Bidatsu (que nunca se convirtió en emperador) y el príncipe Yamashiro no Ōe, hijo del príncipe Shōtoku. Ambos eran nietos de anteriores emperadores, pero el príncipe Yamashiro parece haber tenido la reclamación más fuerte: su abuelo había sido emperador mas recientemente; su padre Shōtoku había compartido el gobierno con la emperatriz Suiko; y su madre era una hija de Soga no Umako. Y sin embargo, Soga no Emishi, que había reemplazado a Umako como jefe del clan Soga en 626, no quiso entronizar al hijo del difunto príncipe coronado Shōtoku, probablemente porque prefería un emperador cuyo gobierno fuera mayormente simbólico. Cualquiera que fuera la razón, Emishi maquinó inducir a los jefes de los clanes dirigentes par que aceptaran la información fabricada de que la emperatriz Suiko había querido que el príncipe Tamura la sucediera. Pero dos aristócratas de alto rango, el hijo de Shōtoku, el príncipe Yamashiro, y un tío de Emishi, de nombre Sakaibe no Marise no Omi, se negaron a aceptar esto como una auténtica expresión del deseo imperial. De acuerdo con el relato del Nihon shoki (que presenta un sesgo anti Soga), el encuentro del príncipe Yamashiro con la emperatriz en sus últimas horas le dejó con la impresión de que ella esperaba que él la sucediera. No obstante, el príncipe Yamashiro decidió aceptar el consenso diseñado, indicando que seguiría las enseñanzas de su padre y sería "paciente, no airado".

Pero Sakaibe no Marise estaba impaciente y enfadado. En una reunión final de jefes  anuncio acaloradamente que no tenía nada más que decir y se marchó. Como cabeza de la rama Sakaibe del clan Soga, y hermano del difunto Soga no Umako, pronto creó otro revuelo, cuando en otra reunión aireó sus puntos de vista sobre el tema de la sucesión. Emishi no podía permitir tal oposición, incluso desde el hermano de su padre. Por tanto, ordeno a sus tropas que rodearan la residencia de Marise, forzando su estrangulamiento y el suicidio de su hijo mayor. Entonces, el príncipe Tamura ascendió al trono como el emperador Jomei (628-641). Pero la implacable acción contra un miembro de su propio clan, levantó un resentimiento que, después de otra provocación, culminó con el golpe de 645.

La muerte del emperador Jomei en 641, justo cuando Tài Zōng estaba convocando tropas para una invasión masiva de Goguryeo, reavivó el viejo conflicto sobre quien debería ocupar el trono; el príncipe Yamashiro o el príncipe Naka no Ōe (hijo mayor de Jomei). Debido a que el príncipe Naka no Ōe solo tenía 16 años y no era bastante maduro para el trono, el príncipe Yamashiro era de nuevo el candidato más fuerte. Pero Emishi aún no quería que se convirtiera en emperador y favoreció, en su lugar, a otro hijo de Jomei: el príncipe Furuhito no Ōji, cuya madre era una hija de Umako. No obstante, Emishi no recibió mucho respaldo para la propuesta y tuvo que admitir que la emperatriz de Jomei siguiera el precedente de Suiko y ascendiera al trono. Así, ella reinó como la emperatriz Kōgyoku (641-645).

Durante los primeros meses del reinado de Kōgyoku, el hijo de Emishi, Iruka tomó el control de los asuntos administrativos, obteniendo la reputación de ser incluso más autoritario que su padre. Pero antes de que terminara el año y mientras Iruka estaba ejerciendo presión sobre el pueblo para que aportara más trabajo para la construcción de dos tumbas (una para su padre y otra para si mismo), fue abiertamente reprendido por la hermana del príncipe Yamashiro por actuar como un emperador y emplear trabajo forzado para sus propios fines personales. Siendo menos capaz que su padre de aceptar críticas u oposición, Iruka recurrió inmediatamente al uso de la fuerza militar. Como resultado, unos 23 descendientes del príncipe Shōtoku, incluyendo al príncipe Yamashiro y varios miembros de su familia inmediata, fueron inducidos a cometer suicidio. Ese brutal tratamiento de una ilustre rama de la familia imperial horrorizó incluso al padre de Iruka, Emishi.

Hacia la primavera siguiente, tres importantes figuras aristócratas estaban elaborando un plan para eliminar a Iruka y su clan de las posiciones de poder. El triunvirato estaba compuesto por (1) un burócrata de nombre Nakatomi no Kamatari (614-669), que vino a ser conocido como Fujiwara no Kamatari, fundador del clan Fujiwara; (2) un hijo del emperador Jomei, el futuro emperador Tenji (626-671); y (3) el hijo de un Soga de alto rango, Soga no Ishikawa Maro († 649), un jefe de clan, cuyo padre había favorecido la entronización del príncipe Yamashiro, antes en 629. A partir de una revisión de los antecedentes y los intereses de estos tres hombres, los papeles desempeñados en la época del golpe, y los puestos con los que fueron recompensados en el gobierno posterior a 645, podemos ver algo en el carácter anti Soga y en favor de la reforma, de su movimiento rebelde.

A Nakatomi no Kamatari, el principal artífice del golpe, se le ha calificado como un antiguo burócrata, ya que poseyó un alto rango y un cargo que le fueron concedidos principalmente a causa de su demostrada habilidad y éxito. Ya en 629, cuando Emishi estaba intentando forzar a los líderes de los clanes para que aceptaran la información fabricada de que la emperatriz Suiko había querido que el príncipe Tamura la siguiera en el trono, el padre de Kamatari fue un de los cuatro secretarios imperiales cuyos puntos de vista fueron decisivos en la elección del príncipe Tamura para subir al trono como emperador Jomei. Por tanto, el padre de Kamatari era influyente, pero aún no se había convertido en un oponente a los Soga o un defensor de la Reforma. Kamatari mantuvo el mismo alto rango que su padre, y asistió a conferencias de corte de alto nivel (byogī). Después de 632, cuando el sacerdote budista Min regresó al cabo de su viaje de 22 años a China y comenzó a dar conferencias sobre adivinación, Kamatari frecuentó el templo de Min, al igual que cuando volvió Minabuchi no Shōan de su viaje de 3 años a China, por lo que se piensa que hacia 640, Kamatari se había convertido en un burócrata estudioso e indagador, que estaba preocupado por la ardiente cuestión política de lo que significaba para japón un avance Tàng hacia el este.

En torno a 641 en la disputa sobre quien debía suceder al difunto emperador Jomei, Kamatari parece haber favorecido la candidatura del príncipe Yamashiro. Luego, después de la decisión de elegir a a emperatriz Kōgyoku y la forzada eliminación del príncipe Yamashiro y todos los miembros de su familia inmediata, Kamatari tomó medidas que condujeron directamente al golpe de 645. Primero se aproximó a dos príncipes imperiales: el príncipe Karu (que fue entronizado más tarde, en 645, como emperador Kōtoku) y el príncipe Naka no Oe (que ascendió al trono en 661, como emperador Tenji). Al parecer, Kamatari sentía que si uno de estos dos príncipes debía convertirse en emperador, debería gobernar realmente, y no ser simplemente una fachada para algún jefe de clan. Pero para establecer un gobierno imperial de este tipo, sabía que los Soga debían ser expulsados de sus posiciones de control y que esto solo podía hacerse con poder militar. Por tanto, contaba con Soga no Ishikawa Maro, un militar que no estaba en buenas relaciones con Iruka y cuyo padre había tenido reservas sobre la entronización forzosa de Jomei por Emishi. Con el respaldo militar de este descontento Soga, Kamatari fue capaz de idear un plan para establecer el tipo de gobierno imperial adecuado para que Japón pudiera enfrentarse al reto del expansivo imperio Tàng.

La narración del Nihon shoki del golpe comienza al explicar que aunque Iruka era un hombre suspicaz que siempre portaba una espada, Nakatomi había enseñado a los artistas como conseguir que pusiera su espada a un lado. El príncipe Naka no Oe hizo los siguientes preparativos: cerró las puertas de palacio, sobornó a ciertos guardias, ocultó una larga lanza en un lugar conveniente en el Gran Salón de Estado (Daigokuden) donde debían ser leídos los memoriales, dispuesta para el apoyo de los soldados y ordenó a cuatro hombres armados que mataran a Iruka. Pero a la hora señalada, los hombres clave en el complot se asustaron, quedando intimidados, al parecer, por el prestigio de Iruka. De modo que el mismo príncipe Naka no Oe se precipitó hacia delante y con una espada "cortó la cabeza y el hombro a Iruka". Antes de morir Iruka se declaró inocente y pidió una investigación. Entonces el príncipe Naka no Oe presentó su caso ante la emperatriz, exponiendo que Soga deseaba destruir la cas imperial y subvertir la autoridad imperial. Cuando la emperatriz se retiró a deliberar, los cuatro asesinos atacaron y mataron a Iruka, poniendo fin a medio siglo de control Soga. La emperatriz Kōgyoku abdicó inmediatamente y el príncipe Furuhito (el candidato favorito de Iruka para el trono) entró en el sacerdocio budista. Se estableció el escenario político para la entrada de los tres famosos líderes de mentalidad reformista: el príncipe Naka no Oe con dignidad imperial, Nakatomi no Kamatari con el poder del clan y el conocimiento de formas de gobierno modernas, y Soga no Ishikawa Maro con poder militar.

c) Las iniciativas reformistas

El día después de que Iruka fuera asesinado, Kamatari recomendó que el príncipe Karu (hermano menor de la emperatriz Kōgyoku y estudiante de confucionismo) ocupara el trono como emperador Kōtoku, y que el príncipe Naka no Oe se hiciera cargo de los asuntos de estado, como había hecho el príncipe Shōtoku durante le reinado de Suiko. Bajo Kōtoku y su príncipe coronado, se crearon tres posiciones ministeriales: (1) Ministro de la izquierda, para Abe no Uchi Maro no Omi, cuyo padre había secretario imperial durante el reinado de Suiko; (2) Ministro de la derecha para Soga no Ishikawa Maru, el comandante militar de los rebeldes; y (3) Ministro del centro, posición ministerial distinta a cualquiera que hubiera existido en China, algo así como un consejero personal para el emperador y el príncipe coronado.

Los especialistas chinos también fueron nombrados eruditos del estado (kuni no hakase). El primero fue Min, que había ido a China en 606, permaneciendo allí 22 años. El segundo fue para Eon, que regresó tras 32 años de permanencia. Ambos habían observado y estudiado la formación de la centralizada estructura burocrática de china, basada en codificaciones de la ley penal y administrativa, y tenían conocimientos de primera mano de un imperio que ejercía un notable control sobre los asuntos en los estados y territorios vecinos. En estrecha asociación con Kamatari, hicieron importantes contribuciones a la formulación e implementación del programa de reforma de Japón.

El nuevo gobierno despachó inmediatamente mensajes imperiales a los reyes de Goguryeo y Baekje, expresando amistad para el primero y pidiendo explicaciones al segundo por sus escasos tributos. La decisión tomada a finales de 645 de trasladar la capital a la ciudad portuaria de Naniwa sugiere que el nuevo líder quería tener su base en el puerto donde embarcaban y desembarcaban las misiones diplomáticas.

Los reformadores dieron pasos hacia el mantenimiento y reforzamiento del control del gobierno, mediante la convocatoria a los nuevos ministros y obtener de ellos un juramento de alianza. Otra medida para incrementar el control gubernamental, fue degradar a los templos budistas como símbolo del poder de los clanes y promoverlos como instrumentos del gobierno imperial. Primero adoptaron la práctica Tàng de colocar 10 maestros budistas a cargo de los asuntos del templo, relacionados con la cultura china. El nuevo gobierno también intentó impedir que los disidentes obtuvieran la posesión de armas, especialmente en regiones periféricas. Los emisarios imperiales fueron enviados, no solo para establecer un sistema de inspectores provinciales, para recoger todas las armas, excepto las de las áreas cerca del territorio de Emishi, y depositarlas en almacenes gubernamentales. Por tanto, el gobierno estaba intentando obstruir cualquier intento de expulsar al gobierno por parte de un jefe de clan descontento.

El nuevo gobierno solo tenía dos meses cuando ordenó un censo para facilitar la recaudación de ingresos de todos los pueblos y tierras, primero en las provincias orientales, justo después del envío de los inspectores provinciales. Además, el nuevo régimen estaba intentando asegurar la aceptación popular de sus nuevas políticas.

El Edicto Imperial emitido el primer día del primer mes de 646 y referido aquí como el Edicto de los Cuatro Artículos es comparable al Juramento de los Cinco Artículos de 1868. Cada uno fue emitido por un emperador en una época en que los nuevos líderes habían decidido hacer atrevidos y profundos cambios políticos -en nombre del emperador del momento- que ayudarían al país a encarar la amenaza de invasión por los poderes extranjeros, primero chino y luego occidental. Fue una proclamación imperial que se situó a medio camino entre los 17 Mandatos y el Código Taiho de 701. Durante los últimos meses de 646 un edicto imperial fue seguido por otro, una serie de recordatorios de que el estado ahora estaba siendo gobernado directamente por un emperador. 

3. El Estado Imperial

En 650, cuando el gobierno reformista tenía 4 años, la China Tàng se alió con el reino coreano de Silla. Para los japoneses esto fue una señal del intento de China de dominar la península coreana y probablemente también Japón. Esta alianza, seguida por un avance militar chino, despertaron la preocupación de Japón que moldeó la política gubernamental durante décadas. Los efectos pueden detectarse en tres masivas corrientes de cambio histórico en estos años. el primero tuvo un carácter militar y se manifestó como la resistencia contra los avances Tàng en Corea, y más tarde, como frenéticos esfuerzos para reforzar las defensas del país contra la invasión. La segunda fue una corriente administrativa marcada por un uso extensivo de inmigrantes y otras personas familiarizadas con las técnicas continentales. La tercera tomó la forma de tensión política interna que llevó a la guerra civil en 672 y el establecimiento de un intento de un régimen decidido a crear un imperio de estilo chino en Japón.

a) La expansión Tàng y la respuesta de Japón

La alianza de 650 entre Tàng y Silla tuvo por objetivo a Baekje. Para Tàng, las dificultades a que se enfrentó eran secundarias a su interminable guerra con Goguryeo, y para Silla, el problema con Baekje no podía separarse de los problemas con sus vecinos, especialmente con Goguryeo al noroeste y Japón a través de los estrechos de Tsushima. En Japón las implicaciones de las alianzas eran amenazantes, llevando a una fisura entre los líderes sobre la cuestión de si el país debía emprender una acción militar inmediata sobre Silla o simplemente reforzar sus defensas.

En 651 llegaron a Tsukushi emisarios desde Silla vestidos como funcionarios Tàng. La corte japonesa decidió que la misión debería ser enviada de vuelta, y el ministro de la derecha (Kose no Tokuda) dirigió una petición al trono en el que defendía preparativos para la guerra; pero tal acción no se tomó. El príncipe coronado y sus consejeros -muchos de los cuales tenían conocimiento de primera mano de la situación del continente- eligieron en su lugar los lazos diplomáticos con la corte Tàng- En unos pocos meses enviaron a China una misión dividida en dos grupos que toman dos caminos diferentes: el primero, compuesto de 121 personas, partió por el camino de Silla (ruta septentrional), y el segundo, con 120 a bordo, zarpó a través del Mar de China oriental (ruta meridional). Ambos contenían varios eruditos y estudiantes, que sugerían que el objetivo principal era obtener más información sobre las técnicas de control y logros culturales Tàng. El segundo grupo se encontró con el desastre poco después de dejar el puerto, y solo 5 o 6 personas regresaron sanos y salvos. Pero primero alcanzaron su destino y estuvieron de vuelta en Japón durante el séptimo mes de 654, trayendo consigo varias personas que pronto se volverían activos y prominentes en los asuntos políticos y culturales de su país.

Antes del regreso de este grupo en 654 se envió una segunda misión a China por el camino de Silla. Después de presentar sus regalos al emperador Gāo Zōng (649-683), éste les declaró que en caso de que se produjera una situación de emergencia en Corea pediría ayuda a Japón. Esta declaración de Gāo Zōng sugiere que los intereses políticos, así como los culturales, habían impulsado a los miembros de la corte imperial japonesa a enviar esta segunda misión.

El príncipe coronado de Japón y sus ministros debían haber sabido, de un modo u otro, sobre la alianza Tàng-Silla y los planes para una acción militar conjunta contra Goguryeo, puesto que decidió en 653 abandonar el nuevo palacio imperial en la ciudad portuaria de Naniwa y construyó uno nuevo en la región de Asuka de la llanura Nara. El emperador Kōtoku se opuso, pero el príncipe coronado y los ministros se retiraron a Asuka de todos modos. Parece que el emperador no veía tanto peligro en la situación exterior y que Naka no Oe quería la capital en un lugar que pudiera defenderse más fácilmente contra una invasión exterior.

El emperador Kōtoku permaneció en Naniwa pero murió en soledad allí unos meses más tarde. Aunque el príncipe coronado estaba en la línea de sucesión, parece que prefería gobernar como tal, antes que como emperador. Por lo tanto, su madre, la anterior emperatriz Kōgyoku, fue entronizada por segunda vez, en esta ocasión bajo el nombre de emperatriz Saimei (654-661). Se construyó para ella un nuevo palacio en el área interior de Asuka: el palacio de Futatsuki. Levantado en la cima de una montaña, a la manera de los palacios coreanos, exigió unos esfuerzos constructivos excesivos a la población, lo que provocó un descontento popular que estuvo presente en el incidente Arima de 658.

El príncipe imperial Arima, hijo mayor del emperador Kōtoku y de una hija del ministro de la derecha, tenía fuertes pretensiones al trono en la época de la muerte de su padre en 654. Pero sus esperanzas se frustraron cuando Saimei volvió a reinar. Parece que el príncipe Arima estaba molesto también por las miserias del pueblo, y que fue arrastrado a una trama contra el trono por Soga no Akae, un nieto de Soga no Umako y líder prominente del derrotado clan Soga. Ambos decidieron que la situación no estaba madura para la rebelión. En este punto Akae filtró el contenido de su discusión a las autoridades gubernamentales. Entonces el príncipe Arima fue arrestado y estrangulado, y sus principales partidarios fueron enviados al exilio. Pero las crónicas no dicen nada sobre el castigo para Akae. De hecho, pronto fue nombrado para un puesto en el distante Tsukushi, pero a principios del reinado de Temmu en 672, se convirtió en ministro de la izquierda. Aún sigue sin estar claro el incidente de Arima de 658, y sin embargo, la crónica sugiere que la carga de construir defensas contra una posible invasión desde el exterior estaba despertando descontento.

En 660, dos años después del incidente Arima, Tàng y Silla hicieron un ataque conjunto sobre Baekje, el estado coreano con el que Japón había tenido relaciones particularmente estrechas desde que perdió su territorio coreano (colonia) de Mimana casi un siglo antes. Las operaciones militares Tàng en una región en la que Japón siempre había tenido un interés especial, debe haber causado que los miembros militaristas de la corte sintieran que había sido correcto, nueve años antes, ver signos de peligro en la llegadas de los enviados de Silla a Japón todos con vestimentas Tàng. Hasta 660 la alianza Tàng-Silla se había dirigido  contra Goguryeo y los ataques conjuntos habían tenido lugar ya en 655; pero en el tercer mes de 660 el emperador Gāo Zōng decidió súbitamente -al parecer en respuesta a una petición de Silla por ayuda para poder protegerse de las invasiones de Baekje al territorio de Silla- para hacer un ataque militar combinado a este último. Una fuerza de 100.000 hombres bajo el comandante chino Su Dingfang, asistido por un príncipe Silla, atravesó el mar de China oriental desde la península de Liaotung, desembarcó en la costa de Baekje y coordinó su ataque con una fuerza de Silla desde el este, dirigida por el general de Silla Gim Yu-sin. Al mismo tiempo, el rey Muyol de Silla puso a dos de sus hijos al mando de una tropa de 50.000 hombres que marchó contra Baekje desde la dirección opuesta. En cuatro meses, los ejércitos de Silla, habián obtenido una victoria decisiva cerca de la actual ciudad de Sabi (Puyo), el rey de Baekje se sometió y su orgulloso estado desapareció.

El emperador Gāo Zōng parece haber sido plenamente consciente de que la acción militar conjunta molestaría a los japoneses, causando posiblemente que ellos se apresuraran a ayudar a Baekje, ya que hizo esfuerzos especiales para alejar de sus planes a los enviados japoneses, los cuales repentinamente, en el duodécimo mes de 659, fueron detenidos y se les impidió salir de Cháng’ān, hasta transcurrido aproximadamente un mes desde que fuera destruido Baekje.

Pero tan pronto como se retiraron los ejércitos Tàng de Baekje, y se hicieron planes para volver a asumir el antiguo conflicto con Goguryeo, se desarrolló un movimiento de restauración en Baekje, y sus líderes pidieron ayuda a Japón, a través de unos mensajeros que llegaron después de que se liberaran a los embajadores japoneses en 660. Los enviados pidieron, además de tropas, el regreso del príncipe Pung, miembro de la familia real de Baekje, que había sido enviado como rehén en 651 y al que los líderes de la restauración entronizaron como rey en un nuevo Baekje. Por la época en que estos enviados habían llegado a Japón, los líderes de la corte deben haber sabido que se enfrentaban a una situación verdaderamente amenazadora. Sin duda, temían que Goguryeo también fuera eliminado, y que el mismo Japón pronto fuera amenazado por el poder Tàng. La emperatriz Saimei rápidamente dió el sorprendente paso de ir a Tsukushi para asumir el mando personal de la fuerza expedicionaria.

La emperatriz y otros miembros importantes de la corte (incluyendo el príncipe coronado y Kamatari) abandonaron la capital y marcharon a Tsukushi en el duodécimo mes de 660. Mientras, el emperador Tàng estaba haciendo planes para la invasión de Goguryeo. Poco después de la llegada a Kyūshū, la emperatriz recibió a los enviados japoneses que habían sido prevenidos para que dejaran Cháng’ān. No mucho después de este encuentro, la emperatriz murió. El príncipe Naka no Oe -hijo del emperador Jomei, cabeza del triunvirato que impulsó el golpe de 645 y que administró los asuntos de estado como príncipe coronado bajo tres soberanos- no vaciló ahora en ocupar el trono como emperador Tenji y acelerar la movilización para la guerra en apoyo de Baekje. Hacia el octavo mes de 661 se habían formado los ejércitos para la expedición, y antes de que pasara un mes, el príncipe Pung habían sido devuelto a Baekje. Probablemente, las primeras unidades militares fueron enviadas a Corea en torno a esta época, aunque el Nihon shoki dice que esto no ocurrió hasta el siguiente año, cuando el príncipe Pung fue instalado como nuevo rey de un restaurado Baekje. Mientras, el emperador Gāo Zōng había ordenado a sus tropas invadir Goguryeo desde el norte, habiendo pedido a Silla apoyar la operación con ejércitos y suministros. Entonces, súbitamente, durante el tercer mes de 662, las fuerzas Tàng se retiraron de Goguryeo, supuestamente para tratar con el movimiento de restauración de Baekje, que había ganado legitimidad a partir de la entronización de un nuevo rey, y ayudado por tropas y pertrechos japoneses. Durante varios meses antes de 662 los rebeldes habían incrementado su control sobre las áreas alrededor de la vieja capital de Baekje, y durante un tiempo fueron capaces de resistir contra los ejércitos de Silla y Tàng. Pero a principios de 663, los ataques de Silla se intensificaron, y el líder de la restauración en Baekje fue obligado a buscar más ayuda desde Japón, presentado algunos de los prisioneros Tàng como prueba de que sus ejércitos estaban librando un buena lucha. Japón ya había enviado miles de tropas, cantidades considerables de pertrechos, y una flota de 170 barcos. En el 5º mes de 663, se dice que Gāo Zōng había movilizado 1000.000 soldados para una campaña contra los recalcitrantes de Baekje y había ordenado al rey Munmu de Silla (661-681) que enviara ejércitos para atacar Baekje desde el este. Las tropas de Silla bajaron por el río Kum donde se unieron a las fuerzas Tàng, se libró una batalla naval en la desembocadura de aquel río, donde el comandante japonés, Echi no Takatsu murió, los chinos obtuvieron la victoria y el rey Pung tuvo que huir a Goguryeo. Desde entonces el imperio Tàng hizo de Baekje su base de operaciones para su intento de subyugar toda la península coreana. Esto fue un duro golpe para el emperador Tenji y Nakatomi no Kamatari, que presentaba nuevos peligros, tanto en el exterior como en casa.

Los chinos colocaron a un rey títere en Ungjin, la antigua capital, e hicieron todo lo posible para alentar a Baekje y a Silla a convertirse en componentes amistosos y cooperativos del imperio Tàng. Los reyes de los dos estados fueron requeridos para encontrarse y tomar votos de amistad. Después en 665 fueron reunidos de nuevo en Ungjin, donde adoraron a varias deidades juntos y aceptaron un poco de la sangre del otro. Durante el 9º mes de 665, llegó una segunda misión a Japón desde el Baekje bajo control Tàng. Esta, encabezada por un alto funcionario de la corte Tàng, y compuesta por 254 personas, presentó documentos formulados aceptablemente, por lo que se les permitió entrar en la capital donde fueron bien recibidos. No mucho después, Japón envió embajadores a la corte Tàng, la primera desde el colapso de Baekje en 663, con lo que se establecían las relaciones amistosas, no solo con Baekje, sino también con el imperio Tàng.

Pero en 667 el escenario político se oscureció de nuevo por la decisión de Gāo Zōng de intentar una vez más conquistar Goguryeo. Animado por las disensiones internas y por la probabilidad de una importante ayuda militar desde Baekje y Silla, los ejércitos Tàng cruzaron las fronteras en 667, rumbo a Pyongyang, su capital. Estos ejércitos tuvieron que retirarse, pero enviados de nuevo en 668 fueron colocados bajo el mando de un funcionario naval, Lin Jen-kuei, que había logrado rechazar a los barcos japoneses en la desembocadura del río Kum en 663. Los ataques coordinados de Tàng y Silla provocaron la caída de Pyongyang y el colapso de Goguryeo. Este reino había pedido ayuda militar a Japón por esta época, pero la corte japonesa había perdido el gusto por las intervenciones militares sobre la península coreana. Además, había hecho la paz con el régimen de ocupación de Baekje e incluso enviado una misión a la corte Táng. Antes de la llegada de la segunda misión de Goguryeo, habían llegado a Japón embajadores de Silla, que indicaban a los japoneses que tenían que aceptar a Baekje y Silla como parte integrante del expansionismo Tàng, y que no debían intentar responder a los requerimientos de Goguryeo de asistencia militar.




Las tres invasiones Tàng de la península de Corea durante la década de 660 -la primera, la acción militar conjunta con Silla contra Baekje en 660; la segunda, la destrucción de la restauración, apoyada por Japón, de Baekje; y la tercera, la conquista de Goguryeo en 668- provocó que los líderes japoneses se volvieran bastante frenéticos con la posibilidad de una invasión Tàng de Japón. Habiendo notado la atención a la defensa a principios de la década de 660, después de que hubiera alcanzado la corte la noticia sobre una alianza Silla-Tàng, no es sorprendente encontrar que ahora, siguiendo la ruta de las tropas navales y terrestres japonesas en 663, se dio mucha más atención a la tarea de reforzar la defensa. Se construyeron fuertes en Tsushima Iki (islas situadas entre la punta de Corea y Kyushu), y en lugares estratégicos en Kyushu nororiental. Junto a la línea fortificada se instalaron torres de agua mediante las que podía fácilmente transmitir la información sobre los movimientos del enemigo.

Después de 667, cuando los Tàng habían comenzado a organizar la acción militar conjunta contra Goguryeo y los japoneses se hallaban más perturbados que nunca sobre una posible invasión Tàng de su país, los preparativos para la defender Japón llegaron a ser febriles. Se construyeron fortalezas en posiciones estratégicas a lo largo del Mar Interior en el trayecto hacia la capital, así como el fuerte Takayasu, en una montaña cerca de la capital, en una posición en la que los defensores podían ver el avance enemigo sobre la capital desde el Mar Interior.

b) El Control Estatal

La introducción de avanzados métodos y técnicas  extranjeros se hace evidente en el campo militar, pero la corte de Tenji estaba adoptando también otros métodos continentales para incrementar el control estatal. Ya en 664, solo unos pocos meses después de la humillante derrota de Japón en Corea, el emperador Tenji ordenó a su hermano menor, el príncipe coronado Ōama (que se convertiría en el emperador Temmu): (1) revisar e incrementar el número de los rangos de la corte; (2) nombrar a los cabezas de clan y conceder espadas largas a los más fuertes, espadas pequeñas a los menos fuertes, y escudos y arcos a aquellos que también dirigían grupos ocupacionales; y (3) nombrar a los cabezas de grupos como kakibe yakabe.

La afirmación por parte de una crónica de que esta orden se llevó a acabo en 671, siete años más tarde, ha llevado a algunos historiadores a creer que no fue transmitida hasta ese año. Pero un estudio de la redacción y los contenidos de las dos referencias nos hace pensar que siete años podían haber sido requeridos para alienar nombramientos con estipendios y tangos apropiados, y que la orden de 664 fue un ambicioso intento para utilizar los modelos y expertos continentales para erigir un sistema jerárquico de fuerte control del estado.

El hecho de que la orden de Tenji fuera hecha efectiva en 671, el mismo año en que a muchos funcionarios de Baekje  le fueron concedidos altos rangos por servicios prestados en campos especiales de conocimiento, sugiere que este fue uno de los aspectos de un impulso multidireccional para construir un sistema de estilo continental más estricto. Los otros dos procesos entre 667 (cuando Tàng estaba presionando a Silla, para se le uniera en operaciones militares contra Goguryeo) y 672 (cuando estalló la guerra civil en Japón) hicieron de estos años un importante punto de inflexión en la historia japonesa: (1) el traslado de la capital de Ōtsu en la provincia de Ōmi, y (2) la entronización formal de Tenji como emperador en el primer mes de 668. Estos dos acontecimientos, así como los nuevos arreglos y la concesión de rango cortesano a los refugiados de Baekje, son vistos como subproductos de la actual preocupación por el peligro desde el extranjero.

La decisión de Tenji de construir su palacio fuera de la llanura de Nara, en una estrecha faja de terreno entre las montañas y la costa suroccidental del lago Biwa, se ha considerado por algunos historiadores como un paso requerido por el ascenso de un sentimiento cada vez más fuerte de descontento entre importantes clanes de la región de Asuka, donde había estado localizado el anterior palacio imperial. Pero pensamos que esta decisión, tomada inmediatamente después de los movimientos de Tàng y Silla contra Goguryeo, es una extensión del programa de choque para fortificar puntos estratégicos a lo largo del Mar Interior, y sobre las montañas con vistas sobre la llanura que se situa entre dicho Mar Interior y la capital Asuka. Para propósitos defensivos, la nueva capital de Ōtsu tenía dos ventajas: estaba bastante lejos de las costas de Naniwa, donde podrían desembarcar las fuerzas enemigas,y era conveniente para la comunicación por tierra con las provincias orientales y septentrionales de las que podían obtenerse un crucial apoyo militar.

Igualmente, la larga demora en la ceremonia de entronización de Tenji, que llegó después de haber gobernado ya durante seis años, se puede entender como resultado de evitar gastos innecesarios de tiempo y recursos, mientras se estaban dando pasos extraordinarios para reforzar las defensas del país contra una posible invasión. Programar la ceremonia de entronización en 668, después de que se hubiera construido y ocupado un nuevo palacio imperial, se consideró probablemente más útil para afirmar y santificar la autoridad imperial ante el peligro crítico, tanto interior como exterior.

c) La guerra civil de 672

Los orígenes del conflicto que estalló en una guerra civil durante el año 672 -impulsando así a un nuevo conjunto de líderes a posiciones de poder- se remonta al descontento despertado por los esfuerzos del emperador Tenji para construir un extenso sistema defensivo y al incidente de Arima de 658. Las viejas rivalidades de clan, a menudo enfatizadas por los intentos de los líderes Soga por recuperar las posiciones de control que una vez habían disfrutado, se hacían evidentes en cada etapa sucesiva de perturbación. Pero el descontento y la rivalidad no estallaron en guerra civil hasta que los poderosos grupos llegaron a estar divididos sobre la cuestión de quien debería ser el siguiente emperador.

Tenji y su corte habían decidido en 664 que debería ser sucedido por su joven hermano, el príncipe Ōama, que fue nombrado entonces príncipe coronado y más tarde se convirtió en el emperador Temmu. Pero antes de su entronización formal, Tenji cambió de parecer, llegando a preferir al príncipe Ōtomo, su hijo favorito, tenido con una amada cortesana. Tal vez fue el cambio de opinión de Tenji lo que causó que el hermano menor, el príncipe coronado y futuro emperador Temmu, hiciera una escena en una fiesta, celebrada en el nuevo palacio de Ōtsu durante 668, al agarrar de repente una lanza y golpearla contra el suelo. El relato del Kaden sobre el incidente afirma que solo la intervención de Kamatari evitó más violencia.

Durante los tres años siguientes la discordia entre los dos hermanos no desembocó en ruptura abierta. Pero en 671, dos años después de la muerte de Kamatari, Tenji reveló sus auténticas intenciones al hacer los nombramientos ministeriales de acuerdo con los nuevos ajustes administrativos. Para sorpresa de nadie, designó a Soga no Akae (importante en el incidente de Arima de 658) como ministro de la izquierda, y a Nakatomi no Kane (hermano de Kamatari) como ministro de la derecha. Pero para disgusto del príncipe heredero nombró la príncipe Ōtomo (su hijo favorito) para el cargo de canciller, el más alto puesto ministerial de todos. El príncipe supo que bajo las condiciones del nuevo código administrativo, un canciller tenía que se un hijo imperial actuando como regente (sessho) por el emperador. Así que este nombramiento dejaba pocas dudas de que Tenji estaba planeando ser sucedido por el príncipe Ōtomo, no por el príncipe coronado.

En el décimo mes de ese año, el emperador Tenji cayó enfermó y, de acuerdo con el Nihon shoki, llamó al príncipe coronado a su lecho y le dijo: "Todos los asuntos se dejarán en adelante en tus manos". Pero se dice que el príncipe heredero objetó por problemas de salud y recomendó que los asuntos de estado se entregaran a la emperatriz consorte y al príncipe Ōtomo. Finalmente, también se informa, de que había pedido permiso para recluirse en las montañas Yoshino, para dedicarse al budismo. Al parecer, Tenji estuvo de acuerdo con ambas peticiones, después de lo cual, acompañado por sus servidores y miembros inmediatos de su familia, dejó la capital.

Unos pocos días antes de la muerte del emperador, el principe Ōtomo y los ministros juraron, frente a la figura de Buda, obedecer los mandatos del emperador que posiblemente incluían la orde de que el príncipe Ōtomo, y no el príncipe coronado, fuera entronizado como el siguiente emperador. Aunque el Nihon shoki presenta la visión oficial de que el reinado de Temmu comienza tan pronto como finaliza el Tenji, muestra que pasaron diez meses (incluyendo los dos de combates militares) antes de que Temmu consiguiera regresar a la capital y tomar las riendas del gobierno. Por tanto, la cobertura de la crónica de esos meses tiene un extraño estilo: trata al finalmente exitoso príncipe (Temmu) como el emperador (Tennō) que estaba luchando por una causa justa desde el fuera de la capital de Ōtsu, mientras que se refiere al definitivamente fracasado príncipe (Ōtomo) y sus seguidores como personas "en la capital" (miyako).

Los eruditos han estudiado los indicios disponibles para determinar quien era realmente el emperador antes de la victoria militar de Temmu en el décimo mes de 672. Los historiadores Mito que compilaron el Dai nihon shi entre 1657 y 1906 decidieron que el príncipe Ōtomo había sido entronizado y que, por tanto, él era el emperador de Japón durante este periodo de diez meses. Más tarde, uno de los primeros historiadores modernos, el famoso Ban Nobutomo (1775-1846) tomó la misma posición. y luego, en 1870, el príncipe Ōtomo fue nombrado a título póstumo, emperador Kōbun. Así que las cronologías imperiales enumeran el reinado de Kōbun antes que el de Temmu. Pero aún no existen pruebas de que el príncipe Ōtomo hubiera sido entronizado formalmente. Algunos historiadores creen que la emperatriz consorte de Tenji fue colocada sobre el trono y que el príncipe Ōtomo, como heredero designado, manejó los asuntos de estado en su nombre, justo como Temmu había recomendado. Pero probablemente nadie ocupó el trono durante esos meses de trastornos, en cualquier caso, Otomo habría manejado los asuntos de estado como canciller.

El estallido de la guerra llegó en el sexto mes de 672, cuando Temmu emprendió una marcha hacia la capital desde su retiro de las montañas Yoshino, pasando por las provincias orientales de Iga Ise, para recabar apoyos militares de sus gobernadores. Al mismo tiempo ordenaba cortar el camino de Fuwa, que llevaba a la capital, con la intención de prevenir la salida de tropas que pudieran enviarse en su contra. Al principio, Temmu solo recibió pequeñas bandas de soldados en su apoyo, pero sus perspectivas pronto brillaron cuando el gobernador de Ise le envió 500 soldados  para cerrar el paso de Suzuka por el que Temmu podría ser perseguido desde la capital. Luego, los gobernadores de las otras provincias orientales (Owari Mino, y posiblemente Shinano Kai) se le unieron, permitiendo a Temmu pasar de la defensa al ataque a comienzos del séptimo mes. Mientras, el príncipe Otomo, comprendiendo que Temmu había cortado sus líneas al este y al norte, y estaba obteniendo apoyo de los líderes de esas regiones, marchó para obtener tropas de áreas en el oeste y el sur. Pero los gobernadores de Kibi Tsukushi se negaron a cooperar, posiblemente porque no veían posibilidad de derrotar a Temmu y sus partidarios del norte y este. Pero la excusa que utilizó el gobernador de Tsukushi fue que si entregaba tropas la provincia quedaría indefensa frente a una eventual invasión exterior, lo que nos indica la importancia que tenía la situación con el exterior, incluso e periodos de luchas internas.


El ataque final contra la capital fue realizado por dos de los ejércitos de Temmu. Uno, cruzando las montañas hacia el interior de Yamato desde Ise y otro bajando desde Fuwa a la capital. En este punto, el príncipe Ōtomo cometió suicidio; su ministro de la derecha fue ejecutado; otros funcionarios y sus herederos fueron enviados al exilio; y Temmu, ahora verdaderamente el emperador, se trasladó al nuevo palacio (el Kiyōmihara Asuka) en Yamato. Desde una nueva base de poder, totalmente diferente, Temmu y sus seguidores cambiaron el curso de la historia en una nueva dirección: hacia el desarrollo de un imperium conocido como el estado Nara.

El inicio del reinado de Temmu supone el comienzo de una primera ola de cambios, consistentes en la creación de un imperium fuerte y centralizado, que tendría su manifestación material en la construcción de una nueva capital, Nara, que daría nombre a un nuevo periodo histórico. Por tanto, sería más correcto hacer coincidir el inicio del periodo Nara con el del reinado de Temmu, aunque tradicionalmente se viene situando en 710, año en el que se concluyó la nueva capital.

Emperadores de Japón durante el periodo Asuka



BIBLIOGRAFÍA:

INOUE MITSUSADA y DELMER BROWN: The Century of reform. Capitulo 3 del Volumen I de la Cambridge History of Japan: Ancient Japan. 1993

martes, 26 de noviembre de 2019

Las Dinastías musulmanas de Yemen (II): El Periodo de dominación ayyubí (1174-1229)

1. La situación política en Egipto y Siria en la época de la conquista

En la década de 1160 el Egipto fatimí se encontraba en su situación más débil. El joven califa al-‛Ādil, en manos de los todopoderosos visires, apenas tenía poder en el interior del país. Al mismo tiempo, Egipto se veía enfrentado a las dos potencias militares del momento en el próximo Oriente: por una parte, los Cruzados del Reino de Jerusalén, y por otra Nūr al-Dīn Mahmūd, el gobernante zangí de Alepo (1146-1174) y Damasco (1154-1174), y malik (rey) desde 1173, el cual se había marcado como objetivo expulsar a los cristianos de Palestina y conquistar toda Siria. En medio de esta disputa, el visir egipcio Shawar intentaba sobrevivir, aliándose con una u otra parte. Después de diversas invasiones kurdas sobre Egipto, favorecidas por Nūr al-Dīn, que fueron rechazadas gracias a la ayuda del rey Amaury de Jerusalén (1163-1174), éste último traicionó a su aliado e intentó conquistar para sí Egipto, lo que obligó al visir fatimí a cambiar su alianza de nuevo. Nūr al-Dīn envió a su comandante As‛ad al-Din Shirkūh y a su joven sobrino, Salāh al-Dīn Yūsuf (conocido por el mundo occidental como Saladino), quienes después de pactar la paz con Amaury se hicieron dueños de Egipto, y mandaron ejecutar al visir Shawar. El Califa al-‛Ādil, obligado por las circunstancias nombró nuevo visir a Shirkūh, y al morir este en 1169, fue elegido en su lugar Saladino, dándose la paradoja de que tenía por señores a un califa shī’í por una parte, y por otro a un sultán sunní. 



Después de reorganizar las tropas fatimíes, sustituyendo a los soldados maghribíes por kurdos y sirios, consiguió moldear un ejército afecto a su persona y más efectivo que el anterior. Después de eso ya no se produjeron revueltas contra él. Salāh al-Dīn continuó afianzando su poder en Egipto, mientras que Nūr al-Dīn pudo comprobar que su antiguo subordinado escapaba de su control y tendía hacia una independencia, cosa que se comprobó cuando Salāh al-Dīn, al morir al-‛Ādil abolió el califato fatimí y Egipto se convirtió de nuevo en un estado sunní, realizando la oración del viernes nombre del califa ‛abbāsí de Bagdad. Aunque virtualmente el sultán de Siria era el soberano de Salāh al-Dīn, en la práctica éste gozaba de independencia plena. Para reforzar su poder se rodeó de los miembros de su familia, entre los que repartió cargos y concesiones de tierras. Entre ellos se encontraba el hermano mayor de Saladino, Tūrān-Shāh, el futuro conquistador de Yemen.

2. La carrera de Tūrān-Shāh

Shams al-Dīn Tūrān-Shāh al-Mu‛azzam fue enviado por Nūr al-Dīn, a requerimiento de Saladino. Llegó a Egipto a finales de julio de 1169, unos cinco meses después de que su hermano menor hubiera llegado a la jefatura del gobierno allí. Más tarde, en el mismo mes, Tūrān-Shāh jugó un papel crítico en la supresión de la rebelión de las tropas fātimíes sudanesas que amenazaban con derribar el gobierno de Salāh al-Dīn. Al año siguiente, después de la llegada de su padre, Ayyūb, Salāh al-Dīn asignó iqta’s (concesión, a largo plazo o permanente, de los ingresos de una determinada propiedad, a cambio de los servicios prestados, pero sin autoridad sobre los habitantes) a los miembros de su familia. A Tūrān-Shāh le concedió las ciudades de Qūs Aswān, en la frontera meridional egipcia, y ‘Aidhāb, puerto del Mar Rojo meridional de Egipto para quienes navegaban a Jidda, Yemen e India. Por tanto, fue hecho goberandor del Alto Egipto con responsabilidad para la defensa de esa región. Tūrān-Shāh fue a Qūs, centro administrativo del Alto Egipto, pero pronto regresó a el Cairo. Dejó a Shāms al-Khilāfa Muhammad b. Mukhtar como vicegobernador en Qūs.

Al año siguiente, de febrero a mayo de 1171, Tūrān-Shāh estaba de nuevo en el Alto Egipto, haciendo incursiones sobre los árabes de la región. Luego, regresó a El Cairo. En ese año también se le concedieron iqtas’s adicionales, que incluían Būsh en el Alto Egipto, y Jiza, así como una provincia en el Delta y otros lugares; ahora estaba a cargo de todo Egipto al sur de El Cairo.

En el invierno de 1172-1173 Tūrān-Shāh lanzó incursiones más allá de la frontera egipcia en Nubia, hasta la ciudad cristiana de Ibūm, con carácter defensivo, y una gran masa de negros y esclavos habían entrado en Egipto y saqueado Aswān. Se envió un ejército desde El Cairo que les infligió grandes pérdidas, aunque también hubo bajas en el bando egipcio. El informe de su comandante impulsó a Salāh al-Dīn a enviar a Tūrān-Shāh cuya iqta era la afectada con una gran tropa para eliminar el peligro. Tūrān-Shāh siguió el camino de los nubios que se retiraban hasta Ibrim, que tomó y saqueó. Luegro regresó a Qūs. Un amīr kurdo fue dejado con una guarnición de battālūn kurdos (término que desgina tropa sin iqta’, o bien veteranos minusválidos o voluntarios por cuenta propia), que mantuvieron la ciudad durante dos años, regresando solo cuando su comandante se ahogó accidentalmente. También en 1172 partió la primera expedición ayyubí al Maghrīb, bajo el mando de Bahā’l-Dīn Qārāqūsh, mameluco del sobrino de Saladino, Taqī al-Dīn Umar. Y por fin, en 1173-1174 es cuando se inicia la empresa de la invasión de Yemen.

3. Motivaciones para la conquista

Las motivaciones de la conquista ayyubí pueden ser descritas como sigue: el hermano mayor de Saladino (Salah al-Din), Tūrān-Shāh, aunque recibía las rentas de todo el alto Egipto, así como de otros lugares en el Delta, no podía cubrir gastos con sus ingresos. Sus dificultades financiera pueden haber sido creadas por su extravagante nivel de vida, o por su generosidad con poetas y eruditos; pero también puede haber sido resultado de tener más tropas que dependían de él de lo que podía mantener. En este periodo, el poeta ‘Umāra, nativo de Yemen, se había unido a Tūrān-Shāh y le habló en verso y en prosa de la riqueza de Yemen y la facilidad con que podía ser conquistado. Se dice que el motivo de ‘Umāra había sido quitar de enmedio a Tūrān-Shāh y sus tropas de Egipto como parte de una conspiración para restaurar el gobienro fatimí. Si eso es cierto o no resulta irrelevante para el problema de los motivos ayyubíes, especialmente desde que la atención de Tūrān-Shāh se volvió hacia Yemen por una invitación de los gobernantes sulaymaníes de la Tihāmah septentrional pidiéndole ir allí para suprimir al agresivo estado revolucionario mahdí en Zabīd. La conquista de Yemen parecía ofrecer una solución a los problemas financieros de Tūrān-Shāh a causa de los ingresos efectivos que el país podía esperar producir y también debido a que algunas tropas excedentes de Tūrān-Shāh podían establecerse allí.

No fue por casualidad que fuera a Tūrān-Shāh a quien ‘Umāra intentara incitar a la conquista de Yemen, o al que los Sulaymaníes enviaran su petición de ayuda, pues como gobernador del Alto Egipto, Tūrān-Shāh era la figura natural para emprender un ataque sobre Yemen. La ruta principal desde Egipto pasaba a través de Qūs y ‘Aidhab estando ambas entre las iqta’s de Tūrān-Shāh. Por tanto, el Alto Egipto era, en cierto sentido, la frontera yemení de Egipto. Una expedición a Yemen entraría en la esfera legítima de Tūrān-Shāh, de igual modo que su sobrino Taqī’ al-Dīn ‘Umar estaría a cargo de la expedición ayyubí al norte de África, a la cual partió desde su iqta’ al-Buhaira en el límite occidental del Delta. Además, incluso si la invitación sulaymāní hubiera sido dirigida a Saladino, la posesión de Tūrān-Shāh de Qūs le habría capacitado a él o a sus agentes para interceptar sus mensajes ya actuar antes de que alcanzaran El Cairo.

Por tanto, Tūrān-Shāh consultó con sus oficiales y consejeros y con su apoyo decidió emprender la expedición a Yemen. Hizo sus preparativos y luego informó a su hermano. Aunque Saladino se enfrentaba a inminentes amenazas militares, internas y externas, su inteligencia, su previsión y la magnitud de su ejército, parece haberle asegurado que podía tratar con esos peligros y todavía tener tropas de sobra para Yemen. Su problema prioritario, más bien era, al parecer, financiero, resultante en gran medida, de haber acumulado un ejército más grande de lo que Egipto podía mantener. Él ya había reducido su ejército, en cierto modo, al permitir a Taqī’ al-Dīn enviar tropas al norte de África, pero esta reducción, al parecer, no había sido suficiente. La expedición propuesta por Tūrān-Shāh, por tanto, no solo era bien recibida por Saladino sino incluso animada por él con un gran contingente de sus propias tropas y con el desembolso por adelantado de las rentas de un año de las iqtas’s del Alto Egipto de Tūrān-Shāh. Ya que la importancia de Yemen en esta época era mínima para Egipto, la complacencia en invertir tropas y dinero en la invasión puede explicarse a un nivel material solo por su necesidad de encontrar empleo productivo para tropas innecesarias cuyo mantenimeinto era, por el contrario, una carga para su tesoro.

Si el propósito esencial de la invasión ayyubí de Yemen era el alivio de las dificultades financieras de Egipto, entonces el idealismo o la ambición personal se vuelven irrelevantes, pero esto no necesariamente excluye a cualquera de estos motivos como elementos de la decisión. La extirpación de los enemigos mahdíes del Islam sunní abbasí bien pudo haberse tomado como unfin deseable por los ayyubíes, mientras que, por otra parte, no sería sorprendente si Tūrān-Shāh saboreaba el prestigio que sería suyo com conquistador y gobernante de Yemen. La existencia de ambos motivos humanos pueden suponerse pero no pueden demostrarse o desaprobarse objetivamente.

4. Tūrān-Shāh en Yemen

a) Las conquistas iniciales (1174-1176)

Tūrān-Shāh y su ejército dejaron El Cairo en febrero de 1174. Viajaron por tierra pero fueron acomopañados por una flota que transportaba su equipo y provisiones. Posiblemente, su ruta fue Nilo arriba hasta Qūs, donde la flota había sido dejada atrás cuando la expedición cruzó el desierto hasta ‘Aidhāb. Hipotéticamente es posible que Tūrān-Shāh hiciera su ruta a través de Aila y Arabia occidental, mientras que la flota dejaba Qulzum, en la cabeza del Golfo de Suez y surcaba el Mar Rojo hacia el sur para encontrarse con él en Jidda; pero la ruta a Yemen vía Qūs era mucho más habitual en esta época, mientras que las ruta de Qulzum y Aila habían sido casi olvidadas. Además, la ruta a través de Qūs habría posibilitado a Tūrān-Shāh y sus tropas recaudar las rentas de las iqtā’s altoegipcias antes de dejar Egipto.

Desde ‘Aidhāb Tūrān-Shāh había cruzado el Mar Rojo, probablemente hasta Jidda. Visitó La Meca y sus Santos Lugares antes de partir en la última etapa de su viaje. A continuación, desde La Meca viajó por tierra hacia Zabīd. En Harad, en las tierras de los sharifs Sulaymaníes, Tūrān-Shāh se encontró con el sharif Qāsim b. Ghānim, que le había pedido que fuera a Yemen.

Los dos dejaron Harad con sus tropas a principios de mayo de 1174 y llegaron a Zabīd el 12 de mayo. Al día siguiente tuvo lugar una batalla fuera de la ciudad. Las tropas de ‘Abd an-Nabī no fueron capaces de parar el ataque ayyubí, y huyeron de la ciudad. A la mañana sigueitne, los hombres de Tūrān-Shāh encontraron los muros de la ciudad sin defensa. Utilizando escalas, entraron, tomaron y saquearon la ciudad. ‘Abd an-Nabī, sus hermanos y su harén (haram) fueron tomados prisioneros.

El día 18 Qāsim dejó Zabīd para ir a su propio país. Tūrān-Shāh instituyó la khutba en Zabīd por el califa ‘abbāsí y por Salāh al-Dīn y Nūr al-Dīn. A comienzos del mes siguiente (mayo-principios de junio), se dirigió a Ta‘izz, parte de los dominios mahdíes, y la tomó sin oposición. Atacó Sabir Dhakhir, fortalezas satélites de Ta‘izz, pero no consiguió nada contra ellas en este momento. También ocupó ocupó al-Janad, que era parte de las posesiones de ‘Abd an-Nabī.

Luego Tūrān-Shāh procedió a atacar ‘Aden. Su gobernante Yāsir b. Bilāl, el mameluco etíope de los zuray‘íes salió a recibirlo en batalla (21 de junio). Fue derrotado, y elementos de las tropas de Tūrān-Shāh pudieron entrar por las puertas de la ciudad antes que Yāsir. De acuerdo con Ibn al-Athīr, Tūrān-Shāh no hubiera podido tomar ‘Aden si Yāsir no hubiera cometido el error de salir a combatirle. Yāsir fue cogido prisionero, pero Ibn Hātim probablemente se equivoca cuando dice que los hijos del zuray‘í ‘Imrām también fueron capturados, pues, estaban, al parecer, en al-Dumluwa por esta época. De acuerdo con Ibn Hātim, Tūrān-Shāh no permitió a sus tropas que saquearan el país, pero entra en contradicción en esto con su fuente, Imād al-Dīn.

A mediados de julio Tūrān-Shāh partió de ‘Aden y fue a Mikhlaf Ja‘far. Allí negoció por al-Ta‘kar, con sus amos, los Banū’z-Zarr; tomó posesión de esta fortaleza y de Dhū Jibla, debajo de ella, el 25 de julio. En este punto asegura de manera sustancial su control de Zabīd y ‘Aden y la ruta entre ellas; su posesión de Ta‘kar y Dhū Jibla proporcionó un punto de inicio en el camino de San‘ā’ y las tierras altas. Avanzó hasta Naqīl Said el 30 de julio. Acampó al día siguiente ante Darwān, en posesión de ‘Abd Allāh b. Yahyā al-Janbī, que opuso una feroz resistencia pero finalmente capituló e hizo una tregua con Tūrān-Shāh el 3 de agosto de 1174. Luego, Tūrān-Shāh le quitó la fortaleza de al-Masna‘a al shaykh Muhammad b. Sā‘īd (b. ‘Amr b. ‘Arfata) al-Janbī.

De ningún modo Janb quedó bajo control, en su totalidad, con la sumisión de estas dos figuras. El 10 de agosto Tūrān-Shāh se vió enfrentado a los Janbíes cerca de Dhamar. La resistencia árabe fue feroz, dando por resultado la muerte de 65 hombres de Tūrān-Shāh, pero consiguió entrar en la ciudad. Se quedó en Dhamār unos pocos días y luego partió hacia San‘ā’. No lejos de Dhamār se enfrentó de nuevo a los Janbīs. Esta vez las tropas ayyūbíes, que quizá habían estado confiadas como resultado de su serie de victorias, al parecer; permanecían en estado de alerta por sus pérdidas unos pocos días antes. Tūrān-Shāh, según las noticias, les reprendió diciendo “¡luchad por vosotros mismos, o los árabes os comerán!” Como resultado, en este segundo encuentro con los Janbíes, estos fueron puestos en fuga y buscaron refugio en la ciudadela de Hirrām, más arriba de Dhamār. El número de sus muertos ascendió, según los historiadores, a 700.

Cuando Tūrān-Shāh se aproximaba a San‘ā’, los Hātimíes abandonaron la ciudad el 17 de agosto, y se retiraron a Barāsh y otras fortalezas de montaña. De acuerdo con Ibn Hātim, Tūrān-Shāh llegó a San‘ā’ al día siguente y acampó al sur de la ciudad. Ocho jinetes hamdaníes se encontraban cerca del campamento; tres de ellos fueron asesinados, pero el resto escapó. Por otra parte, la estancia de Tūrān-Shāh transcurrió sin incidentes; Ibn Hātim dice que la tradición (arriwāya) discrepa sobre sí Tūrān-Shāh entró realmente en la ciudad o no, pero en cualquier caso no tomó el control de ella. Partió al amanecer el 23 de agosto. Ibn Abī Tayy dice que San‘ā’ había sido quemada, y que cuando Tūrān-Shāh entró solo encontró una pareja de ancianos, y después de ocho días tuvo que abandonarla por falta de provisiones. De acuerdo con el relato mas divergente, dado por primera vez por Ibn Abd al-Majīd, Tūrān-Shāh llegó a Sana y ocupó la ciudad por lo que quedaba de mes, emprendiente alguna construcción. Luego, regresó para tomar Ta‘izz y otros lugares.

Tan pronto como partió Tūrān-Shāh, ‘Alī b. Hātim regresó para tomar el control de San‘ā’. Según Ibn Hātim, ‘Alī, anticipándose a la llegada de Tūrān-Shāh, habría comenzado a demoler la ciudadela (darb) de San‘ā’, pero no pudo terminar el trabajo antes de que tuviera que dejar la ciudad. Cuando Tūrān-Shāh llegó, alguna gente de la ciudad le pidieron que restaurara la ciudadela, que habría sufrido por negligencia, así como por la demolición de ‘Alī. Cuando este último recuperó la ciudad, temió que Tūrān-Shāh regresara y, por tanto, ordenó que la estructura fuera completamente destruida; los muros fueron derribados y el foso rellenado.

Mientras tanto, Tūrān-Shāh estaba volviendo a Zabīd. Su ruta partía del camino principal desde San‘ā’ unos 17 kms al sur de la ciudad, para cruzar Naqīl al-Saud a la cabeza de Wādī Sihām. Al parecer, la retaguardia del ejército fue atacado por las tribus occidentales Shihab Sanhan. Aunque se perdieron muchos soldados, Tūrān-Shāh no volvió, sino que continuó su camino. Luego, en Jabal Bura’, donde el Wādī Sihām desemboca en la Tihāmah, Tūrān-Shāh fue emboscado de nuevo por las tribus locales, que capturaron muchos camellos del tren de bagajes, cargado con equipo militar venido de Egipto y con el botín de Zabīd y ‘Aden.

Por tanto, el intento de Tūrān-Shāh de tomar San‘ā’, no solo resultó infructuoso, sino que tuvo serias pérdidas. Si de verdad su razón para dejar la ciudad fue su falta de provisiones, como dice Ibn Abī Tayy, entonces debe atribuirse el mérito a ‘Alī b. Hātim por su decisión de evacuar la ciudad y abandonar San‘ā’. Posiblemente había llevado con él a las fortalezas de montañas tanto alimentos disponibles en la ciudad y la región como pudo gestionar. Incluso es posible que quemara la ciudad, como afirma Ibn Abī Tayy. Por otra parte, Tūrān-Shāh esperaba encontrar, con bastante probabilidad, la ciudad defendida y abastecida con provisiones en previsión de un asedio. Bien puede haber llevado pocos suministros son él, en la suposición de que sería facíl de superar la resistencia de los Hatimíes, tanto como la de los habitantes de Zabīd y ‘Aden, y que, por tanto, podría dar suministros a sus tropas del botín que consiguiera de la ciudad. Su suposición fue probablemente correcta, excepto en que ‘Alī, sabiamente, no intentó resistir directamente. Si este punto de vista es correcto, entonces la inesperada dureza con la que se encontró Tūrān-Shāh puede explicar su determinación de alcanzar Zabīd tan rápido como fuera posible, sin importar sus pérdidas en hombres y equipo en el camino. Tūrān-Shāh no hizo más intentos por conquistar San‘ā’ o cualquiera de las Tierras Altas. Parece probable que aquellos puntos por encima de Naqīl Said que había conquistado previamente que revirtieran a su anterior independencia, pues no designó gobernadores en esa región cuando abandonó Yemen; pero existen indicios circunstanciales de que al menos algunos de los Janbíes le pagaron alguna forma de tributo. Permaneció en Zabīd hasta diciembre de 1174. Luego partió hacía al-Janad para confirmar el control de su región. Allí, el gobernador de ‘Abd an-Nabī en Sabir fue al encuentro de Tūrān-Shāh y le entregó el control de la fortaleza. Luego, Tūrān-Shāh acampó abajo de Dhakhir, al oeste de Ta‘izz. Su dueño, ‘Alī al-Hajjaj, pariente por matrimonio de ‘Abd an-Nabī, consiguió negociar la rendición del baluarte y la entrega del tesoro de éste (valorado en 10.000 dinares) a cambio de su libertad. Antes de esto, otras dos fortalezas, aún sin identificar, habían sido tomadas.

Entonces, Tūrān-Shāh se trasladó al sur, a Ma‘afir, región montañosa entre Ta‘izz y llanura costera de ‘Aden. Al parecer, esta región aún estaba controlada por representantes de los zuray‘íes. Allí capturó Hisn Yumain, poseida por el zuray‘í Mansūr b. Muhammad b. Saba’, hermano del amir ‘Imrām; la guarnición de la fortaleza abandonó a su señor a su destino. Las fortalezas de Munīf as-Samadān se tomaron a continuación. Hisn as-Sawā’ no fue atacada, pero se confirmó en la posesión a un individuo llamado Ibn as-Sabā’í, que descendía de un gobernador árabe nombrado allí por ‘Alī b. Muhammad al-Sulayhí. Luego, Tūrān-Shāh acampó bajo al-Dumluwa, que era mantenida por Jawhar al-Mu‘azzam como guardián de los hijos del zuray‘í ‘Imrām b. Muhammad. Tūrān-Shāh intentó bombardear el fuerte con catapultas, pero la disposición de la tierra lo colocaba más alto de su alcance. Por lo tanto, hizo la paz con Jawhar con la condición de un pago “trivial” de las rentas de las tierras bajo su dominio.

Así finalizaron las conquistas de Tūrān-Shāh en Yemen hasta donde son registradas. Puso bajo control ayyubí solo la parte suroccidental de Yemen: Zabīd, ‘Aden y las montañas de Ta‘izz que controlaban las comunicaciones entre las dos ciudades anteriores. Tūrān-Shāh regresó a Dhū Jibla, donde permaneció hasta el 28 de febrero de 1175. A primeros de marzo llegó a Zabīd. Más tarde, fue a ‘Aden de nuevo, en octubre o noviembre de 1175, y más tarde, parece, a Dhū ‘Udaina, un suburbio de Ta‘izz, en enero-febrero de 1176. En ese último mes dejó al-Janad para ir a Siria.  

Itinerario de la conquista de Yemen por Tūrān-Shāh (1174-1175)


b) Las ejecuciones de ‘Abd an-Nabī y Yāsir b. Bilāl

Antes de que Tūrān-Shāh dejara Yemen, tanto ‘Abd an-Nabī como Yāsir b. Bilāl, habían sido ejecutados, pero en ningún caso es posible establecer con mucha seguridad las circunstancias, época o razón, debido a la divergencia de las fuentes. Para ‘Abd an-Nabī las versiones más consistentes son proporcionadas por ‘Imād al-Dīn e Ibn Hātim. De acuerdo con este último, ‘Abd an-Nabī y sus dos hermanos, Ahmad Yahyā fueron ejecutados el 1 de febrero de 1175, por orden de Tūrān-Shāh, debido a las noticias que le llegaron durante su ausencia en al-Ma‘afir o Dhū Jibla, de disturbios en la Tihāmah. Imād al-Din dice que ‘Abd an-Nabī fue ejecutado durante la ausencia de Tūrān-Shāh por al-Mubārak, gobernador de Zabīd, porque pensaba que su gobierno en Tihamah estaba en peligro; Ibn Abī Tayy, que al parecer usaba a ‘Imād al-Dīn, añade que Tūrān-Shāh estaba en San‘ā’ en esa época, y que ratificó la acción de al-Mubārak después de su regreso. Si podemos aceptar que Ibn Abī Tayy, o su fuente, estaban mal informados sobre el paradero de Tūrān-Shāh en la época de la muerte de ‘Abd an-Nabī, el conflicto implícito en las fechas entre los dos relatos desaparece. Sigue quedando la cuestión de si al-Mubārak actuó por propia iniciativa o por orden de Tūrān-Shāh, pero este problema es, más bien, trivial. El hecho importante que resulta de ambos relatos es que la ejecución de los Mahdíes fue una respuesta a un peligro concreto, al parecer, para el gobierno ayyubí en la Tihāmah. Se pude conjeturar que éste fue un levantamiento árabe en la Tihāmah en nombre de los mahdíes. Si así fuera, la ejecución de estos eliminó el peligro, pues Tūrān-Shāh no regresó a Zabīd hasta un mes más tarde.

Las informaciones sobre la muerte de Yāsir son igualmente divergentes, excepto en que todas están de acuerdo con que su ejecución tuvo lugar en torno a la época de la partida de Tūrān-Shāh en 1176. El relato más circunstancial lo proporciona Ibn Abī Tayy, que transmite una historia por la cual, Yāsir era odiado por un pariente político suyo, un cierto ‘Abbās. Cuando se conoció la intención de Tūrān-Shāh de dejar Yemen, este ‘Abbās falsificó una carta con la escritura de Yāsir con una imitación de su sello. La carta estaba dirigida a Zayd b. ‘Amr b. Hātim, gobernante de San‘ā’ y le decía que retuviera su tributo y regalos, porque Tūrān-Shāh estaba yéndose por su incapacidad para controlar Yemen. Luego, ‘Abbās hizo que esta carta cayera en manos de Tūrān-Shāh, cuando este estaba asediando la fortaleza de al-Khadrā’. Tūrān-Shāh convocó a Yāsir ante él, y le reprochó su traición después de haberle tratado con respeto y permitido retener la posesión de sus tierras. Aunque Yāsir juró que no sabía nada sobre la carta, no le creyó y fue ejecutado en el instante.

La historia presenta muchas incongruencias. Según otras versiones Yāsir consiguió escapar tras su derrota y buscó refugio con Jahwar en al-Dumluwa. Más tarde dejó este santuario y llegó a Dhū ‘Udaina disfrazado, con su mameluco Miftāh as-Sudasī. Alli fue reconocido por un miembro de la corte y arrestado. Cuando Tūrān-Shāh tuvo noticias de esto, mandó colgarle y a otros con él. Al-Janadi, en lugar de esto,  dice que Yāsir y Miftāh fueron ejecutados por tausit, siendo cortados por la cintura. Su muerte fue en 1176. Ante la variedad de relatos, la única conclusión a la que puede llegarse es que Yāsir fue ejecutado justo cuando Tūrān-Shāh se estaba preparando para abandonar Yemen. Pudo haber muerto en Dhū ‘Udaina y su esclavo as-Sudasī pudo haber sido ejecutado con él, así como otros, y puede conjeturarse que Yāsir hubiera intentado subvertir el control ayyūbi.

c) La partida de Tūrān-Shāh hacia Siria

Sobre la explicación de por qué Tūrān-Shāh dejó Yemen, cada autor da su versión: ver a su hermano de nuevo, participar en la conquista de Siria, el desagrado de estar en Yemen, etc, pero todas parecen irrelevantes por la afirmación de ‘Imād al-Dīn de que, cuando Salāh al-Dīn tomó Damasco, escribió a su hermano a Yemen expresando su deseo de reunirse con él, y así lo hizo Tūrān-Shāh en 1176. Salāh al-Dīn parece haber estado muy contento de ver a su hermano de nuevo, y no mucho después de su reunión le nombró gobernador de Damasco. De hecho, parece probable que Salāh al-Dīn volviera a llamar a su hermano a Siria, para ayudarle en su conquista y gobierno, del mismo modo que unos años antes, cuando había pedido a Nūr al-dīn que le enviara a Egipto, pues el hermano mayor de Salāh al-dīn era, al menos en esa época, era uno de sus consejeros más leales, de confianza y experimentado. Por tanto, Tūrān-Shāh partió de al-Janad en enero-febrero de 1176, después de distribuir favores y dinero a su tropa. Llegó a Damasco el 19 de abril y se encontró con su hermano en Hamāh el 10 de agosto de 1176. Yemen fue dejada en manos de cuatro gobernadores autónomos.

5. Los gobernadores de Turan-Shah: Interregno (1176-1184)

Cuando Tūrān-Shāh dejó Yemen, no dejó todos sus territorios en manos de un solo gobernador con autoridad general. Sin duda, preveía que tal concentración de poder en un solo individuo podría capacitarle para afirmar su independencia y resistir los esfuerzos para desposeerlo. En lugar de eso, Tūrān-Shāh dividió sus posesiones entre cuatro gobernadores o representantes (nā‘ibs), cada uno a cargo de una región específica. En ‘Aden nombró a ‘Izz al-Dīn Abū ‘Amr ‘Uthmān b. ‘Alī az-Zanjarī, que había sido gobernador desde 1174. La fortaleza de al-Ta‘kar, la ciudad de Dhū Jibla debajo de ella y Mikhlaf Ja‘far fueron asignadas a uno de los mamelucos, Muzaffar al-Dīn Qāymāz. Ta‘izz y al-Janad fueron entregadas a otro mameluco, Yāqūt, que adquirió, por tanto, la nisba de Ta‘izz. Zabīd y la Tihāmah fueron puestos bajo el control de Sayf al-Dawla Madj al-Dīn Abu’l-Maimūn al-Mubārak b. al-Kāmil b. ‘Alī b. Muqallad b. Nasr b. Munqidh, vástago de una antigua y distinguida familia árabe, los Banū Munqidh de Shayzar en Siria. Al-Mubārak había sido gobernador en la ciudad desde que Tūrān-Shāh la dejó por primera vez en 1174.

Durante algún tiempo después de que Tūrān-Shāh partiera, la situación en Yemen siguió estando estable y sin acontecimientos notables. El único incidente registrado en este periodo inicial es referido por al-Janadī, según el cual un mercader sufí, llamado al-Mubārak b. Khalaf se alzó en Zabīd, mientras al-Mubārak era gobernador y obtuvo un amplio apoyo. Al-Mubārak vio en él un potencial segundo Ibn Mahdī y ordenó ejecutarle. No obstante, se dice que el episodio había causado problemas de conciencia a al-Mubārak, impidiéndole dormir. Por tanto, se le aconsejó que restaurara la vieja mezquita etíope del viernes y que pronunciara la khutba oficial allí. Esto hizo como expiación, y también derribó la reciente mezquita construida por los Mahdíes para la tumba de ‘Alī b. Mahdī. Su accion fue bien recibida por el pueblo por odio a los Mahdíes. Según al-Khazrajī, que vio la inscripción colocada por al-Mubārak en la fachada de la restaurada mezquita, llevaba la fecha de 1177-1178.

El primer cambio importante en la situación de Yemen fue la partida de al-Mubārak, de quien se dice que había enfermado y, en cualquier caso, había desarrollado un fuerte desagrado por Yemen, expresada en una copla popular atribuida a él.

“Si Dios deseara mal para un hombre,
y quisiera que viviera sin felicidad,
lo induciría a salir de Egipto sin causa,
y le haría vivir en la tierra de Zabid.”

En consecuencia, al-Mubārak pidió y recibió permiso para unirse a Tūrān-Shāh en Siria; pero habiendo ido este último, entretanto, a Egipto, al-Mubārak estuvo allí en su lugar en 1178-1179. Su hermano Hittān ocupó su lugar como gobernador.

Cuando las noticias de la muerte de Tūrān-Shāh (junio de 1180), llegaron a Yemen, sus gobernadores se quedaron sin superior inmediato. En teoría, su alianza posiblemente debería haber cambiado a Salāh al-Dīn, pero, de hecho, esta lealtad común nominal no impidió la fricción entre ellos. De hecho, según al-Janadī e Ibn Hātim, cuando continuó el conflicto entre los gobernadores y nadie vino de Egipto para supervisarlo, abandonaron su alianza y cada uno afirmó su propia soberanía. Cada uno acuñó moneda en su nombre y se negaron a permitir que las monedas de los otros circularan por su territorio. En realidad, esta descripción de la situación no es apoyada por las fuentes literarias más antiguas, o, hasta ahora, por las pruebas numismáticas. Solo se conocen dos monedas de Yemen de esta época, pero éstas un dinar de ‘Aden de 1178, con el nombre de Tūrān-Shāh y otra de 1181, con el nombre de Salāh al-Dīn en su lugar- sugieren que az-Zanjarī, al menos, transfirió su alianza tal como debería haber hecho.

A juzgar por la información de ‘Imād al-Dīn y por otras declaraciones de Ibn Hātim, podría parecer que Hittān fue el único rebelde, mientras que los otros tres gobernadores mantuvieron su reconocimiento de Salāh al-Dīn (aunque esto no implica necesariamente que él siempre estuviera satisfecho con sus conductas). Es imposible decir si Hittān repudió abiertamente la soberanía ayyūbí o simplemente se comportó como si lo hubiera hecho. No se sabe nada de su gobierno en Zabīd, excepto que fue respetado por su pueblo debido a su generosidad y bravura. Los odios personales también contribuyeron a la hostilidad entre los gobernadores, según ‘Imād al-Dīn.

La situación pronto degeneró en una lucha real. Ibn Hātim describe un ataque conjunto por az-ZanjarīYāqūt Qāymāz sobre Zabīd, que fue desarticulado con grandes pérdidas para los sitiadores por un súbita salida nocturna de Hittān; pero añade que existía otra tradición según la cual no hubo lucha hasta que llegó Khutlubā, en cuyo caso, dice, esta descripción puede referirse a una batalla tras la muerte de este último. Las fuentes norteñas confirman, sin embargo, que tuvo lugar un conflicto militar entre az-Zanjarī e Hittān. Fueron estas las noticias las que provocaron que Salāh al-Dīn enviara una nueva fuerza expedicionaria a Yemen.

El ejército enviado a Yemen en 1181-1182 estaba dirigido por Sarīm al-Dīn Khutlubā, el wālī Misr (gobernador de El Cairo viejo), que retuvo su cargo en Egipto a través de representantes (nuwwāb) bajo la supervisión de su familia y asociados. Estaba acompañado por 500 hombres, tanto de caballería como de infantería, y por cinco barcos de guerra (harraqa). Khutlubā llegó por mar a ‛Aden, con cartas de Salāh-al-Dīn a los gobernadores ordenándoles unirse a él en una campaña contra Hittān. Az-Zanjarī estuvo de acuerdo en unirse a él; fueron juntos a al-Janad, donde se encontraron con Qāymāz y Yāqūt. Luego, los aliados marcharon a Zabīd. Hittān eligió no resistir, sino más bien abandonó la ciudad y se retiró a la fortaleza de montaña de Qawārīr. Khutlubā, por tanto, consiguió tener el control de la ciudad, mientras que los otros gobernadores regresaron a sus territorios.

El curso siguiente de los acontecimientos, en cierto modo, no queda claro, pero es evidente que Khutlubā pronto traicionó su confianza. Según ‛Imād al-Din, Khutlubā afirmó su independencia del control ayyūbí, con el apoyo de az-Zanjarī. Los dos hombres se unieron para gobernar el país (quizá un alusión a la ocupación por parte de az-Zanjarī de los territorios de Qāymāz y Yāqūt, que se trata más abajo). Esta referencia quizá no entra en contradicción con la información de que Hittān y Khutlubā comenzaron a cartearse y pronto alcanzaron un buen entendimiento. Entonces, Khutlubā cayó enfermo y decidió regresar a Egipto. Convocó a Hittān para que le sucediera. Hittān entró en Zabīd disfrazado la misma noche en la que Khutlubā estaba muriendo, y logró restablecer su gobierno sin aparente dificultad.

En torno a esta época, o posiblemente un poco después, az-Zanjarī estaba extendiendo su dominio a expensas de sus compañeros gobernadores. Si esto era en connivencia con Khutlubā, como sugiere ‛Imād al-Dīn, es imposible de decir. Según al-Janadī, el poder de Qāymāz declinó y fue incapaz de controlar Mikhlaf Ja‛far. Cuando az-Zanjarī supo esto aumentó su codicia. Primero se dirigió a al-Janad que tomó, y luego ocupó el Mikhlaf, incluyendo al-Ta‛kar. Esto fue en 1182-1183. Qaymaz, según parece, fue cogido prisionero hasta la llegada de Tugh-Takīn. El hermano de az-Zanjarī, ‛Umar, fue hecho gobernador de al-Ta‛kar. Al-Janadī afirma que al-Janad pertenecía a Qāymāz, pero es más probable, como dice Ibn Hātim, que fuera parte del territorio de Yāqūt; está mucho más cerca de Ta‛izz que de al-Ta‛kar.

También parece que az-Zanjarī, que había tenido noticia de que Hittān había recuperado Zabīd, montó un ataque contra él, quizá más de uno. Se sugiere que az-Zanjarī atacó Zabīd varias veces, pero no consiguió nada porque Hittān en cada ocasión se retiraba a Qāwarīr y luego retomó la ciudad cuando az-Zanjarī se marchó. No obstante, Ibn Hātim habla de un ataque por parte de az-Zanjarī, Yāqūt y Qāymāz tras la muerte de Khutlubā que terminó en derrota para los aliados; anteriormente había sugerido que su descripción de la desastrosa derrota antes de la llegada de Khutlubā, bien pudiera referirse a este último evento. Su suposición quizá puede ser apoyado por un relato extremadamente confuso que se encuentra en el texto de al-Janadī, la esencia del cual parece ser que az-Zanjarī huyó a al-Janad después de que su ejército fuera derrotado en Zabīd, con Hittān persiguiéndole de cerca. Siguieron varios días de combates. Finalmente, los asuntos se resolvieron con la devolución de al-Janad y Dhakhir a Yāqūt. Esto fue en noviembre-diciembre de 1183, en otras palabras, justo antes de la llegada de Tugh-Takīn.

Antes incluso de esta época, az-Zanjarī había escrito a Salāh al-Dīn pidiéndole asistencia contra Hittān. Salāh al-Dīn ya había ordenado a su hermano Tugh-Takīn que fuera a poner orden en Yemen. Entonces escribió a az-Zanjarī con las alentadoras noticias de la inminente llegada de Tugh-Takīn, y también escribió de nuevo a Tugh-Takīn apremiándole para acelerar sus preparativos. Tugh-Takīn partió hacia Yemen en noviembre de 1183; en un año, Hittān ya está estaba muerto y az-Zanjarī había abandonado tanto Yemen como su carrera pública.

Hasta ahora este relato solo estaba ocupado con la política interna de la esfera ayyubí en Yemen, pero az-Zanjarī también extendió su poder en una nueva región, Hadramawt, a donde Tūrān-Shāh no había ido. La cronología de sus campañas allí es bastante incierta. Az-Zanjarī dirigió una primera campaña él mismo, conquistando primero ash-Shihr, y luego Shibām Tarīm, sin mucha dificultad. La dinastía local, los Āl Rāshid, quizá fueron dejados en Tarīm, mientras que un kurdo llamado Hārūn fue colocado, al parecer, en Shibām como representante de az-Zanjarī. Durante un tiempo los ingresos llegaron a ‛Aden, pero luego los Āl Rāshid, se levantaron en rebelión. Por tanto, az-Zanjarī, envió otro ejército, probablemente en 1180, que sofocó brutalmente a los rebeldes y mató a muchos de los ‛ulamās de Tarīm que los habían apoyado. El sultán Rāshid b. Abī Qahtān y su hijo fueron llevados a ‛Aden y encarcelados. Cuando, más tarde, az-Zanjarī huyó de Tugh-Takīn, ellos tomaron ventaja del interregno para escapar de vuelta a Hadramawt, donde restablecieron su gobierno y lo mantuvieron durante unos 30 años.

Cuando no estaba enredado en actividades militares, az-Zanjarī estaba activo desarrollando su capital ‛Aden. Construyó nuevas murallas para la ciudad, así como mezquitas, mercados y almacenes, y para aumentar la prosperidad de ‛Aden, dejó en ruinas a su competidora, Abya, a unos pocos kilómetros al este, mientras que él, consolidaba aún más su monopolio de los beneficios procedentes del comercio con la India.

En resumen, los logros de Tūrān-Shāh en Yemen no fueron impresionantes. Había establecido allí un punto de apoyo ayyubí, pero le faltó la paciencia y la determinación para quedarse en el país y terminar su conquista y administrar personalmente su nuevo dominio. Su intento de gobernar el país in absentia a través de varios gobernadores, conteniéndoles unos contra otros, demostró ser un fracaso. Al mismo tiempo, el peligro de nombrar un único gobernador para el país entero, era evidente, pues tal figura podría muy fácilmente repudiar su lealtad y resistir sus esfuerzos para desalojarlo. Un control centralizado podía evitar que las regiones de emen volvieran a crear los conflictos del periodo pre-ayyūbí; solo se podía confiar en un miembro de la familia para mantener su conexión con la dinastía; solo de un enérgico y capaz gobernante podía esperar mentener a los árabes de Yemen en sus fortalezas de montañas, sometidos a un gobierno extranjero. Estos requisitos previos exigían el envío de Tugh-Takīn a Yemen.

6. El reinado de Tugh-Takīn y la terminación de la conquista (1184-1197)

a) El viaje de Tugh-Takīn a Yemen

La mejor fuente sobre la expedición de Tugh-Takīn a Yemen es ‛Imād al-Dīn en su al-Barq ash-Shāmī. Ya se ha visto como la preocupación de Salāh al-Dīn por el peligro que las peleas entre los ibs de Tūrān-Shāh suponían para el control ayyubí de Yemen, le había llevado a enviar a Khutlubā a Zabīd. El desalojo de Hittān de Zabīd fue recibido con satisfacción en la corte, pero fue disipada por la noticia de la muerte de Khutlubā y la ocupación de Hittān de la ciudad. Incluso antes de la llegada de estas noticias, Salāh al-Dīn había pedido a su hermano que fuese a Yemen. La solicitud de az-Zanjarī de que se enviara a un miembro de la familia gobernante coincidió con la correspondencia renovada entre Salāh al-Dīn y Tugh-Takīn, apremiándole para que acelerara sus preparativos. Aunque la expedición se había decidido antes de la partida de Salāh al-Dīn de Egipto (11 de mayo de 1182), Tugh-Takīn no dejó El Cairo hasta 17 meses más tarde, en octubre-noviembre de 1183. las razones para la demora, aparentemente no fueron las legítimas, pues ‛Imād al-Dīn habla de su ansiedad para redimirse en la campaña. Ibn Abī Tayy, la única fuente de esta expedición, independiente de ‛Imād al-Dīn, sitúa la iniciativa para esta con el mismo Tugh-Takīn, del cual se decía que había establecido su corazón en Yemen desde la época de la muerte de Tūrān-Shāh, pero la dilación de preparar la campaña no parece reflejar la pasión por Yemen atribuida a él por Ibn Abī Tayy.

Tugh-Takīn llegó a La Meca el 18 de diciembre de 1183, acompañado por 1000 jinetes y 500 tropas de jabalī (este término significa “montaña”, pero el historiador al-Khazrajī escribe rajil, “infantería”, en lugar de jabalī), y una multitud de peregrinos que habían viajado bajo su protección. Su visita a La Meca es descrita con colorido detalle por el viajero Ibn Jubair, que estaba en la ciudad en esa época. De acuerdo con él, Tugh-Takīn desembarcó en Yambu. Primero fue a Medina para visitar la tumba del Profeta, mientras que su bagaje era dejado en as-Safrā. Su llegada al Hijaz causó gran aprensión en el gobernante de La Meca, el hasaní Mukhtir b. ‛Isā, aunque se había informado que Tugh-Takīn simplemente estaba de paso en su camino a Yemen para resolver disputas allí. Mukhtir, que era vagamente shī‛í, probablemente temía que Tugh-Takīn pudiera buscar reforzar las prácticas sunníes, o peor, poder reemplazarle por la administración ayyūbí directa. Por esta razón, Mukhtir fue al campamento de Tugh-Takīn en az-Zahir en la noche de su llegada; aparentemente fue para darle la bienvenida, pero, en realidad, Mukhtir quiso reafirmar su lealtad a los ayyubíes. Finalmente, el 27 de diciembre Tugh-Takīn partió hacia Yemen.

b) La consolidación y extensión de las conquistas suroccidentales (1184-1189)

Tugh-Takīn entró en Zabīd el 29 de enero de 1184. Los historiadores están en desacuerdo sobre la reacción de Hittān a la llegada de Tugh-Takīn: de acuerdo con algunos, se retiró a Qawarīr y tuvo que ser inducido a bajar. El historiador más antiguo, ‛Imād al-Dīn no apoya ninguna de estas posiciones, pero de acuerdo con otros, salió a encontrarse con Tugh-Takīn en el camino. Dice solamente que Tugh-Takīn cesó a Hittān de su puesto pero le trató bien, esforzándose por ganar su confianza. No obstante, Hittān no vio futuro para sí mismo en Yemen con un miembro de la familia gobernante en e país y pidió a Tugh-Takīn permiso para partir a Siria. Esto se concedió solo después de una muestra de renuencia. Luego Hittān reunió sus tejidos preciosos, joyas y metales preciosos, caballos y mujeres y los envió por delante. Cuando llegó el momento de la partida, fue llamado de vuelta, aparentemente porque Tugh-Takīn quería escoltarle en su despedida, pero cuando entró en presencia de Tugh-Takīn fue capturado y atado. A la caravana con sus posesiones se le ordenó volver a Zabīd. Sus riquezas fueron incorporadas al tesoro de Tugh-Takīn, mientras que él fue encarcelado en Ta‛izz y pronto ejecutado. La tradición histórica ve la conducta de Tugh-Takīn con engaños desde el comienzo, lo cual no es imposible, pero el tratamiento posterior, por parte de Tugh-Takīn, de Qaymāz y Yāqūt sugiere que pudo haber esperado originalmente convertir a Hittān en un leal subordinado, y solo se decidió a eliminarlo por su riqueza después de que éste se negara a aceptar este papel. Por tanto, el tesoro obtenido era enorme. De la carta que lo describía, enviada a Salāh al-Dīn, ‛Imād al-Dīn se limita a mencionar 70 cofres llenos de monedas de oro. Situó el valor de toda la fortuna en un millón de dinares. Con esta carta que llegó a El Cairo en febrero de 1185, también fue la familia de Hittān, incluyendo su hermano Muhammad.

En ‛Aden, az-Zanjarī, después de oír el destino de Hittān eligió no confiar en su propia situación con los ayyubíes. Cargó lo más pesado de sus objetos de valor en una flota de barcos con destino a Siria y partió él mismo por tierra con su riqueza más ligera. Cuando su flota tocó tierra en el camino, fueron encontrados por casualidad por algunos de los barcos de Tugh-Takīn y todo fue confiscado. Az-Zanjarī llegó a La Meca el 19 o 20 de marzo de 1184. La mayoría de esta riqueza ya había sido enviada a la ciudad por la noche para ocultar el alcance total de su fortuna restante. Más tarde continuó hasta Damasco, donde vivió en privado hasta su muerte. Aunque se dice que la mayor parte de su fortuna estaba en los barcos, el resto fue suficiente para dotar una madrasa y un ribat en La Meca y una madrasa en Damasco.

Tugh-Takīn consiguió establecer su autoridad en el resto de los dominios de su hermano sin disputa. Yāqūt llegó a Zabīd y entregó las llaves de Ta‛izz, pero la ciudad le fue devuelta. Se dice que se le entregó la custodia de Hittān y llevó a cabo su ejecución (25 de marzo de 1184). Entonces envió a su mameluco Il-Abah para tomar al-Ta‛kar de manos del hermano de az-Zanjarī, ‛Umar b. ‛Alī. Además, cuando supo que az-Zanjarī había abandonado ‛Aden, envió a un cierto Ibn ‛Ayn az-Zamān allí como gobernador.

Según Ibn Hātim, el primer objetivo de Tugh-Takīn tras establecer su autoridad en los anteriores dominios de su hermano, fue la fortaleza de as-Sawa’ (al sur de Ta‛izz). Esta era, al parecer, una fortaleza de considerable solidez, pues es el único bastión conocido que haya sobrevivido tanto a la campaña de ‛Alī b. Mahdī en Sabir, como a las de Tūrān-Shāh. Su gobernante se llamaba Ibn as-Sabā‛í. Había sido confirmado en su posición por Tūrān-Shāh. No está establecido si aún estaba allí en tiempos del ataque de Tugh-Takīn, cuando una epidemia obligó a los ocupantes a rendir el baluarte después de un asedio de duración no especificada.

La siguiente conquista de Tugh-Takīn, en el relato de Ibn Hātim, fue la fortaleza de Khadid, en la región de Wusāb, al este de Zabīd, después de sitiarla. Según la lista de Ibn Samura, que sitúa la conquista ligeramente después, en diciembre de 118/5 o enero de 1186, Tugh-Takīn mató al señor del baluarte, ‛Alī b. ‛Abd Allāh b. Muqabbil al-Kaulānī. En otro lugar, Ibn Samura afirma que la dinastía de los Banū’z-Zarr fue extinguida por Tugh-Takīn en este mes. De este modo ‛Alī debió haber sido el último representante de esa familia, que había tomado Khadid en 1110-1112.

A continuación Tugh-Takīn tomó Suwāhit, una fortaleza a norte de Ibb. Ibn Hātim da cuenta de un relato de que un shaykh de este bastión se había encontrado a Tugh-Takīn en La Meca y le había jurado su alianza allí. No especifica si Tugh-Takīn tomó el fuerte por la fuerza, traicionando su acuerdo, o si le fue entregado por su señor de acuerdo con su contrato. Después, en Ibn Hātim, viene la toma de Raima, seguida por los fuertes de los hijos de Abu’n-Nūr b. Abī, mientras que en Ibn Samura el orden de esas conquistas está al revés. Las fortalezas de estas familias incuían Bait ‛Izz y Nu‛m, capturadas respectivamente de manos de ‛Abd al-Shams b. Abi’n-Nūr y un hermano no nombrado; Warākh, dejado en la posesión de un tercer hermano, Muhammad; y ‛Utuma. Posiblemente deban ser incluidas en esta lista Najrāna Samā‛a. Dos fuentes menores, Qar‛a y Shār, redondearon las conquistas en esta región.

Entonces, Tugh-Takīn volvió su atención a los importantes bastiones de Habb, en Jabal Ba‛dān, al este de Ibb, poseído por el sultán Ziyād b. Hātim b. ‛Alī b. Saba’ az-Zuray‛í. Ziyād resistió el ataque ayyubí y envió un apetición de ayuda a ‛Alī b. Hātim en San‛ā’, y a los Janbíes, ‛Abd Allāh b. Yahya e ‛Imrām b. Zayd b. ‛Amr. A finales de febrero de 1186, Alī envió a su hermano Bishr b. Hātim con un gran ejército al que se unieron en Dhamar ‛Abd Allāh e ‛Imrām, y después a lo largo del camino al-As‛ad b. ‛Alī b. Abd ‛Allāh as-Sulayhí de Qayzān. Luego, Bishr, ante la insistencia de al-As‛ad fue con las tropas de Hamdān a asediar Nu‛m, que se sitúa cerca de Qayzān. Los Janbíes fueron enviados a as-Sahūl. Allí, los Janbíes o parte de ellos, fueron persuadidos a retirarse de la alianza. Cuando Bishr supo esto, aconsejó que Hamdān volviera de Nu‛m. Cuando ‛Imrām b. Zayd luego vino a informarlos más plenamente de la situación entre los Janbīs, Bishr ordenó a todos ir a casa, después de 20 días de campaña. Al-Khazrajī explica que la defección de Janb por viejos odios entre ‛Abd Allāh e ‛Imrām. También dice que la intención de Bishr era mantener todas las tropas juntas en un lugar (lo que le habría permitido frustrar la subversión de Janb), pero se le impidió hacerlo ante la insistencia de al-As‛ad de que Nu‛m, que ponía en peligro a Qayzān, fortaleza de aquel, debía ser reducida primero. Este episodio ilustra como los antagonismos tribales y personales, y la falta de una autoridad unificada hizo imposible para los árabes oponer una resistencia enérgica y determinada a los invasores ayyubíes.

Mientras tanto, Habb, un poderoso bastión, continuaba resistiendo. Finalmente Tugh-Takīn encomendó el asedio a sus subordinados Humām al-Din Abū Zabā y Shams al-Khawāss, mientras que él mismo fue a La Meca para el hajj. Cuando regresó el fuerte aún no había sido tomado, de modo que el ejército invasor fue reforzado. Después de una serie de ataques diarios, el lugar fue tomado finalmente en agosto o septiembre de 1186, después de un asedio de casi un año. Los ocupantes de la fortificación fueron masacrados, excepto los que eran bien conocidos y los que lograron esconderse asumiendo los uniformes de las tropas ayyubíes (que por tanto incluían auxiliares yemeníes) o disimulándose entre los muertos.

La peregrinación de Tugh-Takīn en 1186, mencionada antes, al parecer fue menos amistosa que su visita anterior en ruta hacia el Yemen, pues en esta última ocasión detuvo la llamada a la oración según la fórmula shī‛í, y mató a varios muecines. El amir de La Meca se retiró a Abū Qubais, dejando la ka‛ba bloqueada, pero envió la llave después de las representaciones de Tugh-Takīn en el terreno coránico y hadith.

La conquista de Habb por Tugh-Takīn impresionó en gran medida a los yemeníes que le habían resistido hasta ahora. Casi inmediatamente dos de los líderes de la abortada campaña de resistencia del año anterior se sometieron: ‛Abd Allāh b. Yahyā, que vino en persona con sus hijos, y al-As‛ad b. ‛Alī as-Sulayhí, que envió a su hijo al-Mansūr. La sumisión del primero llevó aparejado la alianza de una parte de la tribu Janb. De este modo Tugh-Takīn consiguió ocupar la totalidad de su país incluyendo la ciudadela alta de Dhamār, Hirrām, donde hizo su campamento durante un tiempo. Allí fueron más árabes a reconocerle. Todos los que se sometieron en ese momento fueron bien tratados y recibieron generosos presentes. El único que resistía era ‛Imrām b. Zayd, shaykh de Madhhij, al que Tugh-Takīn dirigió ahora su atención. Una serie de partidas de reconocimiento finalmente trajeron la información de que Imram estaba acampado en un lugar llamado ‛Urqub. Con un cuerpo de tropas, Tugh-Takīn asaltó el campamento, matando a todos los hombres importantes allí y tomando el material como botín, pero concediendo refugio al haram de ‛Imram. Este consiguió escapar.

El éxito de Tugh-Takīn en el país de Janb colocó una amenaza inmediata ante los sultanes hātimíes, pues sus conquistas abrían una ruta directa a San‛ā’. Además, su sensación del peligro fue aumentada por la reputación de invencibilidad que Tugh-Takīn estaba adquiriendo ahora; se decía que solo tenía que decidir sobre la conquista de un lugar para que Dios hiciera posible que él la tomara. La respuesta hātimí fue una versión expandida de la política que ellos habían seguido contra Tūrān-Shāh: en octubre de 1187 ordenaron la destrucción de Ghumdān en San‛ā’, el arrasamiento de las murallas, y la quema de todos los cultivos y forraje del distrito. La población civil fue avisada para que dejara sus tierras y se aseguraron en las fortalezas y castillos. ‛Alī y Bishr se trasladaron a Barāsh, ordenando el traslado de sus posesiones a lugares de seguridad. Solo entonces enviaron a su sobrino al-Qādī Hātim b. As‛ad a Tugh-Takīn con una oferta de tributo a cambio de la paz. Se concluyó una tregua con la condición del pago anual de 80.000 dinares hātimíes, y 100 caballos. Con los asuntos arreglados así, Tugh-Takīn nombró a Qāymāz gobernador de Dhamār, y regresó para quedarse en Dhū Jibla. No obstante, la autoridad de Tugh-Takīn más allá de Naqīl Said no era tan segura como parecía.

El Janbí ‛Imrām b. Zayd, aún en libertad, tomó ventaja de la retirada ayyūbí de Dhamār para hacer un ataque al amanecer por sorpresa sobre esa ciudad, tomándola y saqueándola, y obligando a la guarnición a hacerse fuerte en un pueblo cercano, Dhū Khaulān. Cuando los mensajes llegaron hasta Tugh-Takīn con las noticias, partió inmediatamente (“en una hora”) a marchas forzadas, llegando a Dhu Khaulān al amanecer del día siguiente. La mayoría de los sitiadores Janbíes se dispersaron presa del pánico, pero ‛Imrām y sus tropas personales, defendieron pacientemente la retirada, atacando y retirándose de los perseguidores Ghuzz. Al-Khazrajī le atribuye el impedir la pérdida del ejército janbí entero.

Tugh-Takīn se quedó en Dhamar durante algún tiempo, durante el cual atacó Shār, cuyo pueblo se había aliado con Janb contra él en el reciente levantamiento. La población del lugar fue casi aniquilada; después, se renovó la paz con los hatimíes durante otro año en las mismas condiciones. Luego, Tugh-Takīn regresó al sur, dejando a Qaymaz para asediar a ‛Abd Allāh b. Yahyā (cuya sumisión inicial había estado comprometida al menos, por el levantamiento janbí) en Darwān. El asedio duró cinco meses. Finalmente, los defensores fueron obligados a rendirse mediante un drenaje que agotó su suministro de agua. Entonces, justo cuando estaban cabalgando hacia el campamento de Qāymāz, llegó la lluvia, llenando las cisternas del distrito. La coincidencia mejoró aún más la reputación de Tugh-Takīn, de una invencible buena fortuna. Mientras tanto, se había emprendido la conquista de Qaizān, poseída por As‛ad as-Sulayhí. Después de nueve meses de bombardeo por parte de la artillería del asedio, la fortaleza fue sometida con la condición de que se les permitieran a sus ocupantes evacuarla libremente y unirse a los Hātimíes en San‛ā’. El acuerdo fue garantizado por rehenes entregados por ambas partes a Bishr b. Hātim, con los que los evacuados fueron a residir en su fuerte ‛Adudān.

La autoridad de Tugh-Takīn seguramente estaba ahora establecida al norte y este de Ta‛izz mediante la eliminación de Darwān y Qayzān, los últimos centros de resistencia; mientras que su fortaleza más allá del noreste fue fijada por la tregua con los Hātimíes. Por tanto, se volvió al último punto fuerte independiente que quedaba en Yemen suroccidental; la poderosa fortaleza de al-Dumluwa, al sureste de Ta‛izz, que domina al-Jawa en la ruta hacia ‛Aden. Tugh-Takīn, había encontrado ante él, la fortaleza fuera del alcance de su artillería de asedio; pero aunque no podía ser tomada por la fuerza, Jawhar habia pasado el tiempo desde la partida de Tūrān-Shāh reforzando aún más la fortificación, pero también había observado la paciencia de Tugh-Takīn y la determinación de reducir otras fortalezas en Yemen, aunque los asedios duraran muchos meses. Por tanto, cuando Tugh-Takīn acampó en al-Dumluwa, Jahwar decidió organizar su rendición en las mejores condiciones que pudiera obtener. Se acordó que entregaría el bastión a cambio del pago de 10.000 dinares, y con la condición de que la fortificación quedaría en manos de un representante (nā‛ib) nombrado por él hasta que él y sus protegidos, los hijos del zuray‛í ‛Imrām, pudieran dejar Yemen y alcanzar un refugio seguro en Etiopía. Jawhar y sus dependientes hicieron su viaje a salvo, pero cuando envío de vuelta su anillo de sello como símbolo con órdenes dirigidas a su nā‛ib para rendir la plaza, apareció unimpedimento inesperado. El nā‛ib desafiando tanto a Yahwar como a Tugh-Takīn, no quiso abandonar al-Dumluwa, diciendo; "Desde hoy soy un rey, debido a la posesión de esta fortaleza". Este nā‛ib es citado por Ibn al-Mujawir como al-Mu‛allim Ahmad as-Silwī, quien puede posiblemente identificarse con Ahmad b. Abd al-Malik.

Casi simultáneamente, otro elemento entró en escena, para complicar aún más el problema de Tugh-Takīn, pues Bishr b. Hātim anunció que estaba llegando a San‛ā’, para renovar en persona otra tregua con Tugh-Takīn durantde otro año. Ante el estancamiento vergonzoso de al-Dumluwa, Tugh-Takīn dio órdenes para que Bishr fuera retrasado tanto como fuera posible en el camino con recepciones y hospitalidad. Qaymāz le encontró en Jahrān y le entretuvo durante tres días; luego pasó dos días en Dhū Jibla, una noche en Dhū Ashraq a al-Janad. Inevitablemente, alcanzó al final la corte de Tugh-Takīn en Ta‛izz. También allí fue calurosamente acogido con suntuosos regalos, incluyendo una túnica que había sido concedida al mismo Tugh-Takīn por el califa; la propia espada de Tugh-Takīn, y un collar de oro. Además, la tregua fue renovada por otro año, pero el tributo fue reducido en 20.000 dinares y 20 caballos. Por esta época, Bishr, si no estaba informado sobre la situación en al-Dumluwa, debió haber quedado perplejo por el extraordinario favor que se le estaba dispensando.

El nā‛ib de Jahwar observó esta generosidad desde su fortaleza, y quizá empezó a entender que el asedio, que ya duraba cuatro meses, inevitablemente conseguiría su propósito tarde o temprano. Por tanto decidió seguir el ejemplo de su señor, y ofreció vender el bastión de nuevo por otros 10.000 dinares. El intercambio sería llevado a acabo a través de la mediación de Bishr. Naturalmente, Tugh-Takīn no estaba satisfecho con la perspectiva de pagar una segunda vez por lo que se suponía que ya era suyo, pero también temía que la partida de Bishr significaría la pérdida de esta oportunidad, y así después de alguna vacilación, accedió a la nueva demanda. La situación fue explicada a Bishr, que pidió ir a la fortaleza con una carta aceptando las condiciones propuestas pero con la condición de que el nuevo rescate no sería entregado hasta que el dinero entregado para Jahwar fuera contabilizado. No obstante, Bishr era reacio a verse envuelto en una situación que temía atraería sobre él los reproches de los árabes por entregar al-Dumluwa a los ghuzz. En lugar de eso, se fue a casa sin comunicarse con el nā‛ib, pero solo consiguió llegar al-Janad, antes de que fuera alcanzado por los mensajeros de Tugh-Takīn.

Ellos tenían claro que su señor no permitiría a Bishr evadir su tarea. Por tanto, aceptando lo inevitable, fue a al-Jawwa y gestionó la rendición. A petición del nā‛ib, se le permitió a este viajar a Sanā’ con su familia bajo la protección de Bishr. El dinero fue enviado a esta ciudad y guardado allí para la llegada del nā‛ib. Los propios lugartenientes de Bishr mantuvieron al-Dumluwa hasta que se recibió noticia desde Sana de la llegada a salvo del nā‛ib y el dinero. Entonces el fuerte fue entregado a Tugh-Takīn, y Bishr, con su séquito regresó a San‛ā’.

c) La conquista de San‛ā’ y la Tierras Altas 

Después del despliegue de cordialidad hacia Bishr, por parte de Tugh-Takīn, es sorprendente leer que la siguiente campaña de Tugh-Takīn estuvo dirigida a la conquista de San‛ā’ y sus territorios. Durante los acontecimientos de al-Dumluwa, dice Ibn Hātim, Tugh-Takīn pidió al hātimí que le jurara lealtad en ciertas condiciones no especificadas, pero Bishr se negó, alegando  su alianza con su hermano ‛Alī, y señaló que si él traicionara la confianza hacia su hermano, Tugh-Takīn no podría estar seguro de que él no le traicionaría también. Este rechazo por parte de Bishr solo incrementó el respeto de Tugh-Takīn por él. nuevamente, Tugh-Takīn habló de Bishr a sus cortesanos, diciendo que él había esperado que Bishr se hubiera aliado con él, en cuyo caso le habría hecho gobernador de San‛ā’. Uno de los presentes atrajo la ira del sultán al preguntar cómo se proponía conceder a Bishr el gobierno sobre algo que ya tenía reputación de pertenecerle. Sin embargo, Ibn Hātim no dice que el incidente, en cualquier caso trivial en esencia, llevara al ataque sobre San‛ā’. Simplemente dice que Tugh-Takīn ahora controlaba todo Yemen, a excepción de San‛ā’, y que Bish y su hermano, en cuanto volvió aquel, se puso a reforzar las defensas de su reino, y a destruir todo lo que no les sirviera a ellos, sino probablemente de beneficio a su enemigo. Tugh-Takīn, por su parte, partió contra San‛ā’ tan pronto como acabó la tregua. Parece como si desde la visita de Bishr, pero después de que la tregua se renovara, ocurrió algo que provocó que ambas partes concluyeran que la guerra era inevitable tan pronto como la tregua expirara.

Más tarde, Tugh-Takīn aceptó una propuesta del qādí Hātim b. As‛ad para que abandonara su campaña a cambio del pago de 30.000 dinares y 50 caballos, pero ‛Alī rechazó esto contundentemente, aunque la cantidad fuera menor de la mitad de sus pagos anuales anteriores. Parecería que Tugh-Takīn no se puso en pie de guerra en absoluto, sino que los Hatimíes (por razones que no pueder ser descubiertas) habían decidido no continuar pagando tributo sin importar las consecuencias. La evidencia sugiere, por tanto, que fueron los Hātimíes quienes rompieron relaciones e iniciaron el conflicto. El hecho de que Ibn Hātim no haya dado los motivos de su decisión contrasta con su tratamiento, comparativamente completo de las causas de algunos otros sucesos, especialmente los que involucran a los Hātimíes. Su reticencia puede deberse a una deficiencia de sus propias fuentes en este punto; es bastante posible que eligiera no discutir el asunto porque la verdad se reflejaba más sobre sus ancestros, que, por lo general, son retratados bastante favorablemente en su historia.

Tras el fracaso en este intento final por alcanzar una solución pacífica, Tugh-Takīn se movió en serio. A sugerencia de al-Qādī Hātim, atacó, en primer lugar, la fortaleza de Ashyah, que se rindió el segundo día después de que parte de su guarnición hubiera huido y sus defensas más bajas se hubieran tomado. Luego fue a Ānis y tomó el control de ella y de Jabal as-Sharq. Después de volver brevemente a Jahrān, marchó sobre San‛ā’, en la que entró sin lucha el 21/11/1189. 

Entonces Tugh-Takīn fue alrededor de San‛ā’, rodeando sus fortalezas dependientes, y tomó ‛Azzān, al este de Kaukabān, por la fuerza. Los señores de la fortificación, que eran aliados de los hātimíes, querían negociar su rendición, pero fueron incapaces de ponerse de acuerdo entre ellos mismos. En su ataque a los fuertes de al-‛Arush y az-Zufr Tugh-Takīn no tuvo éxito, perdiendo tres hombres en cada uno. Solo se consiguió una retribución parcial en un encuentro casual de su caballería con la de Kaukabān, en la que tres de sus enemigos fueron muertos y otro capturado y ejecutado por orden suya. Luego regresó a al-Fass, a la que había dejado de lado la primera vez que salió de San‛ā’. La capturó solamente después de un duro combate de tres días, forzando su rendición tras la captura de las defensas inferiores. En esta acción capturó a dos de los hijos de Bishr, ‛Amr y ‛Alwān, que permanecieron con él como prisioneros mientras enviaban sus posesiones a ‛Alī b. Hātim en Dhamarmar. Mientras, una tropa procedente de Barāsh, dirigida por otro hijo de Bishr, ‛Alī, intentó atacar San‛ā’. Se enfrentaron con tropas de la ciudad al mando de Abū Zabā, quien tomó prisionero a ‛Alī y le llevó a San‛ā’.

Después de al-Fass Tugh-Takīn regresó a az-Zufr, y la tomó, capturando a Sālim b. ‛Alī b. Hātim, quien fue llevado junto a Tugh-Takīn en Kaukabān. Este último bastión, comandado por ‛Amr, el hijo mayor de ‛Alī b. Hātim, era considerada, al parecer, como un punto clave en el reino hātimí, y estaba fuertemente defendida. Tugh-Takīn comenzó su asalto talando los huertos alrededor de la fortaleza para proporcionar espacio par atrabajar a sus cuatro catapultas (manjīq), que se pusieron en acción contínua, dos por la noche y dos por el día hasta que las paredes de arcilla se derrumbaron. Incluso entonces los defensores resistieron, perdiendo 500 de la guarnición del fuerte, de “16 cientos “ (1600), mientras los sitiadores, según se dice perdieron 1000 de sus fuerzas. Finalmente, ‛Amr fue obligado por el descontento de sus tropas a pactar condiciones con Tugh-Takīn. A petición suya se le entregó la fortaleza al-‛Arush con algunas tierras dependientes, así como una compensación por las tierras tomadas a él, dondequiera que se localizaran, a cambio de la rendición de Kaukabān (enero-febrero de 1190). Después de la conclusión de estos acuerdo, ‛Amr, según su nieto Ibn Hātim, sorprendió a Tugh-Takīn con un lujoso banquete para sus anteriores enemigos.

Después de que la rendición de Fida fuera obligada por las catapultas de Tugh-Takīn, solamente tres de los ocho baluartes hātimíes quedaban aún en sus manos: al-‛Arush, que había sido devuelta a ‛Amr b. ‛Alī b. Hātim; Barāsh, probablemente en manos de Bishr b. Hātim; y Dhamarmar, sede del mismo ‛Alī b. Hātim. Barāsh fue ignorada durante dos años, mientras que Tugh-Takīn dirigió su atención en primer lugar a Dhamarmar. Bastante curiosamente, sin embargo, no la asaltó directamente. En vez de eso, asignó a Abū Zabā con 500 jinetes turcos y árabes para cercar el fuerte, mientras que 10,000 hombres fueron estacionados en 11 puntos para bloquear todos los caminos que llevaba a él. Esta situación, según Ibn Hātim, duró cuatro años. Finalmente, el descontento de las tropas de ambas partes, y los gastos del asedio para Tugh-Takīn, obligaron a un acuerdo: ‛Alī renunciaba a su pretensión de todas sus tierras (excepto Dhamarmar) a cambio de un estipendio de 500 dinares y 500 medidas (de grano) por mes, más una compensación por las propiedades perdidas.

Entretanto, Tugh-Takīn había emprendido una expedición, en diciembre de 1190, a Yemen nororiental para establecer su autoridad en Shawābaal-Jauf y Sa‛da. Se dirigió a esta última, via al-Jauf y desalojó de la ciudad a los sharifs Hādawíes, descendientes del primer imam al-Hādī ila‛l-Haqq. En Sa‛da Tugh-Takīn instaló una guarnición de 300 jinetes, que construyó una ciudadela que llegaría a ser conocida como Darb al-Ghuzz. Más tarde esta guarnición fue expulsada por los árabes (ver más abajo). Después, Tugh-Takīn fue a Jabal al-Ahnūm, que capturó el 6 de enero de 1191. También tomó otros lugares en los alrededores, incluyendo HajūrZalīwa ‛Udhar. Hacia febrero de 1191 estaba de vuelta en San‛ā’.

Evidentemente, Tugh-Takīn se encontró con muy poca resistencia en su rápido y amplio barrido por el norte de Yemen. El líder zaydí ‛Abd Allāh b. Hamza, que en 1197 se convertiría en el imam al-Mansūr billāh, intentó levantar a alguno de los árabes de la región para hacer frente a Tugh-Takīn y conseguir acostumbrarles a la idea de encontrarse con los ghuzz en batalla, pero tuvo muy poco éxito.

Parte de la razón para la falta de respuesta a ‛Abd Allāh fue la muy limitada extensión de sus propios seguidores durante este periodo. Se había declarado como líder provisional de los zaydís en 1187, en al-Jauf. Más tarde, en ese mismo año, fue invitado a ir a Mītak, donde recientemente Hisn Juzza’ había sido tomada por los hātimíes. Se abrió paso allí a pesar de los exploradores enviados desde San‛ā’ para intentar interceptarle. Consiguió tomar Juzza’ en diciembre de 1187 y residir allí durante los siguiente dos años y tres meses (es decir, hasta febrero de 1190). Durante este periodo se ensarzó en una guerra no concluyente con los hātimíes y otros. Mientras Tugh-Takīn estaba entretenido en el asedio de Kaukabān, envió una fuerza a Mītak y Balad Banū Shāwar, al mando de un cierto Yahyā b. Ahmad al-Shāwarī, evidentemente un nativo del área que había unido su suerte con los invasores ayyūbíes. Esta incursión, al final, forzó a ‛Abd Allāh a abandonar Juzza, aunque fue capaz de permanecer en la vecindad hasta el avance de Tugh-Takīn a finales de 1190, cuando tuvo que retirarse a al-Jauf.

Aunque Abd Allah no fue capaz en este periodo de unir a los árabes para resistir a los ghuzz, sí lo fue otro líder zaydí, Yahyā b. Ahmad b. Sulaymān, hijo del anterior imām zaydí, al-Mutawakkil († 1170-1171). Yahyā dirigió una serie de ataques sobre la guarnición de Sa‛da que les obligó a permanecer dentro de la ciudadela de la ciudad. Después de varios asaltos, al final Yahyā eliminó a la guarnición completamente (1191). Estuvo en posesión de Sa‛da hasta la ocupación de ‛Abd Allāh como imām a comienzos de 1197. Según el Ghāya, Yahyā obtuvo en San‛ā’ la investidura como gobernador ayyubí de Sada, pero lo más probable es que esto sea un episodio posterior en la época de Ismā‛īl b. Tugh-Takīn.

Después de volver a San‛ā’, Tugh-Takīn tomó la fortaleza de Barāsh en agosto-septiembre de 1191. Cuando dejó finalmente San‛ā’ para regresar a Yemen meridional hizo a Humām al-Dīn Abū Zabā sultán autónomo de las tierras altas, con tres emires subordinados que tenían territorios de su propiedad. Las tierras confiscadas a los Hamdāníes fueron asignadas para mantener 500 jinetes.

Tugh-Takīn también nombró a su hijo mayor Ismā‛īl gobernador de Kaukabān y su región. De acuerdo con la historia anónima, Ismā‛īl envió una tropas de 300 jinetes, con inantería también, la país de los Banū Sārim, alrededor de Uthāfit, al norte de ‛Amrān. Tomaron prisioneros a los sharifs Banū‛l-Makam de Uthāfit y dividió sus propiedades. La prsión de estas tropas despertó a los árabes locales, especialmente Bakīl y Wādi‛a, para levantarse y derrotar severamente a los ghuzz, a 700 de los cuales mataron, según se dice. Esta victoria animó tanto a los árabes que decidieron ir en auxilio de Thulā ’ que estaba siendo asediada por Ismā‛īl con 800 jinetes, además de infantería. El ataque árabe al anochecer fue un éxito completo. Las tropas ghuzz, incluyendo a Ismā‛īl, fueron rechazadas hasta San‛ā’, y los árabes consiguieron un gran botín.

No se permitió que esta victoria árabe quedara sin venganza. Tugh-Takīn ordenó a Abū Zabā marchar a recuperar la situación en el norte. La formidable formación de Abū Zabā llevó a los árabes a pedir a ‛Abd Allāh al-Mansūr que asumiera el liderato. Al-Mansūr derrotó a Abū Zabā en su primer encuentro, pero entonces esta comenzó a distribuir fondos entre los árabes, provocando que muchos de ellos desertaran y los restantes perdieron el ánimo. En consecuencia, en una segunda batalla el mismo ‛Abd Allāh se encontró con solo unos pocos seguidores y apenas escapó con su vida. Una vez más se retiro a la oscuridad de al-Jauf, hasta su da‛wa a finales de 1197.

La última campaña de Tugh-Takīn registrada fue una expedición para reconquistar Hadramawt, donde los Āl-Rāshid habían restablecido su poder. Esto fue en 1194. En el curso de esta campaña Tugh-Takīn perdió casi todo su equipo militar y suministros, incluyendo las catapultas que habían hecho un gran servicio en el pasado. Esto no puede atribuirse a sus oponentes árabes, sino que más bien fue causada por un rumor que le alcanzó de que uno de su familia había llegado a La Meca con la intención de venir a Yemen para desplazarle. La respuesta típicamente enérgica de Tugh-Takīn fue quemar su material y precipitarse inmediatamente a Yemen, donde se encontró con que el rumor no tenía fundamento.

Tugh-Takīn murió en septiembre de 1197 en al-Mansūra, su nuevo complejo palatino al sur de Ta‛izz. Su muerte fue ocultada hasta que se cuerpo pudiera ser llevado a Ta‛izz donde fue enterrado en la ciudadela de la ciudad durante algún tiempo. Más tarde, su hijo Ismā‛īl adquirió la casa, en Ta‛izz, de Sunqur, el futuro atabak y la hizo madrasa y mausoleo para su padre.

7. El reinado de Ismā‛īl (1197-1202) 

Como hijo mayor de hecho el único hijo de Tugh-Takīn en haber llegado a la madurez antes de la muerte de su padre Ismā‛īl, sin duda, fue seleccionado pronto, como sucesor de su padre. Quizá fue para prepararlo para este papel por lo que fue nombrado gobernador de Kaukabān, cuando fue llevado por Tugh-Takīn en 1190; pero cuando más tarde fue ignominiosamente derrotado por una tropas relativamente pequeña de árabes, su posición en la estima de su padre probablemente disminuyó mucho. Los historiadores más antiguos están de acuerdo en que existía un alejamiento entre padre e hijo que fue mucho más profundo, hasta el punto de que Tugh-Takīn comenzó a temer por su propia vida. El escritor más antiguo en hablar de su causa, Yākūt, solo dice que algo en Ismā‛īl, que Tugh-Takīn encontró censurable le obligó a enviarle fuera de Yemen. Algunos historiadors tardíos afirman que la causa fue era la desviación de Ismā‛īl de la ortodoxia sunní, o su tendencia hacia el shī‛ismo, o peor aún, una manifestación de adhesión al ismā‛īlismo batiní. No existen evidencias positivas que apoyen cualquiera de esa acusaciones. Escritores más sobrios solo dicen que él y su padre estuvieron en desacuerdo y se enojó.

Cualquiera que fuera la razón, Tugh-Takīn envió a Ismā‛īl fuera de Yemen, en dos o quizá tres ocasiones separadas. En 1192 Ismā‛īl fue a La Meca para la peregrinación y luego, con la caravana de peregrinos sirios a Damasco, donde fue bien recibido por Salāh al-Dīn. Con él había llevado una carta de su padre a su tío, pero éste estaba afectado por su enfermedad terminal el día después de saludar a Ismā‛īl y murió unas dos semanas después, de modo que no pudo ser tratado ningún negocio. En ninguna parte se afirma que Ismā‛īl regresó directamente a Yemen. De acuerdo con algunos autores visitó Bagdad. Si Ibn Nazīf está en lo cierto al decir que Ismā‛īl solo dejó Yemen dos veces, debe haber ido a Bagdad desde Damasco. En su defecto, la visita a Bagdad pudo haber sido un viaje desconocido para Ibn Nazīf.

La última partida de Ismā‛īl de Yemen fue en 1197. Los historiadores difieren sobre los detalles de su viaje, pero el núcleo de los relatos más fiables es que dejó Yemen a causa de la enemistad entre él mismo y su padre. Había intentado ir con sus parientes en Siria, pero solo llegó hasta la frontera norte de Yemen cuando fue alcanzado por alguno de los mamelucos de su padre, que le informaron de su muerte, y le invitaron a regresar y tomar el trono.

Ismā‛īl aceptó y retornó a Zabīd el 3 de octubre. Después de unos días partió hacia Ta‛izz y luego, al mes siguiente, a Dhū Jibla, donde se encontró con Abū Zabā, virrey de su padre en Sana y las tierras altas. Abū Zabā se había encerrado, en primer lugar, en al-Ta‛kar, el fuerte sobre Dhū Jibla, pero pronto fue persuadido para bajar y rendir homenaje a Ismā‛īl. Su ejemplo fue seguido por la totalidad de las restantes tropas ayyubíes de Yemen. Ismā‛īl y Abū Zabā subieron después a Sanʽāʼ juntos, pero tan pronto como se presentó una oportunidad, Ismā‛īl arrestó abruptamente y ejecutó al mameluco de su padre (entre noviembre y diciembre de 1197). Después de nombrar un nuevo gobernador en Sanʽāʼ, Ismā‛īl regresó a Ta‛izz. Aunque, en principio, todos los emires aceptaron a Ismā‛īl, el asesinato de Abū Zabā, confirmó las sospechas que algunos tenían de su carácter desquilibrado.

Casi simultáneamente, el imam zaydí al-Mansūr billāh renovó su da‛wa en Yemen nororiental con amplio apoyo de los árabes de esa región y también de los anteriormente pro-ismā‛īlíes Banū Hātim, antes gobernantes de Sana. Al-Mansūr se desplazó hacia el sur a Kaukabān. Muchos de los oficiales de alto rango del ejército de Ismā‛īl comenzaron a desertar al campo del imām, incluyendo al importante Jakū, que fue nombrado comandante de las tropas del imām. Otro fue Shams al-Khawāss, comadante del ejército de Ismail. En octubre de 1198 el imām y Jakū consiguieron ocupar Sanʽāʼ, aunque Shams al-Khawāss cambió de nuevo su lealtad e intentó resistir su entrada ante la ciudad. El imām mantuvo San‛ā’ durante cuatro meses. En enero de 1199 él y Jakū asaltaron y tomaron Dhamar, dotándoles de una base para un ataque sobre la capital de Ismā‛īl, Ta‛izz.

No obstante, el mes siguiente, su intento de marchar al sur fue impedido por Ismā‛īl que derrotó y mató a Jakū; como resultado el imam no consiguió mantener San‛ā’, y fue obligado a regresar al norte de Yemen. Sus éxitos hasta ese momento habían sido posibles solamente debido a la defección de un cuerpo sustancial de las tropas ayyūbíes ghuzz. Sin estas y el liderato militar de los comandantes ayyūbíes fue incapaz de lograr ningún éxito importante durante el resto del reinado de Ismā‛īl.

Por otra parte, Ismā‛īl, no consiguió hacer ninguna incursión permanente en el territorio controlado por el imam. Tuvo que contentarse con animar rebeliones fallidas allí, por otro dos zaydíes.

En junio de 1199, Haldarī, antiguo oficial ayyūbí que se había convertido en un fugitivo en Yemen noroccidental, se unió al imām y fue hecho comandante de sus tropas. Inmediatamente fue fundamental para sofocar una rebelión contra al-Mansūr por un rival zaydí, Yahyā b. al-Mutawakil que había sido alentado por el gobernador ayyūbí de San‛ā’.

Al año siguiente, en 1199-1200, el arresto por parte de Ismā‛īl del Hātimí Bishr b. Hātim llevó a una ronda de combates entre las fuerzas del imām e Ismā‛īl. El primero obtuvo una importante victoria al tomar al-Jannat, la fortaleza más septentrional de los ayyūbíes en el país alto, pero fracasó en llevar la ofensiva hasta el final, debido a que los hātimíes habían entablado negociación con Ismā‛īl para la liberación de Bishr. Quizá debido a este fracaso, Ismā‛īl rompió las negociaciones y subió a las tierras altas para poner asedio a Kaukabān. Hacia julio de 1200, ambas partes estaban desgastadas hasta el punto de que se acordó que Kaukabān debería ser devuelta a Ismā‛īl a cambio de la liberación de Bishr. Entonces Ismā‛īl regresó al sur.

En marzo-abril del año siguiente (1201) Ismā‛īl se proclamó califa, como descendiente del último califa omeya en el este. Visto con ojos modernos, este acto puede verse como síntoma de una megalomanía, ya desarrollada totalmente, sobre todo cuando se consideraba en conjunto con los indicios de crueldad y traición, cada vez más caprichosos, de Ismā‛īl. Su pretensión puede haber sido un intento, bien sincero, o bien cínico, para rivalizar con el prestigio religioso del zaydí al-Mansūr; pero la poesía producida en justificación de la reclamación de Ismā‛īl también denota una extrema hostilidad hacia los ‛abbāsíes, suscitada por alguna disputa no especificada con el califa an-Nāsir en Bagdad.

En cualquier caso, el resultado de las pretensiones de Ismā‛īl, combinadas con su crueldad y el descuido de sus tropas, iba a suscitar una serie de motines contra él, que finalmente llevaron a su muerte. El primero de estos fue el de Wardashār, que partió de ‛Aden a prncipios de 1202 para unirse al imām en Sa‛da. Su viaje fue detenido temporalmente en adh-Dhanā‛ib por el comandante del imām, Haldarī, quien, con el estímulo del califato abbāsí, esta esperando ahora vencer tanto al imām como a Ismā‛īl, y establecerse como gobernante de Yemen.

No obstante, el apoyo de Haldarī tuvo pequeñas consecuencias para Ismā‛īl, en comparación con la siguiente perdida de lealtad de Sunqur, uno de sus oficiales más importantes, que se amotinó con gran parte del ejército ayyubí. Las fuerzas de Sunqur derrotaron a Ismā‛īl, cuyas tropas restante mostraron poco entusiasmo en su nombre y le persiguió hasta Zabīd.

Por abril de 1202, Ismā‛īl había recuperado su compostura y partió desde Zabīd para enfrentarse a Sunqur otra vez. Por esta época, no obstante, ya no tenía el apoyo de las tropas que le quedaban. A unos pocos kilómetros de Zabīd, sus emires principales le atacaron y mataron, mientras que el resto del ejército observaba. Su muerte desató una lucha por el poder dentro del ejército. Finalmente, la fachada de unidad del ejército ayyūbí fue preservada solo a través del reconocimiento por todos los partidos del hermano menor de Ismā‛īl, an-Nāsir Ayyūb, solo un niño, como sultán titular, con Sunqur como gobernante de facto.

El reinado de Ismā‛īl estuvo marcado por dos procesos principales: la desintegración del ejército ayyubí en Yemen, y la resurrección de la resistencia nativa a la ocupación ghuzz del país. Estos dos procesos eran, en cierta medida, mutuamente dependientes y ambos tenían causa común en la incompetencia e inestabilidad mental de Ismā‛īl. Los éxitos de los árabes liderados por al-Mansūr se consiguieron principalmente a través de las habilidades de las tropas y oficiales ghuzz que se le unieron; sin sus refuerzos no parece probable que sus seguidores árabes hubieran sido capaces de prevalecer contra las tropas profesionales del ejército de Ismā‛īl, o que hubieran tenido bastante autoconfianza para enfrentarse a las tropas ayyūbíes en batalla. Además, las deserciones del ejército de Ismā‛īl hicieron para él difícil montar una ofensiva sostenida contra al-Mansūr. Por el contrario, la misma existencia del movimiento del imām alentó la dispersión del ejército ayyūbí. Al-Mansūr proporcionó a los desafectos comandantes ghuzz una alternativa a la sumisión a la tiranía de Ismā‛īl y un refugio de su poder. Quizá alguno de los rebeldes encontraron en la da‛wa de al-Mansūr una justificación para su motín, pero parece más probable que la mayoría de los líderes rebeldes, como Jakū y Haldarī, vieran el movimiento del imām como base para expulsar a Ismā‛īl y suplantarle como gobernante de Yemen.

No obstante, ambos procesos se produjeron por el propio carácter de Ismā‛īl. Sus oficiales amotinados no fueron llevados a la rebelión por la atracción de la da‛wa de al-Mansūr, o para ser sinceros, a causa de su propia ambición, sino que más bien fueron obligados a ello por su temor a la traición de Ismā‛īl. Como para al-Mansūr, cualquiera que pudiera ser la relación cronológica entre su decisión de reclamar el imāmato y la muerte de Tugh-Takīn, es difícil creer que su campaña inicial no fue un intento por tomar ventaja de la supuesta debilidad del régimen ayyubí bajo Ismā‛īl, quien como gobernador de Kaukabān para su padre, había sido previamente derrotado de manera ignominiosa por un levantamiento árabe. De haber sido sucedido Tug-Takīn por un heredero con su misma habilidad y energía, que fuera igualmente adepto almantenimiento de la lealtad de su ejército, al-Mansūr pronto habría sido forzado a volver al retiro en el que había pasado la mayor parte de su carrera duratne la vida de Tugh-Takīn.

8. El final de la dominación ayyubí de Yemen (1202-1229)

Después del asesinato de Ismā‛īl, Sayf al-Dīn Sunqur, que se encotraba en la fortaleza de Hajja, volvió y se hizo con el joven hermano del sultán, asumiendo su protección y educación como soberano, el cual adoptó el título de al-Malik an-Nāsir Ayyūb b. Tugh-Takīn (1202-1214). An-Nāsir estaba en Ta‛izz, y restauró la khutba en nombre del califa de Bagdad; perdonó a los líderes rebeldes ghuzz, y nombró a sus dos jefes gobernadores, uno en San‛ā’ y el otro para el resto de Tihāma, excepto Zabīd y al-Ka‛dra. La población de San‛ā’ se levantó contra el nuevo gobernador, el antiguo rebelde Wardashar, cogió a todos los ghuzz en la ciudad, pero este la puso bajo asedio. El atabak llegó a Jibla en 1202, involucrando a Wardashar para que se uniera a él contra los ghuzz que tenían la posesión de Zabīd. Estos salieron hasta Qurtub para enfrentarse con Sunqur, quien les derrotó y quedó como señor de todo el país marítimo, con Zabīd.

En 1208, el atabak lanzó un ataque sobre Beraqish, y se libraron varias batalla entre el imām y el gobernador de San‛ā’. Finalmente hicieron la paz con una condiciones onerosas para al-Mansur. Wardashar murió en Semdan en 1213; el atabāk Sunqur le había precedido ya en 1211. An-Nāsir nombró entonces como su visir a un cierto Badr al-Dīn b. Jībrīl, quien le comprometió en una guerra con el imām al-Mansūr; y a su llegada a San‛ā’ le envenenó, envió su cadaver a Ta‛izz, y le enterró en el mausoleo al sur de la plaza de armas de la ciudad. Luego se animó a ser rey, y dejó San‛ā’ para ir a Ta‛izz. A su llegada a Sahūl, los montañeses árabes rodearon su séquito y saquearon su equipaje. Cuando llegó a Ibb, la madre de an-Nāsir, que estaba en Habb, incitó a sus mamelucos a atacarle, quienes lo mataron y llevaron su cabeza a Habb, y enterraron su cuerpo sin cabeza.

El asesinato de An-Nāsir Ayyūb tuvo lugar en 1214. Entonces el sultán Hātim b. Ahmad capturó los castillos de Bayt-Nam, Qidda, Dhafar, Fass y Manaa; mientras el imām al-Mansūr entraba en San‛ā’, los ghuzz la abandonaron para ir a Birash y Sulaymān b. Musa salió de Dhammar y tomó Lahj.

En esa época al-Muzaffar Sulaymān, bisnieto de un hermano de Tugh-Takīn, llegó como peregrino a La Meca, y la madre del asesinado an-Nāsir Ayyūb, que había venido a Ta‛izz, le invitó a Yemen para que la protegiera, pues temía que se produjeran ataques de las tribus árabes, intentando aprovechar el vacío de poder. Él aceptó el ofrecimiento, llegó a Ta‛izz y asumió la soberanía ese mismo año, pero al poco se abandonó a los placeres y el imām tomó Dhammar, así como Kaukabān.

El sultan de Egipto, al-Adīl, hermano de Salāh al-Dīn, siendo informado del asesinato de ambos hijos de Tugh-Takīn, envió a su propio nieto, llamado Salāh al-Dīn Yūsuf al-Mas‛ūd, hijo de al-Kāmil Muhammad, con un numeroso ejército y un abundante tesoro para gobernar sobre el país, siendo aún adolescente. El sultán además nombró al eunuco Jamāl al-Dīn Fulayt, para ser atabāk del joven príncipe, y ministro general. Al-Ādil escribió al emir Shams al-Dīn ‛Alī, hijo de Rasūl, y a otros emires de Yemen, ordenándoles que le dieran su apoyo fiel y fueran diligentes en lo que correspondía a su servicio. Cuando Salāh al-Dīn Yūsuf llegó a Zabid el 2 de mayo de 2015, se estableció en la casa de gobierno, y debido a que sus tropas estaban agotadas por el viaje, envió a Sulaymān, que estaba entonces en Ta‛izz, un mensajero para tratar la paz con el ofrecimiento de que las tierras altas pertenecerían a Sulaymān y las bajas a al-Mas‛ūd. Pero tan pronto como el emir Badr al-Dīn Hasan, hijo de ‛Alī b. Rasūl, tuvo noticia de esto, se presentó ante el joven y le instó a que subiera a Ta‛izz. Así lo hizo y acampó frente a la fortaleza. Badr al-Dīn le aconsejó que se dirigiera a las tropas de Sulaymān para prometerles el perdón, a cambio de la entrega del sultán. Así lo hicieron y llevaron a al-Muzaffar Sulaymān atado, el cual fue enviado a Egipto. Se produjo su ascenso el 10 de junio de 1215.

El atabāk de al-Mas‛ūd, Jamāl al-Dīn Fulayt, fue enviado a San‛ā’ a la guerra contra el imam al-Mansūr, en septiembre de 1215, la cual no terminó hasta la muerte de éste el 20 de abril de 117. A continuación, también murió el atabāk sobre el 20 de abril del mismo año, siendo enterrado en San‛ā’, el 18 de julio de 1217. Entonces al-Mas‛ūd depositó su confianza en los hermanos rasūlíes, a los que estableció en las provincias más importantes como gobernadores. Situó a Badr al-Dīn en San‛ā’, concediéndoselo como feudo. También a Nūr al-Dīn sobre los fuertes del país de Wasāb, donde residió un tiempo. Después le nombró gobernador de La Meca, donde permaneció otro periodo. Aún se encontraba allí en 1222, pero en esta fecha nació su hijo al-Muzaffar Yūsuf b. ‛Umar, apodado el Mequí. Cuando le cesó del gobierno de La Meca, le hizo atabāk y controlador de los asuntos del reino.

Una vez que el país estuvo en paz, al-Mas‛ūd emprendió un viaje a Egipto (10 de octubre de 1223) dejando a Nūr al-Dīn ‛Umar b. ‛Alī como su lugarteniente, con poderes de virrey. También dejó al hermano de este último, Badr al-Dīn, como gobernador de San‛ā’. Entonces se produjo la rebelión de un tal Ya’zum al-Sufí, en Haql, en el territorio de Zabīd, y la montaña de Banū Muslīm, llamada Sahammer, convocando al pueblo, congregando en torno a él a los sectores más pocre de la población. Entonces Nūr al-Dīn ‛Umar marchó contra él, teniendo a su lado a Rāshid b. Muzaffar b. Harish. Tuvo lugar la batalla contra Ya’zum, en la que este obtuvo la victoria (1225), muriendo allí Rāshid. A pesar de ello, sus mentiras quedaron al descubierto y perdió el apoyo popular, teniendo que huir de un sitio a otro.

Despues de eso tuvo lugar la batalla de ‛Usr, entre Badr al-Dīn y el sharīf ‛Izz al-Dīn Muhammad, hijo del difunto imam al-Mansūr. El sharīf reunió 700 jinetes y 2000 soldados de infantería, con el objetivo de hacerse con San‛ā’, al haber acudido su gobernador, Badr al-Dīn en auxilio de su hermano, Nūr al-Dīn, al saber de su derrota. Pero en cuanto el emir tuvo noticia de la amenaza de ‛Izz al-Dīn, regresó acompañado de su hermano. Cuando llegaron, también lo habían hecho Sālim b. ‛Alī b. Hātim, y ‛Alwan b. Bishr b. Hātim, con caballería e infantería desde Dhamarmar, y ‛Arush, protegiendo así la ciudad. ‛Izz al-Dīn ya había acampado en ‛Usr y se expuso para la batalla, bajando con el intento de atacar San‛ā’. Entonces la guarnicion salió, y los Hamdāníes que estaban con ellos. Tuvo lugar una escaramuza en la mañana del 20 de julio de 1226, continuando a lucha hasta que se levantó el sol. Entonces atacaron los hermanos Rasūlíes, quienes masacraron las tropas de ‛Izz al-Dīn, muriendo éste de un flechazo en un ojo.

Cuando llegó la noticia a al-Mas‛ūd, que estaba en Egipto, regresó rápidamente a Yemen. Llegó a Ta‛izz el 20 de febrero de 1227, donde permaneció casi cinco meses y después se fue a al-Janad, y cayó sobre los rasūlíes súbitamente, capturó a Badr al-Dīn, a Fakhr al-Dīn Abū Bakr b. ‛Alī y a Sharāf al-Dīn Mūsa b. ‛Alī a los que encarceló ya que temía que los éxitos militares de estos pusieran en peligro la supremacía ayyubí en Yemen. Sin embargo, después de un tiempo, recuperada su confianza liberó a Nūr al-Dīn, e incluso le nombró lugarteniente de nuevo con ocasión de su segundo viaje, y atabāk de sus tropas. Mandó a sus hermanos prisioneros a ‛Aden, y posteriormente le envió por mar a Egipto bajo vigilancia y con grilletes.

Al-Mas‛ūd le dejó a cargo de los asuntos de estado mientras que él iba a Haqlu Yahsib y tomó posesión del país de los Banū Sayf en noviembre de 1227., permanciendo allí unos tres meses, y luego regresó a Ta‛izz, donde residió un tiempo hasta que decidió volver a Egipto, dirigiéndose a Zabīd. A continuación partió en direccion a Siria en 1228 o febrero de 1229. El motivo fue la muerte de su tío ‛Isa b. Abū Bakr b. Ayyūb, gobernante de Damasco, así que al-Kāmil le escribió ofreciéndole esta ciudad. De modo que se dispuso a partir a pesar de que había enfermado. Convocó a su atabāk, Nūr al-Dīn ‛Umar b. ‛Alī b. Rasūl, y le nombro lugarteniente en Yemen. Al-Mas‛ūd preparó su viaje con un boato sin precedentes. Se llevaba consigo eunucos, esclavos, innumerables piezas de ropajes preciosos, perlas gemas obras de aresanía en tal cantidad que los 70 barcos que había eran insuficientes para todas las mercancías.

Pero cuando al-Mas‛ūd partió de Yemen y llegó a La Meca, su enfermedad había empeorado. Se quedó en esta ciudad varios días hasta que murió allí el 15 de abril de 1228, pero otro autor dice que murió envenenado en La Meca, a la edad de 27 años. Su esclavo el emir Husām al-Dīn Lu‛lu’, continuó con los hijos de su señor, sus posesiones y todo su séquito a Egipto. Para gobernar San‛ā’ había nombrado a Najm al-Dīn Ahmad b. Abū Zakariyya, y como lugarteniente de todo el Yemen, como ya se dijo al emir rasūlí Nūr al-Dīn ‛Umar b. ‛Alī b. Rasūl. Con él comienza una nueva línea de gobernantes, la de los emires, más tarde califas, rasūlíes de Yemen.


 
Genealogía de los Ayyubíes de Yemen y figuras principales de la dinastía

9. Conclusiones

Surge la cuestión de si el colapso del estado ayyūbí de Yemen fue una mera contingencia, un resultado evitable de la fortuita ascensión de un megalómano incompetente, o si no había factores inherentes que finalmente habrían llevado al mismo resultado. La respuesta debe ser que, aunque un gobierno sabio pudo haberlo pospuesto durante un tiempo, el colapso de la unidad que se había impuesto en Yemen era más pronto o más tarde, inevitable. Se hizo así, por la geografía del país, así como por la naturaleza del régimen ayyūbí allí. El ejército ayyūbí en Yemen estaba formado, al parecer, en gran medida, por mamelucos, ligados a su comandante solo por razones personales. La propensión a la desintegración de un ejército mameluco, especialmente como resultado de la sucesión de un nuevo gobernante, está ampliamente demostrado por la historia del Egipto mameluco. Allí, no obstante, la división en el ejército se establecía siempre por la derrota de una parte y la restauración de la unidad por los vencedores, mientras que en Yemen la dificultad de movimiento, en terreno accidentado, y la resistencia y la casi inaccesibilidad de sus muchas fortalezas de montaña, hacían posible para incluso una pequeña fracción del ejército ayyūbí resistirse a ser llevado de vuelta a la obediencia. Además, en Yemen, al contrario que en Egipto, la población sometida llevaba armas y estaba acostumbrada a la guerra, y siempre estaba lista para tomar ventaja de la debilidad en el poder para recuperar su propia independencia.

Vista con esta perspectiva, es la unificación de Tugh-Takīn de Yemen la que debe se considerada como una anomalía fortuita. Su concienzuda conquista fue posible debido solamente a su superior competencia como comandante y líder militar, y su posesión de un ejército compuesto en gran medida por mamelucos leales a él. No era de esperar que loa sucesores de Tugh-Takīn fueran siempre hombres de su mismo calibre. El hecho de que su hijo mayor fuera un gobernante extraordinariamente malo solo adelantó un colapso que era, en cualquier caso, inevitable, tan pronto como un hombre de habilidades simplemente normales llegara al poder.



BIBLIOGRAFÍA:

BATES, MICHAEL LAWRENCE: Yemen and its conquest by the Ayyubids of Egypt (A.D. 1137-1202). 1975, University of Chicago.

ALI b. AL-HASAN A-KHAZRAJI:  The Pearl-Strings. A history of the Rasulid dynasty of Yemen. Traducido por Sir J.W. Redhouse. Vol. I.1906