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domingo, 25 de febrero de 2018

Los intentos de independencia de Cataluña (I): La revuelta catalana contra Juan II de Aragón (1462-1472)

1. Antecedentes: el conflicto social en Cataluña bajo el reinado de Alfonso V

Cataluña conoció durante el reinado de Alfonso V, graves trastornos sociales. El más significativo fue el de los payeses de remensa (campesinos que para poder abandonar el señorío tenían que pagar una redención o remensa), que en realidad se había iniciado bastantes años atrás y que, por otra parte, duró nada menos que hasta el reinado 1486, cuando era rey de Aragón Fernando el Católico, y el que opuso, en el ámbito de la ciudad de Barcelona, a la Biga y la Busca.

a) Los payeses de remensa

La crisis en el campo arrancaba de las últimas décadas del siglo XIV y sobre todo del período 1380-390. La caída de las rentas señoriales, derivada, sin duda de la depresión del siglo XIV, había empujado a muchos señores de la tierra a poner en práctica los malos usos, lo que constituía una ofensa para los labriegos. Los efectos de la crisis entre los campesinos, por el contrario, eran muy desiguales, ya que un sector del campesinado, sin duda, el más rico, se había visto beneficiado. En cambio, empeoró notablemente la situación de los payeses más modestos, en particular los de las zonas montañosas, los cuales se convertirían, a la larga, en el ala radical del movimiento de protesta. Los objetivos de los payeses eran muy variados. Por una parte, intentaban garantizar la posesión de aquellas explotaciones que se habían acrecentado, gracias a la incorporación de los masos ronecs, es decir, las tierras abandonadas por los efectos de la crisis, y por otra pretendían alcanzar la libertad de los remensas. De todos modos mientras los payeses más acomodados preferían llevar la lucha por el terreno de las negociaciones de carácter sindical, los más pobres, por el contrario, defendían como únic avía para alcanzar los fines previstos la lucha armada.

Alfonso V tomó partido en el conflicto del campesinado catalán, por lo general en beneficio inequívoco de los payeses. A partir del año 1446, la monarquía aragonesa lanzó una ofensiva claramente antioligárquica que se tradujo, paralelamente, en una actitud filoremensa. Esta política favorable a los campesinos coincidió con la agitación en el medio rural, nuevamente perceptible en el año 1447. Por de pronto, se aprobó por parte de la corona, una reglamentación de las reuniones que celebraban los payeses. Dicha medida hizo posible la puesta en marcha, al poco tiempo, de un sindicato remensa. De todos modos, hay momentos en los que se observan ciertas vacilaciones de la corona, motivada por la reacción de la oligarquía, pero la presencia como lugarteniente general de Cataluña, bajo la tutela de la reina María, de Galcerán de Requesens, que ocupó el puesto en octubre de 1453, benefició notablemente a los campesinos. El día 5 de octubre del año 1455 se acordó la aprobación de la denominada Sentencia Interlocutoria, que en la práctica suponía la supresión de todas las servidumbres rurales, incluidos, pro supuesto, los malos usos. por de pronto los remensas recibían la posesión de la libertad que habían venido reclamando desde tiempo atrás. Ciertamente, al año siguiente, 1453, como consecuencia de la ofensiva de los poderosos en las Cortes de Barcelona, hubo un ligero retroceso de la política regia en ese terreno, dejándose en suspenso la aplicación de la mencionada Sentencia Interlocutoria, pero en septiembre de 1457 fue restablecida. 

b) La Biga y la Busca

El otro gran conflicto social, éste desarrollado básicamente, los últimos años delr einado de Alfonso V, fue el que enfrentó, en la ciudad de Barcelona, a la Busca y la Biga, dos plataformas que aglutinaban a grupos sociales diversos. La Busca tenía un carácter más popular, pues reunía en su seno a los sectores ligados a la producción industrial, en particular al de fabricantes de tejidos, y a los comerciantes de rango medio. La Biga, en cambio, estaba integrada por el sector más rico de los comercianes. Hubo, no obstante, excepciones. Una de ellas nos la proporciona la familia de los Deztorrent. Aunque el origen de su fortuna se había generalizado, según todos los indicios, en la práctica del comercio, los Deztorrent eran, a mediados del siglo XV, al mismo tiempo caballeros, ciudadanos honrados y mercaderes. Asimismo, una hábil política matrimonial les había permitido enlazar con grandes hombres de negocios, como los Casasaja, conocidos banqueros, pero también con linajes  nobiliarios como los corbera. Así pues, se trataba de una familia de la alta burguesía catalana. Sin embargo, en agudo contraste con esa situación, los Deztorrent no solo apoyaron la causa monárquica sino que uno de sus más destacados miembros, Pere Senior, militó en el partido de la Busca.

Sin duda alguna, los ciutadans honrats, es decir los sectores próximos a la Biga, habían controlado tradicionalmente el poder en el gobierno municipal de la ciudad de Barcelona. Ahora bien, las protestas contra el gobierno de los mencionados ciutadans honrats, por parte de los grupos populares, se hicieron oir desde 1425 en adelante. sin duda influyó en ello la crisis de ese año, que se tradujo en una caída de los salarios y en un incremento del paro. Más aún, las graves dificultades económicas de la década 1440-1450, perjudicaron notablemente a la Biga. Frente a ella, la Busca reclamaba la toma de medidas drásticas para acabar con la crisis, entre las que destacaban la realización de una política económica proteccionista y el saneamiento de la maltrecha administración municipal.

Las críticas por parte del pueblo menudo a la oligarquía gobernante en Barcelona habían ido creciendo, alcanzando una gran fuerza desde la primavera del año 1451. Un incidente particularmente grave estalló en septiembre de ese año, con motivo del envío a Mallorca de la denominada galea de guardia, que tenía como finalidad ayudar a los ciudadanos de Palma en su lucha contra los forans, es decir, los habitantes de las restantes villas. Ante las protestas populares los consellers ordenaron el regreso de la citada galera. Las tensiones entre la Biga y la Busca, por lo tanto, iban en aumento. Un importante paso adelante en el fortalecimiento de la Busca fue la constitución, en el año 1452, del llamado Sindicato de los tres Estamentos y Pueblo de Barcelona, que agrupaba a los mercaderes, los artesanos y los artistas.  En un primer momento al Alfonso V se había negado a conceder autorización para la creación de dicho sindicato, quizá por temor a que pudiera surgir en Barcelona una revuelta parecida a la de Mallorca de los forans, pero finalmente, en junio de 1452, lo permitió. Ni que decir tiene que aquel acontecimiento fue un duro golpe para los sectores privilegiados de la ciudad de Barcelona.

No obstante, el hecho decisivo para el acceso de la Busca al poder municipal de Barcelona fue la presencia como lugarteniente real en Barcelona de Galcerán de Requesens. En noviembre de 1453 la Busca lograba llegar al poder, aunque ciertamente, quien en esos momentos actuaba no era el sector radical, sino la fracción moderada de la misma. los triunfadores inmediatamente comenzaron a poner en marcha las reformas previstas. No fue posible proceder a una rápida devaluación monetaria, como se había previsto en un principio,pero en cambio se acordó establecer una política de claro signo proteccionista, amparada en un Acta de Navegación. Asimismo se procedió a democratizar el gobierno municipal, estableciendo igual número de representantes para cada uno de los cuatro estamentos en el Consell de Cent.

La Biga reaccionó, utilizando a su favor, entre otros elementos, el inevitable desaliento de gran parte del pueblo menudo, que no había visto el fin de sus desdichas con el acceso al poder de la Busca. La Biga terminará por constituir uno de los elementos básicos de la futura evolución catalana contra Juan II, que sucedió en el trono aragonés a Alfonso V en 1458. Dicho enfrentamiento fue la manifestación de una grave crisis interna en la sociedad en relación con una depresión económica, tanto en el siglo XIV como en el XV; es la oposición entre dos conceptos distintos de dirigir el desarrollo del país y su gobierno, y por fin es una de las principales causas de una cruel guerra civil de diez años, surgida, encauzada y mantenida desde Barcelona que consiguió arrastrar a gran parte de Cataluña.



2. Juan II, rey de la Corona de Aragón (1458-1479)

El fallecimiento sin hijos legítimos de Alfonso V el Magnánimo en 1458, permitió que fuera coronado rey de los territorios que integraban la corona de Aragón su hermano Juan, el cual se convirtió en Juan II de Aragón. Éste se enteró de la muerte de su hermano el día 15 de julio de 1458, mientras se hallaba en la localidad navarra de Tudela. Es posible, como ha apuntado el historiador Jaime Vicens, que Juan recibiera la noticia de la muerte de su hermano con cierta alegría, en parte como consecuencia de los muchos años que ambos hermanos llevaban separados. Lo cierto es que unos días después Juan II juró en la seo de Zaragoza, en su condición de monarca de Aragón, los fueros de dicho reino.

El nuevo monarca aragonés contaba en su haber con un amplísima experiencia política. en efecto, Juan II había tenido un indudable protagonismo, tanto en tierras de la corona de Castilla como en el reino de Navarra, sin olvidar su actuación en las islas del entorno italiano. Juan II, hijo de Leonor de Alburquerque y de Fernando de Antequera, el que llegó a ser, posteriormente, primer monarca de la dinastía Trastámara en Aragón, había nacido en 1398 en la villa castellana de Medina del Campo. Así pues, en el momento en que fue proclamado rey de Aragón tenia nada menos que sesenta años de edad, situación nada frecuente en los tiempos medievales. al marchar su padre hacia Aragón en 1412, tras la resolución adoptada en el compromiso de Caspe, el infante Juan se convirtió en uno de los dirigentes del bando aragonés en Castilla. 

La instalación de la dinastía Trastámara en la corona de Aragón le posibilitó proyectar su actividad política en aquellos territorios. Los primeros pasos los dio en el Mediterráneo: en 1415 fue nombrado lugarteniente general de Cerdeña y Sicilia, cargo en el que estuvo hasta 1416. Años más tarde ocuparía la lugartenencia en los reinos de Aragón y de Valencia y, desde 1454, la de Cataluña. Su actividad en tierras del principado, desarrollada en el contexto de una aguda crisis económica y social, se decantó claramente a favor de los buscaires y de los payeses de remensas, es decir, de los sectores populares de la ciudad y del campo. Esa actitud explica los serios problemas que tuvo el lugarteniente Juan con las Cortes de Cataluña, y en particular con los grupos aristocráticos del Principado, los cuales se opusieron rotundamente a las medidas que adoptó en aquellos años.

Por otra parte, su matrimonio con Blanca de Navarra, que tuvo lugar en 1419, le permitió ser, en 1425, rey consorte de aquel territorio y, desde 1441, tras el fallecimiento de su esposa, monarca efectivo. En su testamento, Blanca de Navarra dejaba el reino a su hijo Carlos, si bien le pedía a éste que no tomara el título sin el previo consentimiento de su padre. Carlos había nacido en 1421 adoptando, dos años después, el título de príncipe de Viana. No obstante, pronto surgieron serias desavenencias entre Juan de Navarra y su hijo Carlos de Viana. Por si fuera poco el problema se agravó debido a que el enfrentamiento entre padre e hijo conectó inmediatamente con la división existente en tierras de Navarra entre el bando de los beamonteses y el de los agramonteses. Los primeros, gentes de la montaña, dedicados preferentemente a actividades ganaderas, apoyaron la causa de Carlos de Viana, en tanto que los agramonteses, procedentes de la llanuras y por lo tanto agricultores, se pusieron del lado de Juan.


Juan de Navarra lanzó una ofensiva en 1451, de la que resultó preso su hijo Carlos. No obstante Carlos de Viana salió libre tras el acuerdo de Zaragoza, firmado en 1453. Pese a todo la paz entre los bandos enfrentados de Navarra parecía del todo punto imposible. El ataque beamontés contra Torralba dio lugar a la reacción de Juan, el cual decidió, en 1455, desposeer a su hijo de la herencia navarra. En cambio fue designada heredera su hija Leonor, que casaría con el noble francés Gastón de Foix. En 1456 Carlos de Viana fue a Francia y, posteriormente, se entrevistó con Alfonso V de Aragón, con la finalidad de encontrar apoyos para su causa. Pese a todo, las cortes de Estella, reunidas en 1457, reconocieron a Leonor como heredera del trono. Un año después Juan II accedía a la corona de Aragón. La pugna entre padre e hijo estaba servida, si bien con la novedad de que sus efectos se iban a trasladar desde las tierras navarras a las de Cataluña.

2. Hacia la revolución catalana (1458-1462)

Juan II, por de pronto, se desentendió de la política mediterránea, por la que tanto interés había mostrado su hermano y antecesor en el torno aragonés Alfonso V.  Su mente estaba centrada en Navarra, territorio de donde era rey, como en Castilla, escenario de su nacimiento y de buena parte de sus actuaciones políticas de anteriores décadas. No obstante, los asuntos de Cataluña adquirieron tal contundencia que se convirtieron, a la postre, en el eje indiscutible de su actuación como rey de Aragón.

El rey renovó su juramento en las Cortes de Aragón, celebradas en 1460, al tiempo que su hijo Fernando recibía el título de duque de Montblanch, lo que lo configuraba como sucesor. Ahora bien, desde los inicios de su reinado Juan II tuvo que hacer frente, básicamente, a los problemas suscitados en tierras de Cataluña, los cuales le atenazaron, de hecho, durante todo su reinado. La etapa en la que Juan de Navarra ocupó la lugartenencia general de Cataluña, iniciada en el año 1454, coincidió con el ascenso de la busca al poder municipal. En aquellos años se fue preparando el terreno que iba a conducir, poco tiempo después, a la revuelta catalana contra Juan II. Los sectores privilegiados del principado, es decir, la nobleza, la alta burguesía y un importante sector del clero,  terminaron por sentir vivos recelos hacia la persona del lugarteniente. En otro orden de cosas es preciso recordar que  el nuevo monarca aragonés, después de enviudar de Blanca de Navarra, se había casado, en el año 1447, en segundas nupcias con Juana Enríquez, dama perteneciente a una importante familia de la nobleza castellana. De dicho matrimonio había nacido en 1452 un hijo, Fernando, el futuro rey católico. Juan II de Aragón, por otra parte, tenía una idea firme en lo que a la política internacional se refiere: constituir una gran alianza contra la monarquía francesa, en la que, según sus deseos, deberían de integrarse, además de la corona de Aragón, Portugal, Inglaterra y Borgoña.

El acceso de Juan II de Aragón coincidió con la rebelión de los barones napolitanos contra Ferrante I, hijo bastardo de Alfonso V. Paralelamente su hijo Carlos, que había estado en Nápoles con Alfonso V, y que por esas fechas adoptaba los títulos de "primogénito de Aragón, de Navarra y de Sicilia, príncipe de Viana", pasó a Sicilia. Esa noticia no gustó nada a Juan II, quien solicitó ayuda a las Cortes de Aragón, de Cataluña y Valencia. Al poco tiempo Carlos de Viana regresó a la península, desembarcando en el puerto de Salou. Desde aquella localidad envió una embajada a Juan II de Aragón, exigiendo el libre tránsito del príncipe por cualquier reino de los que componían la corona. Pese al tono exigente del escrito, el 26 de enero de 1460 se firmó la concordia de Barcelona entre Juan II y su hijo Carlos, en la que el padre perdonaba los supuestos desvaríos en que, según él, había incurrido el príncipe de Viana. En realidad, tanto Juan II como el príncipe de Viana habían claudicado, en buena medida, de sus iniciales puntos de vista. No obstante, Carlos, que no dejaba de reclamar el reconocimiento de su condición de primogénito, hizo una entrada triunfal en la ciudad de Barcelona, a finales de marzo de aquel mismo año. Aquel acto no agradó en modo alguno a Juan II, pero pese a todo, padre e hijo se reunieron en Igualada en el mes de mayo, después de siete años de separación, y se fundieron en un abrazo, aunque se supone sin demasiado cariño por parte del monarca. Ese mismo año Juan II convocó las Cortes del reino de Aragón, que comenzaron en la localidad de Fraga, desde donde se trasladaron a Zaragoza y posteriormente a Calatayud. Dichas Cortes llevaron a cabo una importante labor legislativa, que afectaba, obviamente, al reino de Aragón.

De todos modos, las relaciones entre Juan II y su hijo Carlos se fueron enrareciendo. contribuyó a ello también el hecho de que desde Castilla se enviara una embajada que pretendía llevar a cabo el matrimonio  de Carlos de Viana con Isabel, la hermana de Enrique IV. La ruptura definitiva entre Juan II y Carlos se produjo el 2 de diciembre de 1460, fecha en al que el príncipe fue detenido en Lérida, por orden de su padre. El rey de Aragón había convocado Cortes en aquella ciudad catalana. El príncipe Carlos, que no había sido citado para asistir a dicha reunión, se trasladó por su cuenta a Lérida. lo cierto es que tanto la Biga como los grupos aristocráticos, quejosos de la política desarrollada por Juan II en sus años de lugarteniente general de Cataluña, creyeron que había llegado la ocasión de actuar. La prisión de Carlos de Viana la consideraban un acto arbitrario, por cuanto vulneraba claramente las normas tradicionales catalanas. Las Cortes de Lérida, reunidas en torno a  finales de 1460, pusieron de manifiesto la rotunda que se dibujaba entre el rey y los poderosos. Sin duda la prisión de Carlos de Viana actuó como detonante de la revolución catalana.

Es más, solo dos días después de la detención de Carlos de Viana se constituyó el Consell representativo del Principado de Cataluña, institución en la que algunos historiadores han visto una especie de comité de Salud Pública. Integrado por 27 miembros, el citado Consell, instrumento creado conjuntamente por la aristocracia y el patriciado urbano, se atribuía funciones de soberanía popular. Al mismo tiempo encontramos a las masa populares catalanas enardecidas, con frecuencia manejadas por demagogos. En ese clima, y ante el susto de los buscaires, la Biga logró el retorno al gobierno municipal de Barcelona. Un destacado jurista catalán, Joan Dusay se permitió el lujo de afirmar que Juan II había vulnerado numerosas disposiciones legislativas. Crecía el entusiasmo entre los sectores opuestos al monarca aragonés. Las principales aspiraciones de estos grupos hostiles a Juan II eran, por una parte, el reconocimiento de los derechos del príncipe Carlos y, por otra, el establecimiento efectivo de las leyes tradicionales del Principado. Las viejas aspiraciones de los grupos pactistas entroncaban con la herida abierta entre Juan II y Carlos de Viana.

Simultáneamente, la Diputación del General desafió al monarca, convocando un parlamento, a comienzos de 1461, del que emanó una embajada, dirigida a Juan II, en la que le pedían la inmediata liberación del príncipe Carlos, así como que se le otorgara a éste la primogenitura universal, que en justicia le correspondía. Juan II respondió con una rotunda negativa. El día 7 de febrero de 1461 el Consell del Principado, irritado ante la postura adoptada por Juan II de Aragón, dio un importante paso adelante, al proclamar a Carlos de Viana heredero de Cataluña. ese acontecimiento ha sido considerado tradicionalmente como el que marca el inicio de la revolución catalana. Solo unos días más tarde era apresado Galcerán de Requesens, el antiguo lugarteniente de Cataluña, que fue un decidido protector tanto de la busca como de los payeses de remensa. Ni que decir tiene que aquella detención era un triunfo más de los opositores a Juan II.  Incluso en Zaragoza se organizaron grupos favorables a la causa del príncipe Carlos. El rey de Aragón, asustado ante la marcha de los acontecimientos, decidió dar marcha atrás, decretando unos días más tarde, el 25 de febrero, la liberación de su hijo Carlos. Aquella decisión suponía, sin duda alguna, la capitulación de la monarquía ante el levantamiento de Cataluña.

Inmediatamente se abrieron negociaciones entre padre e hijo, las cuales desembocaron en la firma de la denominada Capitulación de Villafranca del Penedés, que fue suscrita por ambas partes el 21 de junio de 1461. En el fondo dicho documento recogía todas las reivindicaciones políticas de la oligarquía desde los tiempos de Pedro IV el Ceremonioso, a finales del siglo XIV. Ciertamente, el rey continuaba poseyendo la plenitud de la potestad real, lo que se traducía en la capacidad teórica tanto para convocar a las Cortes como para nombrar a los oficiales de la corte. Pero al mismo tiempo, ahí radicaba la cuña introducida en las Capitulaciones por los grupos opuestos a Juan II, se ponían importantes frenos al poder real.

Por de pronto el rey de Aragón no podía entrar en el territorio del principado sin una autorización previa de las instituciones consideradas representativas de Cataluña. Asimismo, Juan II delegaba todas sus funciones y el poder ejecutivo en un lugarteniente perpetuo e irrevocable, que sería Carlos de Viana o, en su caso, el infante Fernando. Por último, los nombramientos de oficiales que efectuase el rey tenían que ser aprobados previamente por la Generalitat, el Consell de Cent y el Consell del Principat. Se trataba, en definitiva, de una especie de régimen constitucional, al menos desde la perspectiva de las tradicionales fuerzas pactistas, pertenecientes, como es sabido, a los sectores sociales predominantes. Por otra parte, Juan II mostró un semblante francamente débil, como lo pone de relieve el hecho de que admitiera en ese documento la injusticia con que habían procedido en el pasado sus consejeros, entre los cuales se mencionaba a Galcerán de Requesens. Era, por lo tanto, la aristocracia la que se hacía con el poder, en tanto que los grupos sociales populares quedaban relegados del mismo.

No obstante, en los meses que siguieron a la firma de la Capitulación de Villafranca cambió notablemente la situación en el Principado, lo que benefició al monarca aragonés. Un dato positivo para la causa de Juan II fue, entre otros, la mejora de sus relaciones con Castilla, lo que se plasmó en un acuerdo con Enrique IV, que fue suscrito  el 26 de agosto de 1461. Sin embargo, tuvo mayor trascendencia la muerte del príncipe de Viana el 23 de septiembre de 1461 en Barcelona, al parecer, a consecuencia de una enfermedad pulmonar, aunque inmediatamente circularon bulos que aludían a un posible asesinato, obviamente por orden expresa de su padre. El príncipe de Viana fue llorado por la mayor parte de los catalanes, tanto pertenecientes a los sectores oligárquicos como al pueblo menudo, y se convirtió en poco menos que un mito.  Lo sorprendente del caso es que Carlos de Viana, siendo un navarro, apareciera como el símbolo de las tradiciones de un pueblo, el catalán, que le era totalmente extraño.

Unos días después, el 11 de octubre, Fernando, el hijo de Juan II y Juana Enríquez, fue jurado heredero de la corona de Aragón. En noviembre de aquel mismo año fue enviado a Cataluña con el fin de que se ocupara de la lugartenencia del Principado, aunque en compañía de su madre, pues él solo tenía en esos momentos nueve años de edad. Fernando hizo su entrada solemne en Barcelona el día 21 de noviembre. De todos modos una serie de acontecimientos, que se sucedieron en los meses finales de 1461 y los iniciales de 1462, contribuyeron a precipitar el clima próximo a la guerra civil que se respiraba profundamente por aquellas fechas en las tierras del Principado. La responsabilidad de aquel dramático enfrentamiento recae, en buena medida, en los grandes señores de la tierra, con el conde de Pallars a la cabeza, en los miembros de la Biga y en un importante sector del estamento eclesiástico, pero también en la actitud, con mucha frecuencia pasional, que puso de manifiesto Juana Enríquez,la esposa de Juan II. Ahora bien, el caldo de cultivo de los gravísimos problemas que padeció Cataluña durante el reinado de Juan II fue la profunda crisis demográfica, social y económica que se arrastraba desde tiempo atrás. De ahí nació la revuelta y esta, a su vez, desembocó en la guerra civil.

Las fuerzas realistas, pese a todos los obstáculos que se interponían en el camino, parecían ir recuperando posiciones. En febrero de 1462 se amotinaron los payeses de remensa. Casi al mismo tiempo, un importante contingente de menestrales se dirigió al palacio real de Barcelona, gritando el nombre de Juan II, y ofreciendo su ayuda incondicional al rey de Aragón. Al día siguiente el Sindicato de los Tres Estamentos pedía a Juana Enríquez la vuelta inmediata del monarca y el nombramiento de un oficial real para que presidiese sus reuniones. Por su parte el Consell del Principado tomó la decisión, el día 5 de marzo, de reclutar con la mayor premura un ejército, cuyo objetivo inmediato no era otro sino poner fin a la sublevación de remensa. Unos días después, el 11, Juana Enríquez, temerosa ante los acontecimientos recientes, decidió abandonar Barcelona. Acompañada de su hijo, el príncipe Fernando, se dirigió a Gerona. 

3. La Guerra civil (1462-1472)

La guerra civil catalana enfrentó a los nobles y los patricios que defendían un programa de corte claramente pactista, por una parte, y a los mercaderes buscaires, los menestrales, los payeses sindicalistas y la monarquía, por otra. Si enfocamos ese conflicto desde otra perspectiva, más propiamente relacionada con el ejercicio del poder político, el acento hay que ponerlo en el brutal choque habido entre el autoritarismo monárquico y la oligarquía constitucionalista. De todos modos no es posible presentar la guerra civil catalana de la época de Juan II de Aragón de una manera simplista, como con tanta frecuencia ha sucedido.

Ahora bien, el pactismo político, independientemente de que conectara con las tradiciones específicas del principado, fue de la mano del reccionarismo social. La monarquía, por su parte, transitó por el camino del autoritarismo no porque fuesen sus protagonistas miembros de la dinastía Trastámara, ni menos aún por su origen castellano, sino simplemente porque ése era el ámbito más idóneo, dadas las circunstancias del momento, para intentar salir airosa del peligroso conflicto en que se vio envuelta. En cuanto a los sectores populares, resulta de todo punto lógico que se encarrilasen por la vía del sindicalismo, a la que consideraban la más adecuada para el logro de sus aspiraciones. Al fin y al cabo si el constitucionalismo era la bandera de lucha de la oligarquía el sindicalismo sería la de las clases modestas y populares.

En la primavera de 1462 la guerra civil era una realidad innegable en tierras de cataluña. A finales de abril se descubrió una conjura en Barcelona, la cual, pretendía entregar la ciudad a la reina, Juana Enríquez, y permitir, al mismo tiempo, la entrada de Juan II en Cataluña. Los detenidos, sin duda gentes próximas a la Busca, fueron inmediatamente juzgados. Los más destacados dirigentes de aquella supuesta conjura, entre los que cabe mencionar a Francesc Pallarés y a Pere Deztorrent, fueron ejecutados en el mes de mayo. Lo más grave del caso era que los buscaires eliminados pertenecían a la facción más moderada de aquel sector, lo que suponía cerrar los posibles puentes de diálogo entre la monarquía y las instituciones catalanas. Juan II, ante la avalancha que se venía encima, se vio forzado a pactar con Luis XI de Francia, en mayo de 1462, firmando una cuerdo con el monarca galo en la localidad de Salvatierra, que posteriormente fue ratificado en Bayona. A cambio de la ayuda militar que recibiría del monarca francés, el aragonés pagaría una cantidad a Luis XI, al tiempo que hipotecaba los derechos sobre Rosellón y Cerdaña, territorios que Francia reivindicaba desde tiempo atrás.

Por su parte, el ejército del Consell se dirigió, en mayo de 1462, contra la ciudad de Gerona. Al frente de las tropas rebeldes iba el conde de Pallars. No obstante, el socorro francés permitió, poco tiempo después, liberar Gerona, lo que supuso la salvación de Juana Enríquez y de su hijo Fernando. El asedio de Gerona había durado alrededor de seis semanas, en el transcurso de las cuales Juana Enríquez pasó momentos ciertamente dramáticos. Pero en junio de aquel mismo año, Juan II, vulnerando abiertamente lo acordado en la Capitulación de Villafranca, había entrado en Cataluña, ocupando la villa de Balaguer. Ante esa actitud los rebeldes decidieron, el 9 de julio de 1432, desposeerlo de la corona, al tiempo que lo proclamaban enemigo público. Solo unos días después, el 23 de julio, los realistas lograron un importante triunfo sobre los rebeldes en las proximidades del castillo de Rubinat. Los combatientes contra Juan II lucharon con gran bravura, pero al final se puso de manifiesto la superioridad de las tropas realistas. La victoria de Rubinat permitió al monarca aragonés entrar en la localidad de Tárrega. Juan II contaba con importantes ayudas en el territorio de Aragón. De todos modos el comienzo del conflicto había sido muy fuerte, lo que explica que en ambos bandos se impusieran los grupos más radicales, al tiempo que fracasaban cuantos intentos de mediación se pusieron en marcha. El día 14 de agosto de 1462 el Consell del Principado decidió pedir ayuda al rey de Castilla, Enrique IV.

En el verano de 1462 el Principado estaba dividido en dos bandos claramente enfrentados. En un lado se hallaban los realistas, a los que apoyaban los payeses de remensa, así como el sector de los buscaires. En el ámbito internacional Juan II contaba con la ayuda de Luis XI de Francia y de Gastón de Foix, casado con Leonor, hija del monarca aragonés y reina de Navarra. El bando contrario estaba dirigido por la Generalitat y el Consell del Principado. A su frente se hallaba, al menos teóricamente, el monarca castellano, Enrique IV, a quien habían acudido los rebeldes catalanes. Estos atacaban a Juan II por su actitud contraria al pactismo, que ellos, en cambio, reivindicaban. Según Jaime Vicens, "el pactismo constituye la temática de fondo del pensamiento político de la burguesía catalana a lo largo del siglo XV". El bando rebelde lo integraban, básicamente, las clases dominantes, pero también formaban parte del mismo algunos grupos procedentes de los sectores populares, que habían sido ganados a su causa mediante el uso de métodos más o menos demagógicos.

Enrique IV había sido proclamado rey de Cataluña antes de que concluyera el verano de 1462. El 12 de septiembre se inició el sitio de Barcelona por las tropas de Juan II y de sus aliados franceses, que fueron los que aconsejaron el inicio de aquella acción. No obstante, a comienzos del mes de octubre, debido a la tenaz resistencia ofrecida por los habitantes de la ciudad, el sitio tuvo que ser levantado. El parlamento de Cataluña, reunido en Barcelona el día 13 de noviembre de 1462, juró fidelidad a Enrique IV de Castilla, a través de su lugarteniente Jean de Beaumont. De todos modos en el transcurso de los años 1462-1463 el conflicto pareció orientarse en un sentido claramente negativo para los rebeldes contra Juan II. Dos ataques de estas fuerzas contra Gerona fracasaron, al tiempo que perdían Tarragona, ganada para la causa realista en octubre de 1462. En enero de 1463 cayó Perpiñán ante el ataque de las tropas francesas. De esa forma Perpiñán pasó a los dominios de Luis XI de Francia, el cual ocuparía la Cerdaña unos meses más tarde. Paralelamente, Juan II alentaba la rebelión de la alta nobleza castellana contra su rey, Enrique IV. Por si fuera poco, éste abandonó a los rebeldes catalanes al aceptar, en abril de 1463, la sentencia arbitral de Bayona, que había sido dictada por el habilidoso monarca francés Luis XI.

Ahora bien, los rebeldes catalanes no se sintieron ni mucho menos derrotados por la defección del rey castellano, lo que explica que acudieran a la búsqueda de un nuevo candidato para colocarlo al frente del movimiento pactista. La elección recayó, en esta ocasión, en el condestable Pedro de Portugal, al que la Generalitat de Cataluña le hizo la propuesta el 27 de octubre de 1463. Personaje singular éste, a la vez estoico y melancólico destacaba por su indiscutible valor militar, lo que explica que los catalanes lo consideraran una especie de condottiero. De todas formas, Pedro de Portugal sería algo así como el rey de una república aristocrática. Ello no impidió, sin embargo, que tomara alguna decisión que, en principio, puede parecer sorprendente, como la de disolver el Consell del Principado, medida que adoptó en marzo de 1464. El motivo, según expone Jerónimo de Zurita, fue oponerse a "tiranía y desorden de los que tenían en el gobierno de la diputación". El Consell estuvo suspendido durante cinco meses. Al fin y al cabo el condestable se había formado bajo la convicción de que la monarquía debía actuar con plenos poderes, tanto políticos como militares. En ese año de 1463, por otra parte, se habían reunido en Zaragoza las Cortes  de Aragón. Fernando, el hijo de Juan II, actuó en esa ocasión como lugarteniente general del reino. Una de las principales conclusiones de dichas Cortes fue la decisión aragonesa de prestar ayuda económica y militar a Juan II en su pugna contra el condestable Pedro de Portugal.

Pese a todo, las cosas iban bien para la causa del rey de Aragón. Sus tropas pusieron sitio a la ciudad de Lérida en marzo de 1464. Los leridanos, aquejados por el hambre y la carestía, realizaron un esfuerzo sobrehumano, pero al final no tuvieron más remedio que rendirse a los ejércitos de Juan II, lo que sucedió el 6 de julio de 1464. El rey de Aragón, que hizo una solemne entrada en Lérida, decidió, dando muestras de magnanimidad, no tomar medidas de represalia. Poco tiempo después, el 25 de agosto, las tropas realistas ocuparon Villafranca del Penedés, plaza de gran importancia estratégica. Unos días más tarde Jean de Beaumont, el líder navarro del bando que había apoyado en su día la causa del príncipe de Viana, disgustado con las actitudes de Pedro de Portugal, abandonó a los rebeldes catalanes, siendo cordialmente recibido por Juan II en Tarragona el 6 de septiembre. En noviembre de ese mismo año se firmaba un pacto entre Juan II y los beamonteses, lo que significaba la paz definitiva en tierras de Navarra.

Satisfecho de sus últimos éxitos, Juan II de Aragón decidió poner en marcha una nueva campaña ofensiva contra los catalanes en rebeldía. En febrero de 1465, entre las localidades de Prats del Rei y Calaf, se enfrentaron las tropas realistas y las del condestable Pedro de Portugal. En dicha batalla, según lo ponen de relieve las fuentes consultadas, participaron los combatientes más destacados de ambos bandos. Los ejércitos de Juan II, a cuyo frente se hallaba el conde de Prades, salieron triunfadores. Entre los rebeldes hechos prisioneros figuraba el conde de Pallars, uno de los cabecillas de la rebelión catalana. La victoria de Calaf tuvo gran trascendencia. Una de sus principales consecuencias fue el hecho de que los territorios de Aragón, Valencia y Mallorca decidieran sumarse, sin ninguna reticencia, a la causa real. Mientras tanto cundía el pánico en el bando rebelde. En esas circunstancias algunos bigaires, probablemente convencidos de que su derrota iba a ser absoluta, decidieron cambiar de bando. Mientras tanto continuaban los éxitos militares de las tropas realistas. En agosto de 1465 la localidad de Cervera, después de haber ofrecido una tenaz resistencia, capituló ante Juan II. En octubre de ese mismo año, los realistas ponían sitio al castillo de Amposta, el cual cayó en poder de las tropas de Juan II unos meses más tarde, en junio de 1466. Tres semanas después los realistas ocuparon, la importante plaza de Tortosa. El avance de los ejércitos del rey aragonés parecía de todo punto imparable. Las cosas se complicaron más para los rebeldes catalanes a finales de junio de 1466 a causa del inesperado fallecimiento del condestable Pedro de Portugal. 

La evolución de los acontecimientos, tal y como habían sucedido desde los inicios de 1465 hasta el verano de 1466, parecía anunciar el próximo fin de la guerra civil catalana. Sin embargo, en los meses siguientes, las cosas no se desarrollaron en la dirección prevista. Uno de los principales motivos del giro que se produjo en el curso de la guerra civil catalana fue el creciente deterioro de las relaciones entre Juan II de Aragón y Luis XI de Francia. Este pretendía a toda costa quedarse con los condados de Rosellón y de Cerdaña. Pero el asunto era mucho más grave, pues al mismo tiempo el monarca galo, que al parecer se había puesto en connivencia con Castilla, tenía el propósito de desmembrar, si era posible, la corona de Aragón. Eso explica que se llegara a una ruptura de la anterior alianza francoaragonesa. De todos modos, el panorama era bastante confuso. En el campo rebelde, a raíz del fallecimiento de Pedro de Portugal, el clima de derrota no dejaba de avanzar, lo que explica que aumentara el número de los que opinaban que lo mejor era llegar a un acuerdo con Juan II. En la ciudad de Barcelona, "muchos que antes no se atrevían a hablar en favor del rey, la reina o el primogénito, lo hacían ahora con la mayor libertad", según escribió en su día el historiador francés Joseph Calmette.

En ese contexto los radicales, acaudillados por el obispo de Vic, Cosme de Montserrat, decididos a proseguir la revuelta a toda costa, acudieron a Renato I de Anjou, conde de Provenza (1434-1480), duque de Anjou, Bar (1430-1480) y Lorena (1431-1453) y rey de Nápoles (1438-1442; titular desde 1442 a 1480), perteneciente a la familia que había reinado anteriormente en el sur de Italia, al que ofrecieron la corona catalana (30 de julio de 1466). Detrás del duque de Provenza se hallaba el rey de Francia, Luis XI. "La gravedad de esta decisión puede medirse por la incompatibilidad del elegido con todo lo que representaba el destino histórico de Cataluña en el Mediterráneo. Si este tenía algún sentido era, sin duda, la constitución de un imperio marítimo contra las fuerza antagónicas de los Anjou, apoyados por la corona de Francia. Lo peor no era la entrega de Cataluña a Francia, sino la rendición al angevismo del imperio mediterráneo. 

Un hijo de Renato de Anjou, llamado Juan de Lorena, se presentó, al poco tiempo en Cataluña con tropas francesas y napolitanas. Se iniciaba, de esa manera, la última fase de la guerra civil catalana. En un primer momento los rebeldes salieron vencedores. Los realistas intentaron cortar el paso a las tropas de Juan de Lorena, atacando la plaza de Rosas, pero fracasaron  (octubre-noviembre de 1466). La comarca del Ampurdán se convirtió, desde los inicios de 1467, en el escenario por excelencia de la guerra. El objetivo esencial de ambos contendientes era la ocupación de la ciudad de Gerona. En un principio Juan II pudo entrar en Gerona, lo que sucedió el 27 de octubre de 1467.

Pero unos días más tarde, el 21 de noviembre, el ejército conjunto de los rebeldes catalanes y de Juan de Lorena obtuvo una importante victoria sobre los soldados realistas en la localidad de Vilademat. Dicho combate fue el revés de la medalla de Calaf. Vilademar permitió respirar a las fuerzas revolucionarias, que llevaban mucho tiempo sin celebrar ningún éxito militar. El Ampurdán, como consecuencia de la victoria parecía totalmente perdido para la causa realista. Tanto Juan II como su hijo, el príncipe Fernando, embarcaron hacia Tarragona. Mientras tanto, habían tenido lugar unas nuevas Cortes de Aragón, convocadas en el año 1466 en Alcañiz y posteriormente trasladadas a Zaragoza, en donde se clausuraron en el año 1468. A dichas reuniones asistió, en calidad de lugarteniente general del reino, Juana Enríquez. Una vez más se acordó, por parte aragonesa, prestar ayuda militar a Juan II. No obstante, unos meses más tarde, en febrero de 1468, fallecía, tras una rápida enfermedad, la reina, Juana Enríquez. Juan II había acumulado, en poco tiempo, muchos y muy variados reveses. 

El panorama con que se abrió el año 1468, encontraste con el que existía en el verano de 1466, no era precisamente optimista para la causa de Juan II. No obstante, el monarca aragonés decidió jugar a fondo las bazas que aún le quedaban. Una de ellas era su hijo el príncipe Fernando, en quien puso toda su confianza. En junio de 1468 le otorgó el título de rey de Sicilia. Al mismo tiempo se planeó su matrimonio con la princesa castellana Isabel, hermana de Enrique IV, la cual había sido reconocida como heredera de Castilla en el pacto de los Toros de Guisando. Ciertamente, las tropas angevinas lograron ocupar, en junio de 1469, la plaza de Gerona. De todos modos, pese a los últimos éxitos obtenidos, la moral de los rebeldes estaba comenzando a hacer aguas. Poco a poco ganaba terreno en el Principado la idea de la paz y de la transacción. En cambio el rey de Aragón, que ya contaba en esas fechas con setenta años, seguía dando muestras de una gran fortaleza. Un importante paso adelante en su política fue la boda de su hijo Fernando con Isabel de Castilla, que tuvo lugar en la villa de Valladolid el 19 de octubre de 1469. Dos de los principales colaboradores de la princesa castellana, Gutierre de Cárdenas y Gonzalo Chacón, fueron premiados con mercedes en tierras aragonesas.

Por otra parte, Juan II logró que las cortes de Monzón, que tenían el carácter de generales en toda la corona de Aragón, y que comenzaron sus sesiones a finales del año 1469, prolongándose hasta septiembre de 1470, le concedieran importantes subsidios para que pudiera afrontar los gastos ocasionados por la guerra con los rebeldes catalanes. Al mismo tiempo, el reino de Aragón se comprometió a aportar ayudas militares a su monarca. Otro dato a tener en cuenta en el curso de los acontecimientos fue la muerte, en diciembre de 1470, de Juan de Lorena, el hijo de Renato de Anjou. En lo que se refiere al plano internacional Juan II se apuntó un gran tanto al conseguir que se firmara, el 7 de agosto de 1471, el pacto de Abbeville, en el que se participaban, además de su propio reino, Inglaterra y Borgoña. De esa manera pretendía aislar a Luis XI, el cual no tenía otro objetivo, con su intervención en el conflicto de Cataluñá, sino quedarse con el Rosellón y la Cerdaña.

Pero los triunfos más espectaculares de Juan II de Argón se produjeron en el terreno militar. La ofensiva realista se tradujo, en muy poco tiempo, en importantes victorias. El día 11 de octubre de 1471 la emblemática ciudad de Gerona volvía a caer en poder de las tropas realistas. Los defensores gerundenses no tuvieron el menor reparo en pasarse a las filas del bando monárquico. A cambio fueron generosamente recompensados por Juan II. Poco tiempo después diversas villas del Ampurdán pasaron asimismo al bando del rey. Primero cayó Hostalric, luego Sant Celoni y Blanes, finalmente Sant Feliu de Guixols, Palamós, Palafrugell, Pals, La Bisbal y Tallada. Los siguientes éxitos de los realistas fueron la ocupación de San Cugat, Sabadell y Granollers. Como remate, el 26 de noviembre de ese mismo año los soldados aragoneses aplastaron a los rebeldes en Santa Coloma de Gramanet, cerca del río Besós. En los primeros meses del año 1472 las tropas de Juan II fueron incorporando las plazas que aún resistían del norte de Cataluña, como Figueras, Peralada, Torroella, Castelló y Roses. Es preciso señalar que Juan II se mostró francamente liberal en las diversas capitulaciones que firmaba con las ciudades y villas que iba conquistando. Inmediatamente los realistas, sin duda ganados por el optimismo debido a los últimos éxitos obtenidos, iniciaron el cerco de Barcelona. Las noticias que llegaban al entrono de Juan II ponían de relieve que la moral de los habitantes de la ciudad era, en esos momentos, francamente muy baja.

4. La concordia de Pedralbes

La tensión crecía por momentos en el interior de la ciudad de Barcelona, cuyos habitantes estaban pasando grandes apuros. Muchos pensaban que la mejor salida era intentar llegar a un pacto con Juan II. Por su parte el monarca aragonés trataba de hacer mella en la resistencia de los barceloneses, enviándoles misivas por las que prometía el perdón. Finalmente, Barcelona capituló, ante el insistente asedio de las tropas realistas, el 16 de octubre de 1472. Había concluido, después de más de diez años, la guerra civil catalana. Al día siguiente Juan II pisaba nuevamente el suelo de Barcelona.

La rendición final de Cataluña quedó plasmada en la denominada Capitulación de Pedralbes. Dicho acuerdo fue suscrito por los hijos del monarca aragonés, pero también por los reinos de Aragón, Valencia y Mallorca. Juan II restituyó a los catalanes el calificativo de fieles a la monarquía, les otorgó el perdón general por cuanto habían realizado durante el tiempo de guerra y, accediendo a las instancias de Barcelona, declaró caducada toda gestión policiaca y criminal que pudiera realizarse en virtud de los hechos pasados, incluso tratándose de crímenes de lesa majestad. En resumen, no hubo represión ni depuraciones. Daba la impresión de que se quería volver a los tiempos anteriores de la guerra civil, sin admitir que había habido, obviamente vencedores y vencidos. De todas formas, unos días después de la firma de la Capitulación de Pedralbes, el 22 de octubre, Juan II se comprometió a confirmar las constituciones, privilegios y libertades del Principado. El principio de la autoridad monárquica podía avenirse con el respeto a las tradiciones de Cataluña. No obstante, el conde de Pallars continuó la rebelión en sus tierras, hasta que terminó siendo apresado y ejecutado, lo que sucedió años más tarde, en 1477. De todos modos, no hay que olvidar que Cataluña, aunque había dado un importante paso adelante al recuperar la paz, estaba atravesando una difícil situación económica, social e incluso moral, que venía de tiempos anteriores, pero que se había acentuado con motivo de la revuelta contra Juan II.

Por otra parte, seguía pendiente la delicada cuestión del Rosellón y la Cerdaña. En los años siguientes ese asunto encendió de nuevo la discordia, aunque ahora los protagonistas fueran exclusivamente Juan II de Aragón y Luis XI de Francia. El monarca aragonés, que, pese a su avanzada edad, seguía demostrando su vitalidad, cruzó los Pirineos a finales de enero de 1473. A comienzos de febrero Juan II entraba con sus tropas en Perpiñán, donde fue recibido triunfalmente. Inmediatamente se produjo un contraataque francés. Para intentar cortarlo llegaron ayudas militares enviadas desde Castilla por el príncipe Fernando. El rey de Francia pareció ceder, lo que explica que aceptara firmar la paz de Perpiñán, el 17 de septiembre de 1473. El Rosellón y la Cerdaña, según lo que se estableció en ese acuerdo, permanecían en la Corona de Aragón, aunque de momento quedaban neutralizadas  en tanto no se abonara por parte de Juan II la deuda debida a Luis XI, por su anterior ayuda militar contra los rebeldes catalanes.

Pero unos meses después de reanudó la guerra. Luis XI ordenó lanzar una ofensiva militar en toda toda regla en el Rosellón. El 5 de diciembre de 1474 caía la localidad de Elna en poder de las tropas francesas. El siguiente objetivo de Luis XI era la conquista de Perpiñán, resistiendo con gran heroismo. Finalmente el 10 de marzo de 1475, la capital de Rosellón fue entregada al rey de Francia. A continuación Aragón y Francia firmaron una tregua, que tendría validez para los siguientes seis meses. No hay que olvidar, por otra parte, que en 1474, una vez elevados al trono castellano Isabel y Fernando, había estallado en aquel reino la guerra de sucesión. Esta circunstancia perjudicó notablemente los planes de Juan II, el cual no podía esperar refuerzos militares en Sevilla. Es más los reyes de Castilla tuvieron que pactar con Luis XI, para evitar de esa manera un posible ataque francés. A lo señalado cabe añadir otro elemento negativo para los proyectos de Juan II de Aragón: el desplome de la gran alianza occidental antifrancesa, planeada años atrás en el tratado de Abbeville.

No es posible olvidar, en otro orden de cosas, que continuaba pendiente de resolución en tierras de Cataluña el complicado asunto de los payeses de remensa. Uno de sus principales dirigentes, Francesc de Verntallat, fue elevado, a la condición de noble, mas el problema remensa seguía en activo. Juan II, de todos modos, se mostró indeciso en el asunto del campesinado catalán, al igual que en su política con respecto a las oligarquías municipales. Al mismo tiempo Juan II mostró una gran pasividad en el transcurso de las Cortes celebradas entre los años 1473 y 1478. Finalmente Juan II murió en Barcelona, a los 80 años de edad, en las primeras horas de la mañana del día 19 de enero de 1479. Su secretario, Juan de Coloma, que le acompañó hasta el último suspiro, dejó escrito que el rey de Aragón "mori com un poll", lo que quería decir que lo hizo pacíficamente. A Juan II le sucedía en el trono su hijo Fernando II, "el componedor, conservador y reformador" universal", según una expresión atribuida a a los consellers de la ciudad de Barcelona




BIBLIOGRAFÍA:

JULIO VALDEÓN BARUQUE: Los Trastámaras. 2001

Bibliografía adicional:

- JAIME VICENS VIVES: Juan II de Aragón (1398-1479). Monarquía y revolución en la España del siglo XV. 1953
- JOSEPH CALMETTE: Louis XI, Jean II et la révolution catalane (1461-1473). 1977
-SANTIAGO SOBREQUÉS VIDAL y JAIME SOBREQUÉS CALLICÓ: La guerra civil catalana del segle XV. Estudis sobre la crisi social y ecoòmica de la Baixa Edat Mirjana. 1973.
- JESÚS ERNEST MARTÍNEZ: Pere de Portugal "rei dels catalans". 1960















domingo, 11 de febrero de 2018

Los Reyes de Irlanda (IV): Irlanda, 400-800 d.C.

MacNeill señalaba que el “hecho” más antiguo en la historia irlandesa era la existencia, no de una división bipartita del país, como lo habían formulado los literati del siglo VIII, sino de una pentarquía, esa división de Irlanda en cinco provincias (cóiceda) que ha dejado su marca incluso hoy en el uso de la palabra en irlandés moderno cúige para indicar una provincia. No obstante, la ironía, es que en ningún momento en el periodo histórico, la división política representada por la palabra cóiced, “un quinto”, tuvo una existencia tangible. Cierto, el marco de referencia político encarnado en la pentarquía proporciona el telón de fondo para los acontecimientos en el famoso ciclo “Táin” de relatos épicos, pero cualquier forma que pueda haber tomado no era más que un recuerdo en torno al siglo V. La prueba de esto es el hecho de que ningún documento registra los nombres o extensiones de las cinco provincias “originales”. La división original puede haber sido Ulaid (Ulster) en el norte (los actuales nueve condados), Laigin (Leinster) en el sureste, Mumu (Munster) en el sur, Connachta (Connacht) en el oeste, y Mide (Meath) en el centro. Pero solo podemos elucubrar en cuanto a la extensión original de estos reinos, y lo que pueden haber sido sus relaciones unos con otros. Los fuertes de colina de la edad del hierro de Emain Macha (Navan Fort, condado de Armagh), Dún Ailinne (Knockaulin, Condado de Kildare), y Cruachu (Rathcroghan, Condado de Roscommon) son considerados habitualmente como las antiguas capitales de esas provincias, y Caisel (Cashel, Condado de Tipperary) -aunque más tardío en término de tradiciones -se creía igualmente (quizá equivocadamente) que había sido el centro del reino de Munster. No obstante, el mejor conocido de estos lugares reales prehistóricos, Temair (Tara, condado de Meath) nunca estuvo situado en el antiguo territorio de Mide (que es la palabra irlandesa para “medio”) pero poseía un aura que parecía colocarla por encima del estatus común de los otros reinos provinciales. Esto no era solamente el trabajo de los propagandistas posteriores: los cuentos de la saga del Ciclo de Ulster en su forma más antigua demuestran que Tara, no Cruachu, era el punto esencial en la alianza contra los hombres de Ulster, mientras que el reino de Tara todavía era considerado en el texto legal del siglo VII “Brechbretha” (“leyes de abeja”) como el más importante de Irlanda. Los poemas arcaicos incrustados en las genealogías de Leinster registran las pretensiones de LaiginGáilióin, y Domnainn de ser los antiguos reyes que gobernaban desde Dún Ailinne, pero también desde Tara. Los indicios de la lingüística muestran que debe haber existido alguna conexión con los Dumnonii de Bretaña, y es muy probable que los Gáilióin/Domnainn fueran originalmente un grupo de invasores británicos (y en última instancia galos) que ocuparon la región litoral oriental en el pasado remoto.

Entre los débiles ecos de guerras antiguas y el periodo histórico temprano, no obstante, se sitúa allí un vasto e impenetrable yermo. Las dinastías que a continuación ascendieron al poder (cuyos registros en algunos casos pueden ser datados hacia el tardío siglo VI, pero difícilmente después) tenían sus leyendas de origen, pero no nos cuentan nada sobre las raíces étnicas de estas personas, ni tampoco podían: entre el periodo de la pentarquía y la fecha de nuestros documentos históricos más antiguos hay un vacío que no puede ser llenado; y entre nuestro periodo y el de las hipotéticas “invasiones” prehistóricas hay un hiato de hasta mil años. Ninguna tradición, da igual su resistencia, puede sobrevivir ese tiempo.


Mapa físico y político de Irlanda en el siglo VII


1. La primacía de Leinster

La más poderosa de las antiguas provincias bien puede haber sido Leinster (aunque deberíamos ser cuidadosos en no exagerar la importancia de las pretensiones de Leinster por la relativa abundancia de sus registros históricos). Dominada en el sureste por el macizo de tierras altas que se levanta desde la línea de costa y en el oeste por los grandes pantanos del interior del condado de Offaly, la región presumía de alguna de las mejores praderas del país, y la tierra alrededor del río Liffey en el Condado de Kildare y otras fértiles franjas a lo largo de los ríos BarrowNore, y Suir que convergen en Waterford Harbour ofrecían ricas cosechas para las ambiciones políticas. Hacia 800 Leinster estaba dominada por dos grandes dinastías, los Uí Dunnlainge al norte y los Uí Cennselaig en el sur. Nuestros registros más antiguos, sin embargo, pintan un cuadro muy diferente, y esta claro que esos dos grupos solo eran los más recientes en emerger del torbellino de los siglos V y VI.

Las más tempranas y crípticas referencias en los anales apuntan a una supremacía previa de los Dál Messin Corb. Los Anales de Ulster mencionan dos batallas a finales del siglo V (485, 495) en las que los reyes vencidos de Leinster pertenecían a los Dál Messin Corb (y más específicamente, su principal su-estirpe, los Uí Garrchon). En la primera entrada, el rey Dál Messin Corb Fincath es mencionado sin patronímico o título, indicando quizás una fuente de Leinster para la información que no requería elaboración. Su hijo Fráech mac Findchada, por otra parte, es calificado ri Laigen (“rey de Leinster”) por el analista. Ambas batallas fueron contra los Uí Néill, cuyo impulso expansionista iba a llevar finalmente a la anexión de extensos territorios de Leinster, y con ello la eliminación efectiva de los Dál Messin Corb como poder político. Como ocurre tan a menudo en la tradición irlandesa, la supremacía inicial de las dinastías desplazadas está mejor conservada en el registro eclesiástico que en los anales “seculares”. Así, la “Vita Tripartita” (un dosier de material del siglo X relacionado con Patricio (alguno de ellos muy antiguo) documentan que Patricio encontró un rey Uí Garrchon, Diccriu (por otra parte, no identificado), que estaba aliado por matrimonio con el “Alto Rey” Uí Néill, Lóegaire mac Néill; aunque el encuentro tuvo lugar, de acuerdo con la “Vita”, en Rath Inbir, la localización real del linaje a juzgar por los indicios internos del “itinerario” del santo, estaba probablemente alrededor de Naas, en el condado de Kildare. La anécdota puede servir para explicar por qué se extinguió la línea de Diccriu, pues afirma que rechazó la hospitalidad para el santo. De hecho, Patricio fue recibido por Cilline mac Rónainquem Patricius bendixit (“al que Patricio bendijo”), como lo pusieron los genealogistas, mientras que el hijo de Cilline, Marcán, es descrito como “la hierba más selecta, el mejor de los Uí Garrchon”.

La asociación de Lóegaire (la bête noire de Patricio en la tradición temprana) con rey Dál Messin Corb es claramente anacrónica, pues los anales -aunque sean crípticos – no dejan dudas de que los Uí Néill y los Dál Messin Corb eran enemigos mortales cuando el siglo V llegaba a su fin. Smyth está indudablemente en lo correcto al ver a los Dál Messin Corb como los principales defensores de Leinster ante las invasiones Uí Néill en el último cuarto del siglo, y sus territorios deben haber estado en el la línea de frente del conflicto. Su desplazamiento y expulsión final más allá de las montañas Wicklow no borraron, no obstante, todas las huellas de un periodo anterior, cuando poseían las planicies más ricas de la llanura de Kildare -hogar tradicional de los reyes de Leinster. Los genealogistas proporcionan una amplia evidencia para la distribución más amplia de este pueblo por todo Leinster del norte, mientras que los santos que se declaran como descendientes de otra sub-estirpe, los Uí Náir, también aportan testimonio que corroboran una influencia más amplia en una fecha más temprana. Estos incluyen a Kevin de Glendalough y el obispo Conláed de Kildare, contemporáneo de Brigit y su obispo residente, así como el obispo Éitchéain de Cluain Fota Báetáin Aba (Clonfad, Condado de Westmeath). Smyth ha revivido una teoría, avanzada por primera vez por Shearman, de que Killen Cormac (cell Fine Chormaic), a unas pocas millas al oeste de Castledermot, en el Condado de Kildare, iba a ser identificada con el Cell fine (“celda de los parientes”) donde de acuerdo con la “Vita Tripartita” Palladio, “primer obispo de los irlandeses”, dejó sus libros, junto con una tablilla de escribir y reliquias de Pedro y Pablo. Si hay alguna base para la creencia de que las reliquias de los apóstoles fueron conservadas en Killen Cormac, entonces el lugar ciertamente debe haber sido importante, y si fue el Cell fine de la tradición patricia entonces esto mejoraría, de hecho, cualquier pretensión de que los Uí Garrchon fueron el poder político predominante en Leinster del norte hasta fines del siglo V. La narración en la “Vita Tripartita” lleva a Patricio a los lugares de Cell Usaile (Killashee, cerca de Naas, en el Condado de Kildare) y Cell Cuilinn (Old Kilcullen, en el Condado de Kildare), ambos prominentes y antiguos lugares eclesiásticos asociado con individuos que probablemente pertenecieron a la misión de Paladio más que a la de Patricio, y la conclusión parece ser que el Cristianismo fue introducido en aquellas partes cuando los Uí Garrchon estuvieron en el control de ellas. La sede original de su reino estaba en Rath Inbir (no identificado) pero la tradición posterior coloca su territorio dentro del moderno condado de Wicklow. De ahí que su asociación con el área de Arklow represente un estado posterior en su historia, después de que ellos hubieran sido expulsados del reino de Leinster.

Los principales rivales para el control de las llanuras centrales de Leinster desde mediados del siglo VII en adelante eran, como se dijo más arriba, los Uí Dúnlainge y Uí Cennselaig; pero los Uí Cennselaig, cuyos territorios abarcaban los actuales condados de Carlow y Wexford, iban a entrar -como los Uí Dúnlainge- en escena relativamente tarde. La situación más antigua probablemente vio a los Dál Cormaic (y en particular su principal subgrupo, los Uí Gabla) en ese puesto, quizá como rivales de los Dál Messin Corb. Los anales para 498-502/3 registran una serie de batallas en las que los Hombres de Leinster fueron derrotados por los Uí Néill, empezando con la batalla de Inis Mór “en el territorio de Uí Gabla” (A.U., 498). Las genealogías enumeran la extensión de sus territorios, que incluían partes de los actuales condados de Carlow, Kildare, Laois y Offaly, pero sus principales concentraciones parecen haber estado en el área de la frontera Kildare-Laois. Pequeñas bolsas de ellos iban a encontrarse al norte hasta Monasterevin, donde una rama estaba localizada junto al río Figile (Fid Gabla, “bosque de los Uí Gabla”). La desaparición de una de sus ramas, los Uí Gabla Roirenn, ocurrió en el primer cuarto del siglo VIII, cuando fueron destruidos por el levantamiento de Síl mBrain. Sus fortuna habían sido decidida un tiempo antes de eso, no obstante, y los analistas no tuvieron otros registros de ellos.

La lista de reyes de Leinster para el periodo arcaico, encontrada fosilizada en las genealogías primitivas, es un buen ejemplo de la manera en que los “sincronistas” conservaban a veces el material que corrían directamente en contra de sus doctrinas. Ellos enumeran los nombres de varios reyes provinciales incluyendo a Fiachu ba hAiccid (cuyo epíteto preserva un arcaísmo único), Muiredach Mo-Sníthech, Móenach, Mac Caírthinn y Nad Buidb; de estos tanto Muiredach Mo-Sníthech como Móenach pertenecían a los Ui Bairrche, y Nad Buidb a los Uí Dego, mientras que Mac Caírthinn casi con seguridad pertenecía a los Uí Enechglaiss. Todos estos, entonces, eran grupos dinásticos que habían disfrutado antes del poder pero después habían sufrido un declive en sus fortunas y más tarde fueron incorporados en las genealogías de los advenedizos Uí Dúnlainge y Uí Cennselaig. Sus reyes no encuentran lugar en las listas de reyes posteriores, pero sus nombres están, como hemos visto, preservados en el material arcaico; algunos eran aclamados como reyes de Irlanda (Robo rí hÉrenn Muiredach Sníthe, tu Laidcenn dixit, “Muiredach Sníthe fue rey de Irlanda, como [el poeta] Laidcend afirmó”, con referencia a la lista real arcaica). El nombre de Mac Caírthinn ilustra en un grado extraordinario cómo el más endeble de los indicios supervivientes puede ser suficiente todavía para demostrar cómo pudo haber parecido el paisaje político incluso en el siglo V, un “siglo perdido” por lo demás en términos de nuestros registros históricos. Este Mac Caírthinn, aunque no mencionado en ningún tratado genealógico, fue tentativamente (pero posiblemente) identificado con el individuo conmemorado en una inscripción ogam ahora localizada en la baronía de Duleek (condado de Louth), cerca de Slane: MAQI CAIRATINI AVI INAQUAGLASI, “[la piedra] de Mac Caírthinn, nieto [o quizas descendiente] de Enechglass”; Mac Airt además identifica a esta persona con el Mac Caírthinn mac Cóelboth encontrado por él en su edición de los Anales de Inisfallen en el año 447, donde se registra que él cayó en la batalla de Mag Femin entre los Laigin y los hombres de Munster. Aquí, como F.J. Byrne ha señalado, “los cronistas de Munster probablemente han confundido el topónimo “Femen” en Brega (el área donde es citada la inscripción) con la llanura mejor conocida de ese nombre alrededor de Cashel en Tipperary”. La piedra ogam y la entrada de los anales encaja mucho mejor en las tradiciones de guerra en el siglo V entre Uí Néill y los Laigin en las fronteras septentrionales de Leinster, en Brega, y en las planicies de Meath y Westmeath, y el monumento de Mac Caírthinn es una elocuente prueba de que las pretensiones de Leinster en un tiempo se extendieron hacia el norte hasta allí. La misma entrada añade las palabras qui iecit genus Lagin tras después del nombre de Mac Caírthinn, y aunque el significado es oscuro demuestra, al menos, que los Uí Enechglass eran considerados por algunos como pretendientes legítimos a la realeza de Leinster en el siglo V.

Los Uí Enechglaiss eran, como hemos visto, solo uno de los diversos grupos dinásticos cuya constante guerra defensiva contra los Uí Néill finalmente les derribó. La caída de los Dál Messin Corb fue seguida por la de los Uí Máil, que les habían reemplazado, y los una vez poderosos Uí Failgi, como reyes de Leinster hacia finales del siglo VI. Las genealogías de los Uí Faílgi (cuyo recuerdo ha sido preservado en el moderno condado llamado Offaly) son una masa confusa, que puede reflejar la debilidad de su posición c.600 o un intento deliberado por parte de historiadores posteriores de oscurecer su anterior preeminencia. Un poema del siglo VIII registra que gobernaban desde “el fuerte contra la madera de roble” en Rathangan (condado de Kildare) y enumera a cada uno de sus reyes, remontándose hasta Bruidge mac Nath Í. La muerte de Bruidge es registrada en los Anales de Ulster (579), y se supone que murió en batalla contra los Uí Neill. Failge Berraide es registrado en los mismos anales (510) como vencedor de Fremu contra los mismos enemigos, pero la marea ya estaba bajando para los Uí Failgi; en la batalla de “vuelta” contra los Uí Néill, Failge fue derrotado. Los analistas añaden ominosamente que “después, la llanura de Mide fue tomada de los Hombres de Leinster”, y así iba a ser. Las tribus tributarias que ocuparon la zona tapón entre los hombres de Leinster y sus grandes rivales cayeron ahora bajo control de los Uí Néill, pero los Uí Failgi resistieron durante un tiempo en sus territorios centrales: se dice por los genealogistas que una dinastía posterior, los Óengus Berraide, había residido en Leccach (distrito de Lackagh, en la baronía de Offaly, condado de Kildare), indicando que las ricas tierras al oeste del monasterio de Kildare aún estaban en sus manos a pesar de ese revés anterior, y de hecho, los Uí Failgi iban a retener su control sobre la mayoría de este área hasta el siglo XII.

Los Uí Failgi, por tanto, probablemente constituían en origen los señores políticos dominantes en Leinster septentrional hasta mediados del siglo VI, con territorios centrados en su sede real de Bri Dam (¿Offaly nororiental?) extendiéndose hasta la colina de Uisnech en el noroeste. La historia en la tradición patricia de que el antiguo árbol de inauguración (bile) en el sitio real fue maldecido por Patricio, y que Failge, el ancestro epónimo de la dinastía, murió como consecuencia (¡y fue al infierno!), fue una racionalización posterior de la desgracia política de la dinastía. De hecho, no obstante, los siempre en expansión Uí Néill habían avanzado sus conquistas a los mismísimos límites de Mide y Uí Failge y amenazaban con estrangular a los Uí Failge y su poder. Ellos intentaron impedir lo inevitable al aliarse con una de las estirpes reales de los Uí Néill de las tierras centrales, con la esperanza, al parecer, de que las luchas intestinas entre el viejo enemigo les debilitaría y concedería un respiro a los hombres de Leinster. En 604, de acuerdo con los anales de Ulster, Áed Rónrex nepotum Failgi, fue asesinado “en el mismo día que Áed Sláine” (fundador y rey de la principal dinastía Uí Néill meridional, conocida en adelante como Sil nÁedo Sláine) de Brega. Áed Sláine fue muerto por Conall mac Suibni de una dinastía Uí Néill rival, el Clann Cholmáin Máir, y la muerte de Áed Rón el mismo día, sin duda significa que el rey Uí Failgi había tomado el bando Sil Áedo Sláine, amenazando un segundo frente en el sur contra el Clann Cholmáin, ya bajo presión de sus primos de Brega en el este. Como ocurrió, los reyes de Mide iban a cambiar las tornas al aliarse con el poder creciente de los Uí Dunlainge en Leinster septentrional en la batalla de Áth Goan (633), que vio la primera consolidación de esa dinastía en la política de Leinster. Esta derrota, y la muerte, no mucho después (645?) de Tocca mac Áedo, colocado en lugar equivocado en los Anales de Ulster, 477: Mors Tocca m. Aedha regis Cualann, “rey de Cualu”, efectivamente selló el destino de los Uí Máil como pretendientes al reino de Leinster. Cellach Cualann es denominado rex Lagen a su muerte en 715, pero el suyo fue el último intento Uí Máil para la dominación de Leinster.

Los Reyes de Uí Failgi  hasta el siglo IX

Los otros únicos pretendientes serios a la realeza de Leinster eran los Uí Bairrche. Como vimos más arriba, una arcaica lista de reyes conservó el nombre de dos reyes Uí Bairrche que habían ejercido claramente un considerable poder a principios del siglo VI, Muiredach Mo-Sníthech y Móenach. Son enumerados en las genealogías como hijo y nieto del ancestro epónimo Dáire Barrach, y se hacen grandes proclamas sobre ambos. Pero tampoco figuran en los anales, y no poseemos otros medios de evaluar sus pretensiones. De hecho los genealogistas declaran que la realeza descendía no a través de Muiredach sino de Fiacc, otro hijo de Dáire, y este parece haber sido el caso.

El más relevante de estos tardíos reyes Uí Bairrche fue indudablemente Cormac mac Diarmata, cuyo reinado ocupó la mayor parte de la segunda mitad del siglo VI. Figura notoriamente en la hagiografía del temprano Leinster, apareciendo tanto como patrón como enemigo de santos en diversas vidas. Es presentado como el rival principal para las ambiciones Uí Cennselaig: la Vida de Fintan/Munnu de Tech Munnu (Taghmon, condado de Wexford) declara que fue tenido cautivo por Cormac Camsrón de los Uí Cennselaigh, mientras que la Vida de Abbán (de los rivales Dál Cormaic) le describe como un perro de caza de estas fundaciones del santo. El testimonio más elocuente al poder de este rey, no obstante, es el hecho de que los biógrafos de los santos reclaman a Cormac para los Uí Cennselaig -¡a pesar del hecho de que las genealogías no dejan duda en cuanto a sus afiliaciones Uí Bairrche! Claramente, el impacto de Cormac mac Diarmata fue formidable, y no es la menor de sus pretensiones a la fama el hecho de que murió pacíficamente, después de retirarse al monasterio de Bangor, en el condado de Down. Lo primero de todo, la elección de la localización para su retiro es sorprendente, pero hay varias conexiones tempranas entre Leinster y Ulster, que se centran en los Uí Bairrche: Columbanus, el famoso santo misionero irlandés († 615) dejó su Leinster natal por el monasterio de Comgall en Bangor que Cormac mac Diarmata -un contemporáneo exacto- también buscó, y de hecho, Bangor poseía extensas propiedades en territorio Uí Bairrche que supuestamente le fueron concedidas por Cormac. La fundación posterior de Dísert Diarmata (Castledermot, condado de Kildare) fue considerada como una casa filial de Bangor, y su fundador, Diarmait ua Áedo Róin († 825), era el nieto de Áed Róin, rey Dál Fiatach de Ulster (cuyo padre, a su vez, fue llamado Bécc Bairrche). Existió una alianza real entre los Ulaid y los Laigin en el siglo XI, durante los reinados de Niall mac Eochada y Diarmait mac Mail na mBó, y no está más allá de los límites de lo posible que tales conexiones políticas y eclesiásticas existiera mucho antes.

Otra indicación temprana de la importancia Uí Bairrche en la esfera política es el hecho de que el dosier de materiales relativos a Patricio y el cristianismo primitivo que se ha conservado en el Libro de Armagh -algunos de origen claramente muy antiguo, de hecho- preserva una tradición de que el primer obispo de Leinster fue Fiacc de Slébtr (Sletty, condado de Carlow), un santo Uí Bairrche. La tradición demostró ser demasiado fuerte para ser erradicada, y fue conservada en la posterior "Vita Tripartita", la cual también refleja el recuerdo de la rivalidad Uí Bairrche y Uí Cennselaig cuando registra que Óengus mac Meicc Erca (un hermano del santo de Sletty) mató a Crimthann mac Cennselaig (A.U., 483) como venganza por el exilio de su pueblo por los Uí Cennselaig. Las tradiciones de la expulsión y el exilio de los Uí Bairrche también se encuentran en el tratado del siglo VIII conocido como "La expulsión de los Déssi".

Está claro a partir de lo que hemos visto más arriba que el esquema clásico de la política de Leinster en el periodo histórico primitivo, que presentaban un panorama del norte y el sur de Leinster dominados, más o menos, desde una época muy remota, por las dinastías rivales Uí Dúnlainge y Uí Cennselaig, era, de hecho, un gran pacto más complejo. Las reclamaciones hechas por las dinastías dominantes, del siglo VII y más tarde, de haber gobernado la provincia desde tiempos antiguos en ningún lugar está más claramente expresado que en el curioso documento conocido como "Timna Cathaír Máir" ("El Testamento de Cathaír Már"). El "Timna" pretende ser el legado final de Cathaír Már, ancestro de todos los pueblos libres de Leinster, en el cual distribuye su herencia entre sus hijos, cada uno de los cuales representa una de las tribus que más tarde pretendieron descender de él. En su forma presente, probablemente fue compuesto en el siglo VIII, aunque su estilo imita el patrón de verso aliterativo de composiciones primitivas y alguno de los materiales incluidos en él bien pueden datar de principios del siglo VII aproximadamente. El "Timna" es desconcertante, no obstante, como documento de propaganda, ya que ignora las pretensiones de los Uí Garrchon y Uí Máil mientras que reconoce las de Uí Bairrche y Uí Enechglaiss -aunque estas últimas solo eran tan formidables en su rivalidad hacia los ahora dominantes Uí Dúnlainge y Uí Cennselaig. Lo más sorprendente de todo, el "Timna" da un lugar de honor a los Uí Failgi, otorgando a su ancestro Rus Failge la ordan (primacía), señorío, nobleza y la apreciadas posesiones ancestrales:

Puede ser él rey y cabeza de la provincia,
¡este festivo Rus Failge! ...
Vencedor en la batalla en la frontera,
firmemente conquistará la llanura de Tara...
Cathaír, la antorcha de Irlanda,
su honorable y noble padre,
le ha elegido sobre sus hermanos...

Solamente después de los Uí Failgi están los Uí Bairrchi. Ellos iban a tener las afiladas armas de Cathaír, y su papel es visto claramente como el de defender la provincia contra los ataques desde el sur. Los únicos enemigos concebibles en tal contexto eran los Uí Cennselaig, cuyas ambiciones eran claramente expandirse hacia las estribaciones septentrionales de su lugar ancestral alrededor de Ráth Bile (Ravilly, condado de Carlow) pasadas las estribaciones occidentales de las montañas Wicklow y saliendo a la llanura de Liffey. Ellos fueron frustrados en estos planes, no obstante, por los Uí Dunlainge, pero nada de esto iba a verse en el "Timna Cathair Máir". Allí, después de enumerar la fortuna de las otras tribus de Leinster, el texto añade, como una evidente idea tardía, un codicilo relativo a la "herencia" de Fiachu ba hAiccid, progenitor de los Síl Fiachach ba hAiccid (como iban a ser conocidos los Uí Dúnlainge y los Uí Cennselaig por los genealogistas). Modelándose claramente sobre la historia bíblica de las bendiciones de Jacob sobre sus hijos (Génesis 49: 3-4, 15) el texto se pronuncia: 
Sus hermanos le servirán.
Él tomará la placentera Ailenn.
Él poseerá la famosa Carman.
Él gobernará la venerable Almain.
Él fortalecerá Naas con esplendor...
Él tomará Maistiu de los reyes.

Esta enumeración de todos los principales lugares reales de Leister, la Colina de Alenn, el sitio de la feria de Carman, los antiguos lugares de Almu y Naas, y Maistiu (Mullaghmast, condado de Kildare), presenta a las claras a Fiachu ( y por implicación a sus descendientes) como los elegidos. Pero la estrategia, más bien evidente, de asumir una sección adicional, favoreciendo las pretensiones al poder más recientes, solo sirve para señalar el hecho de que la documentación original presentaba un panorama muy diferente, en el que los Uí Dúnlainge y los Uí Cennselaig aún no habían establecido su preponderancia. La posición representada en el "Timna", por tanto, probablemente refleja las realidades políticas de principios del siglo VII; en un breve espacio de tiempo esa posición iba a cambiar drásticamente, y con el ascenso de los Uí Dúnlainge en el norte de Leinster, y de los Uí Cennselaig en el sur, se iba a volver a dibujar a lo largo de las líneas que durarían hasta la llegada de los normandos.

Las tempranas tradiciones Uí Dúnlainge reclaman importancia para dos de sus ancestros, Illann y Ailill. El obispo Tirechán, en su collectaneum (= libro donde se recopilaban oraciones) del siglo VII, sobre el tema de Patricio, cuenta como el enemigo inquebrantable del santo, Lóegaire, el "rey supremo de Tara", había rechazado el bautismo debido a que su padre Niall le ordenó "ser enterrado en las murallas de Tara...frente a frente con los hijos de Dúnlang, En Maistiu, en la llanura de Liffey, a la manera de los hombres en guerra, hasta el último día". Puede haber algo de verdad en la pretensión, pero la doctrina oficial de que los Uí Dúnlainge habían disfrutado de un casi monopolio de la realeza remontándose hasta el siglo V es claramente falsa, y fue apoyada por los posteriores propagandistas simplemente mediante al conversión de su genealogía temprana en una supuesta lista real. Se cree generalmente que el verdadero fundador de la fortuna de la dinastía había sido Fáelán mac Colmáin († 666). Sin embargo, bien podría ser que su hermano (¿mayor?) Máel Umai tuviera un título para esa fama. Se dice por los genealogistas que atacó y derrotó a Deichtire mas Findig, de los Uí Ercáininna dún ("en su fuerte") en la víspera de la fiesta de Seanch, y "tomó su tesoro". La carrera de Máel Umai está en marcado contraste con los primeros años de su hermano, pues se dice que Fáeláin que había sido criado por San Kevin de Glendalough. La historia bien puede no ser más que una invención posterior, destinada a resaltar los estrechos contactos entre los posteriores reyes Uí Dúnlainge y este monasterio, pero si hay alguna verdad en ello, puede indicar que los primeros movimientos hacia la expansión Uí Dúnlainge fueron realizados por el hermano de Fáelán, que puede haber sido asesinado prematuramente, abriendo paso a Fáelán.

Desafortunadamente, hay una gran cantidad de oscuridad sobre la sucesión de reinados de Leinster en los primeros treinta años, más o menos, del siglo VII. Los anales registran que Fáelán mató a Crundmáel "Bolg Luatha", un rey Uí Cennselaig rival, en 628, y se refiere a Fáelán como rex Laegen (quizá prematuramente). El mismo Crundmáel había sido objeto de un asedio (obsessio) por los Uí Néill dos años antes, y el nuevo "alto-rey" Domnall, hijo de Áed mac Ainmerech, volvió a la lucha en 628, en lo que el analista llama una "devastación de Leinster" (vastatio Lagen). No obstante, como vimos más arriba, los mismos anales registran la batalla de Áth Goan en 633, en la que Fáelán mac Colmáin combatió aliado con  Conall mac Suibni de los Uí Néill y Fáilbe Fland, rey de Munster contra el rey Uí Máil de Leinster (ri Lagenorum) Crimthann mac Áedo. De ahí que la fecha de la ascensión de Fáelán al título de rey de Leinter no esté clara, como, de hecho, tampoco lo es la fecha de su fallecimiento. Los Anales de Ulster no registran la fecha de su muerte, y los otros anales ofrecen diferentes fechas alrededor de 666. Pero ya que su rival Uí Cennselaig Crundmáel "Erbuilc" mac Rónáin, que murió diez años antes, es descrito como rey de Leinster, parece muy probable que el óbito de Fáelán hubiera sido colocado demasiado tarde.

Hemos visto como el hermano de Fáelán, Máel Umai, destruyó el poder de  Deichtire mac Findig "y tomó su tesoro". Deichtire era de la rama Uí Ercáin de los Uí Meic Cruaich, que eran una sub-estirpe  de los Fothairt. Los Fothairt eran  el grupo de población original alrededor del sitio del monasterio de Brigit en Kildare y los Uí Ercáin eran recordados en la "Vita Tripartita" habiendo sido especialmente favorecidos  Por Patricio, que les bendijo (Dobert Pátraic bendachtain... for Uu hErcán huili) y a su rey, Fergnae mac Cobthaig, que también es mencionado en la vida de Fintan/Munnu de Taghmon, donde él encuentra al santo in campo Lyffi ("en la llanura de Liffey"). Esta prestigiosa posición, unida al hecho de que el lugar se sitúa ahora en las tierras de los Uí Failgi rivales, cuenta para la despiadada determinación por ganar el control de la iglesia como símbolo de su supremacía, y poca dudas pueden haber de que este asalto Uí Dúnlainge sobre el desdichado Deichtire fue la jugada preliminar en un intento por tomar el control de esta importantísima fundación eclesiástica. De hecho, los Uí Dúnlainge tuvieron éxito en esto en particular, imponiendo sus propios candidatos y manteniendo un monopoliode los cargos más altos casi hasta el final del siglo VII. El hermano de Fáelán Áed Dub († 638) fue abad y obispo de Kildare, y es descrito por los genealogistas como "obispo real de Kildare y de todo Leinster" (ríg-epscop Cille Dara ocus Lagen uile). El mismo elogio continua describiendo a Áed como un hombre de estudios famoso, y cita dos versos que son, quizá, la pieza más clara de la sátira política en la literatura:

Oh hermano,
si tú sigues la fe,
¿qué derecho tienes para competir con Áed,
a menos que en verdad hayas bebido beleño?
¿Son tuyos los cuernos para beber del buey salvaje?
¿Y es tuya la cervaza de Cualu?
¿Es tu tierra el Curragh de Liffey?
¿Eres el descendiente de 50 altos reyes?
¿Es Kildare tu iglesia?
¿Está tu compañerismo con Cristo?

Hay referencias puntuales a la coirm Chualand "cerveza de Cualu", y las llanuras alrededor del Curragh de Kildare, símbolos tradicionales del poder real en Leinster. Se encuentran también en un antiguo poema del siglo VIII en alabanza a Áed mac Diarmat, rey de los Uí Muiredaig y aspirante a rey de Leinster (†714?), "un descendiente de los reyes de los clanes de Cualu... al cual pertenece la agradable Liffey". La estrecha maquinaria que la dinastía mantenía en Kildare es buena prueba de su hegemonia en la región, la cual Fáelán buscaba apuntalar por medio de matrimonio político con Sárnat, hija de Eochu mac Baíth de los Déisi; un segundo matrimonio con Uasal, hija de Suibne mac Commáin de los Déisi, sugiere una preocupación igual con asegurar su frontera suroccidental (aunque es digno de recordar que una rama de los Fothairt, los Uí Brigti, también reclamaba una conexión con Brigit). Los genealogistas se refieren al hijo de Fáelán, Conall, lacónicamente como "el hombre que no era rey" (qui rex non fuit), aunque sus descendientes, los Uí Muiredaig, poseyeron el poder, de hecho, después de él. El genealogista interpertó los versos sobre Áed Dub como la declaración de su hermano Áed Find, con la implicación de que había sido engañado con este agradable trabajo, y bien puede haber alguna verdad en a observación. Como sucedió, el hijo de Áed Find, de hecho, sucedió en la abadía, lo cual sugiere que la línea de Fáelán no consiguió retener su posesión.

El poema titulado "Hail Brigit" por su primer editor, Kuno Meyer, apunta a un pesimista contraste entre las fortunas de todos esos reyes de Leinster hasta el hijo de Conall mac Fáeláin, Bran Mút (693), que supuestamente había ocupado el gran castro en Alenn, y la perdurable gloria de Santa Brigit. Su versión de la historia, es, no obstante, la de los Uí Dúnlainge, y Francis Byrne quizá tenga razón al proponer como autor al bien conocido Orthanach ua Cóellámae Cuirrig, obispo de Kildare (840), "un típico represetnante de la nueva escuela de historiadores de síntesis". De hecho, en fuentes posteriores, en particular las genealogías, los anales interpolados y las listas de reyes de los siglos XI y XII, conspiran para presentar este retrato clásico de la situación política en el Leinster primitivo, "y crear la impresión de que existían desde tiempo inemmorial mediante alguna ley natural". A pesar de las pretensiones hacia lo contrario por sus rivales los Uí Cennselaig, podía decirse justamente que los Uí Dúnlainge habían ganado la guerra de propaganda de todos modos. Retrocediendo hasta el siglo VI, en la persona de su rey Brandub mac Echach, los Uí Cennselaig  habían mostrado signos de una fortaleza emergente, y Brandub resultó victorioso contra el rey Uí Néill septentrional Áed mac Ainmerech en la batalla de Dún Bolg en 598. Pudieron vanagloriarse de éxitos mayores contra el enemigo tradicional que sus rivales septentrionales, pero a pesar de vagas referencias a "siete golpes contra Brega" por Brandub, no consiguieron capitalizar sus éxitos iniciales y jamás penetraron en las ricas tierras de Kildare. Esto puede haebr sido debido, en parte, a los efectos de las grandes plagas de las décadas de 660 y 680, las cuales parecen haber dejado intacto el poder de sus principales rivales de Leinster, mientras que minaron las suyas propias. Pero los Uí Cennselaig revivieron para escenificar otra apuesta  por la supremacía a principios del siglo VIII, solo para caer víctimas otra vez del poder de los Uí Néill.

La línea de Crundmáel mac Rónáin, que pretendió la realeza a mediados del siglo VII, produjo otro pretendiente en Áed mac Colggen en el siglo VIII. Áed se expandió  a partir de la base de poder de la familia en Ard Ladrann (cerca de Gorey, en el condado de Wexford), pero su muerte en la batalla de Áth Senaig (Ballyshannon, cerca de Kilcullen, en el condado de Kildare) en 738 fue la ocasión para una destacable entrada en los anales, los cuales proporcionan inusualmente una detallada información sobre las alianzas del rey de Leinster.
La batalla de Áth Senaig... entre los Uí Néill y los Laigin fue librada duramente, y los dos reyes respectivamente... esto es, Áed Allán (rey de Tara) y Áed mac Colggen (rey de Laigen)... Luego, los descendientes de Conn [= Uí Néill] disfrutaron de una tremenda victoria, cuando de manera extraordinaria ellos derrotan, pisotean, aplastan, derriban y destruyen a su adversarios de Laigin, tan es así que casi el ejército entero está casi aniquilado, excepto por unos pocos mensajeros para traer de vuelta noticias. Y los hombres dicen que tantos caeron en esta gran batalla que no encontamos una matanza comparable en un único ataque y feroz conflicto a traves de todas las edades precedentes...
Áed mac Colggen fue decapitado con una espada de batalla, y la mayoría de sus aliados murieron con él. Ellos incluían a Bran Bec mac Murchado de los Uí Dúnlainge, Fergus mac Móenaig y Dub-dá-Christ mac aui Cellaig mec Triein, dos reyes de los Fothairt; Fiangalach hua Máele Aithchen de los Uí Briúin Cualann; Conall hua Aithechdai de los uí Cennselaig; los cuatro hijos de Flann aui Congaile, probablemente de los Uí Failgi; y Éladach aui Máeluidir, así como "muchos otros, omitidos por bien de la brevedad". Aunque el anotador tardío de los anales buscó hacer a Áed mac Colggen rey conjunto con Bran Bec mac Murchado (y la lista real le ignora del todo, haciendo a Bran unico gobernante), no cabe duda de que Áed fue rey de Leinster, y que fue, por tanto, el último de los Uí Cennselaig en gobernar Leisnter hasta la recuperación de su poder en el siglo XI.

Desde 738 hasta 1042 la realeza de Leinster siguió siendo un monopolio de los Uí Dúnlainge. Murchad hijo de Bran Mut produjo cuatro hijos, cada uno de los cuales encabezó una sub-dinastía de la familia. Los Uí Dúnchada, Uí Fáeáin, y los Uí Muiredaig retuvieron el control de la realeza, alternando el título en una sucesión regular, la cual se pensó por nada menos que un erudito como Eoin Mac Neill que representaba una "ley" de sucesión dinástica. Esto sucedió a pesar del hecho de que Bran Bec murió junto con Áed mac Colggen en la batalla de Áth Senaig, y su hermano Fáelán (de acuerdo con el mismo anal) murió "inesperadamente, a una edad temprana" (immature aetate ac iniopinata morte). Puede haber alguna confusión en las fuentes, pero no se puede negar que los Uí Dúnlainge presentaban una imagen de formidable cohesión, y los cuatro hijos son enumerados como reyes de Leinster sucesivamente. Desde sus bases dinásticas en Maistiu (Mullaghmast) en Kildare meridional (la sede original de los Uí Dúnlainge) y más al norte en Naas, controlaban las llanuras hacia el norte hasta Dublín. Se ha sugerido que los Uí Dúnlainge estaban asistidos en sus ambiciones por los Clann Cholmáin de Mide, ansiosos de apartar el peligro de su frontera meridional al alentar las rivalidades internas entre los hombres de Leinster. El primer rey supremo Clann Cholmáin, Domnall Midi (†763) parece haberles dejado tranquilos a través de sus veinte años de reinado, mientras que su sucesor Niall Frossach mantuvo la tregua hasta su muerte en 770. El hecho de que cesaran las hostilidades entre los Uí Néill meridionales y sus adversarios de Leinster sugiere que su eterno conflicto había dejado de ser una guerra de conquista territorial. Hacia principios del siglo VII los Uí Néill habían alcanzado los límites de su expansión en las tierras centrales del sur y eran muy conscientes de los peligros que podían hacerles frente si se extralimitaban.


Cuadro general de los reyes de Leinster, c.400-c.800

Cuando a continuación los Uí Néill renovaron sus ataques fue resultado de una pelea más de la guerra dinástica interna dentro de Leinster. Donnchad mac Domnaill Midi avanzó y ocupó la colina de Alenn durante una semana y devastó la campiña circundante; el proceso fue repetido en 780 y de nuevo a principios de la década de 790, cuando el nuevo Alto Rey Uí Néill Áed mac Néill de Ailech (condado de Donegal) afirmó su poder recién fundado. Hacia 800, por tanto, la posición subordinada de Leinster era dolorosamente evidente.



2. El Ascenso de los Uí Néill 

a) Los oscuros inicios Uí Néill

La escena política desde el periodo más antiguo hasta el siglo VIII y más allá está dominada por lo Uí Néill. Su impulso de expansión contra Leinster proporciona una buena parte del tema de debate para los analistas más antiguos, y de hecho John V. Kellher incluso pretende en un punto que los anales, como los tenemos, fueron totalmente reescritos en el siglo IX  para fomentar la pretensión de la soberanía Uí Néill. Se duda de si cualquier erudito suscribiría esta perspectiva ahora; la tendencia que indudablemente muestra es regional, reflejando las diferentes localizaciones en la que los diversos estratos del texto fueron compilados originalmente. La inclinación en los Anales de Ulster es septentrional, pero no es una preferencia política en favor de los Uí Néill, más de lo que pueda decirse de los otros anales tempranos sobre que representan algo más que sus puntos de vista regionales. De hecho, aunque los historiadores de síntesis y los escritores de saga consiguieron de manera admirable evocar una perspectiva de su papel que definitivamente iba a llegar a estandarizarse en la división de Irlanda en dos "mitades", los analistas tempranos no son del todo claros sobre los orígenes de los Uí Néill o sobre sus primeros reyes.

La tardía distribución geográfica de los Uí Néill en una banda que se estiraba hacia el noroeste desde la costa oriental hasta Donegal es tomada generalmente como evidencia de su origen último en Connacht -aunque esto fue debatido por eruditos tales como T. F. O'Rahilly y James Carney, que argumentaron en su lugar a favor de una expansión hacia el oeste. John V. Kelleher ha destacado que los Uí Néill emergieron como un calamar desde una nube negra de su propia creación, y existe más de una sospecha de que lo que sobrevive a manera de tradición genealógica y pseudo-histórica sobre ellos ha sido adulterado, cuando no inventado. Cuando ellos se ven en el completo resplandor del siglo VIII, son dominantes en la mitad norte de Irlanda. Esto genera la división "tradicional" del país en dos "mitades", Leth Cuinn, "la mitad de Conn", y Leth Moga Nuadat, "la mitad del esclavo de Nuadu". El término "mitad de Conn" deriva del hecho de que los Uí Néill son vistos como una rama de los Connachta, descendientes del legendario Conn el de las Cien Batallas. Los genealogistas mantenían, y la evidencia histórica lo confirma, que había dos divisiones principales: los del norte, que reclamaban descender de Conall Gulban, Énda y Eógan, tres hijos de Niall, "el de los nueve Rehenes", y la rama meridional, que ocupaba los territorios de Brega, Mide y Tethbae, descendía de los otros hijos de Niall, Coirpre, Lóegaire, Fiachu, Maine y Conall Cremthainne. En las sagas estos son los tradicionales enemigos de los Hombres de Ulster y están acreditados con el derrocamiento de ese otrora poderoso reino en el curso del siglo V. Las confusas leyendas sobre la muerte de Niall han llevado a alguno a sugerir que el temprano prestigio de su dinastía derivaba de incursiones que llevaban a cabo sobre la Britania sub-romana. No obstante, los anales están irremediablemente perdidos en su datación de Niall, y su confusion está inextricablemente ligada a los desmoralizantes problemas  planteados pro la cronología de San Patricio.

b) Airgialla

Aunque los más antiguos anales los describen enredados sobre todo contra los Laigin, la principal pretensión de los Uí Néill a la fama era como conquistadores de la gran provincia de Ulster. Sus tradiciones registraban las hazañas de "los tres Collas", Conlae Uais, Conlae Menn y Conlae Fochri, biznietos de Cormac mac Airt, quien se enfrentó en siete grandes batallas con Fergus Fogae, rey de Emain (Navan Fort, condado de Armagh), y finalmente asaltó su ciudadela. Entonces, los hermanos expulsaron a los Ulaid hacia el este más allá del río Bann y colonizaron las tierras que habían ganado mediane la espada. De ellos derivan los Airgialla, una difusa conglomeración de tribus relacionadas que ocupaban las tierras en una amplia franja a través del Ulster central y que debían lealtad a los Uí Néill. Los historiadores medievales irlandeses colocaron estos acontecimientos a principios del siglo IV, pero aunque la leyenda tiene una base indudable de hecho, ni la cronología ni los detalles de los sucesos tiene ninguna llamada en nuestra credulidad.

Los tres Collas no son nada más que dobles de los tres hijos de Niall Noígiallach, cuyo epíteto se ha derivado de los nueve tuatha que supuestamente constituían la confederación de Airgialla. Su nombre significa "aquellos que dan rehenes", y eran con toda probabilidad una población largo tiempo asentada que en otro tiempo había sido tributarios de los Ulaid pero ahora transfirieron esa lealtad a sus nuevos conquistadores. Sus genealogías son confusas y contradictorias, y a pesar de la pretensión de que los Airgialla eran "los más cercanos a los Uí Néill después de los Connachta" lo artificial de su esquema no puede haber engañado a nadie. Probablemente no eran colonos, asentados por los Uí Néill como tapón entre ellos mismos y los Ulaid, sino tribus indígenas que habían reconocido durante mucho tiempo la supremacía de los reyes de Emain. Nunca fueron, al parecer, un grupo dinástico o tribal coherente, ya que cada pueblo tenía su propio rey, por ejemplo, In Airthir, Uí Tuirtri, Uí Méith y Uí Crimthainn;  el título de "rey de Airgialla" (rex na nAirgialla), sugiriendo una supremacía del grupo, aparece por primera vez en los Anales de Ulster en el óbito de Máel Fothartaig mac Máelduib (697). Muchos de los Airgialla septentrionales fueron absorbidos más tarde dentro del reino federal de Ailech, justo cuando algunos de sus primos meridionales cayeron bajo el dominio de los reinos de Mide y Brega. El resultado fue una confusión del anterior estado de cosas con respecto a sus ancestros últimos y su relación con los Uí Néill.


Los linajes de Airgialla

c) Las tribus subordinadas a los Uí Néill en las Tierras Centrales

Hay algunos oscuros y vagos rastros del esquema inicial de las cosas, dispersos a través de las colecciones genealógicas y en otros lugares. el texto arcaico conocido como el tratado "sobre los privilegios y responsabilidades de los poetas", enumera a los Laimne, Laigne, Luigne, Artraige, Daimne, Maigne y Mugraige, aparentemente como pueblos sometidos a los Uí Néill. Puede haber alguna verdad en la afirmación, pero las genealogías de los Luigni, y sus vecinos cercanos los Gailenga y Ciannachta, conservan textos arcaicos que parecen insinuar un diferente estado inicial del asunto. Los Ciannachta Glinne Geimin, que formaban un reino separado centrado en Dungiven, en la baronía que aún conserva su nombre (Keenagh, en el condado de Londonderry) tenía ramas relacionadas en Connacht y alrededor de la desembocadura del Boyne en el este, y en ambas áreas eran continguos a los Gailengas y Luigne. Los genealogías de los Gailenga Corcann (condado de Sligo) continene un pasaje muy oscuro, que parece implicar que las "siete razas" de los Gailenga vivieron una vez en Leinster (in regionibus Tuatha Domnand ocus Tuatha Gaileóin), junto con (?) los Luighne (representados aquí por su ancestro epónimo, Lugnae Fer Trí). El tratado relata cómo Lugnae fue recibido de vuelta del exilio por un rey llamado Nia noi nGráinne (que seguramente debe ser Niall "el de los Nueve Rehenes") in tempore Uolotorum, "en la época de los hombres del Ulster". En versiones posteriores de este material, Lugnae es el que adopta a Cormac mac Airt, ancestro de los Uí Néill y el hombre al que ellos remontaban su pretension a la realeza de Tara, y esta importante relacion sirve luego para explicar por qué los Luigne disfrutan de la posición de "nación más favorecida" con los Uí Néill. Las reseñás más antiguas de este texto, no obstante, no tienen nada que decir sobre Cormac o la leyenda del origen de los Uí Néill ligada a él, pero conserva una versión de los orígenes de Luigne "más antigua que las ficciones genealógicas acordadas que enlazan todos los linajes de Irlanda los cuales fueron elaborados, al parecer, a principios del siglo VII". Para cuando los historiadores sintéticos trazaron su esquema de la historia irlandes, esta versión más antigua de los acontecimientos fue convenientemente  olvidada, pero todavía iban a encontrarse rastros en los nombres que ellos eligieron para representar los ancestros últimos de las dinastías gobernantes. Así, en la lista real prehistórica encontramos que Éremón fue sucedido por sus tres hijos Muimne, Luigne y Laigne, cuyos nombres son claramente epónimos de los Hombres de Munster (Muimne), Hombres de Leinster (Laigne) y los Uí Néill, que se remontaban a Luigne Fer Trí (quien, de hecho, puede haber sido definitivamente, el dios ancestro  de los Dál Cuinn o Connachta). Evidentemente, los Uí Néill se habían distanciado hacia el siglo VII de los Luigne, Gailenga, Corcu Fer Trí y los otros pueblos más oscuros con los que estaban estrechamente asociados, prefiriendo presentar a estos como tribus tributarias que se habían introducido como hombres combatientes en las tierras tapón entre ellos y sus grandes enemigos de Ulster y Leinster. Para cuando los Uí Néill hubieron establecido su dominación en las tierras centrales, el contexto político primitivo fue reescrito, como en la saga de la batalla de Crinna, que pretendía contar cómo Cormac mac Airt derrotó a los Ulaid con la ayuda de Tadc mac Céin (ancestro de los Ciannachta) y por una ingeniosa ficción se establecio a los Ciannachta como un reino vasallo de los Uí Néill alrededor del área del Boyne. Hacia mediados del sigl VIII los reyes Sil nÁedo Sláine de Brega septentrional estaban comenzando a titularse "reyes de Ciannacht", después de que hubieran asumido, al parecer, las tierras Ciannachta a continuación de la batalla de Imlech Pich en 688, pero la población anterior retuvo alguna independencia en la forma de los Fir Ardda Ciannachta, cuya autonomía sobrevivió en el siglo IX.


Tribus sometidas a los Uí Néill en las Tierras Centrales

d) Los linajes Uí Neill meridionales

Aunque se acostumbre a usar el término Uí Néill para marcar este grupo de familias, no hay tal implicación de descendencia tribal como el que se une a nombre similares como los Uí Bairrche o Uí Failgi en Leinster. "Los Uí Néill no eran ni una tribu ni una federación de tribus, sino una dinastía que se separó del tronco tribal matriz de los Connachta, y al hacerlo así introdujo una nueva fuerza en la política irlandesa que se superpuso y finalmente destruyó el tribalismo. De ahí que el término sea anácrónico para el siglo V, ya que por esa época la dinastía difícilmente habría comprendido mucho más que los hijos del mismo Niall; de hecho, los anales más antiguos no hacen mención de ellos bajo ese nombre, sino que se refieren a los hijos individualmente. La fecha 440 dada para la muerte de Maine es el primero de los óbitos analísticos para los hijos de Niall, y el estrato más temprano de los anales -aunque siempre susceptible de manipulación posterior- ofrece los huesos desnudos de una cronología para su ascenso al poder.

Mucho mejor conocido -debido a que fue inmortalizado por su papel en la saga de Patricio- es Lóegaire mac Néill. Como vimos antes, Lóegaire es representado en la hagiografía de finales del siglo VII como la bestia negra del apostol irlandés, llamado por uno de los biógrafos de Patricio otro Nabuconodosor que residía en Tara, "su Babilonia". Bastante curiosamente, las tradiciones topográficas incorporadas en el collectaneum del obispo Tirechán relacionadas con Patricio y sus primitivas fundaciones colocan a las hijas de Lóegaire en Cruachu (Rathvroghan, condado de Roscommon), con la implicación de que el mismo Lóegaire gobernaba como rey de Tara desde Connacht. Este origen en Connacht para la estirpe está apoyado también por el hecho de que las genealogías Cenél Lóegaire ubican un grupo de sus descendientes en el área al oeste del Lough Erne. La expansión posterior hacia el norte y el este de los Uí Néill se atribuye por lo general al hecho de que eran "más dinámicos". Cómo se manifestaba esto en términos prácticos es difícil de ver, pero parece ser el caso de que ellos, más que sus rivales del norte o del sur, organizaron sus conquistas sobre una base estrictamente territorial y dinástica, distribuyendo sus señoríos recién ganados entre los hijos de Niall sobre extensas áreas, y en el proceso rompiendo el patrón anterior de realezas tribales que habían precedido su llegada.



El posterior tratado "Bóruma", una muestra de propaganda, supuestamente explicando como los reyes Uí Néill de la prehistoria habían recabado un enorme tributo en ganado de los Hombres de Leinster, mantenía que Lóegaire había encontrado su muerte mientras estaba intentando imponer este tributo sobre los Laigin. La historia es pura saga, pero los más antiguos anales preservan un lacónico registro de la ofensiva Uí Néill del siglo V hacia el sur, que comenzaba con la noticia de "una gran matanza de los Hombres de Leinster" (interfectio magna Lagenarum) en 452, la cual es seguida, quizás de manera significativa, por la noticia de la celebración de Lóegaire del "banquete" de Tara (feis Temro) dos años más tarde. En conjunto, sin embargo, el pobre registro analístico sugiere que la de Lóegaire no era no era una carrera militar muy favorable: una derrota a manos de los de Leinster es anotada en 458 y su muerte en batalla contra ellos aparece bajo 462. Incluso si confiamos poco en la cronología exacta, caben pocas dudas de que la resistencia de Leinster a los Uí Néill aún era fuerte hacia el final del siglo V, comenzando la marea solamente durante el reinado del hijo de Niall, Coirpre.

Los primeros éxitos reales Uí Néill fueron probablemente debidos a este Coirpre, más que a Lóegaire. El texto conocido como "Buile Chuind" ("La visión de Conn"), en la que  Conn Cétchathach profetiza sobre los futuros reyes de Tara, es una arcaica lista real, probablemente redactada hacia finales del siglo VII, la cual, entre otras interesantes carcterísticas, incluye a Coirpre entre la lista nominal de los Reyes Supremos. Considerando que el nombre de Coirpre fue suprimido totalmente de todas las listas reales posteriores, este hecho es sigificativo, y encuentra apoyo en otro trabajo del siglo VII, el "Collectaneum" de Tirechán. Allí Patricio encuentra a Coirpre en un banquete real celebrado en Tailtiu (Teltown, condado de Meath), pero Coirpre es hostil y Patricio le maldice, diciendo que no engendraría reyes sino que serviría a sus hermanos para siempre. Esta historia es reproducida en la posterior "Vita Tripartita" y estaba destinado originalmente a significar que los una vez poderosos Cenél Cairpri aún residían en Tailtiu, mientras que los reyes Uí Néill anteriores habían celebrado el famoso Oenach Tailten (familiar en su aspecto moderno como los juegos de Tailteann). Com Macneill destaca, "es común y corriente hacer que las profecías de Patricio expliquen los altibajos de la posteridad de los príncipes", pero en este caso Tirechán estaba ignorando descaradamente el hecho de que tres sub-estirpes distintas de los Cenél Cairpre eran todavía poderosas en su propia época (c.700): los Cairpri Laigin cuyo nombre sobrevive en la forma de Carbury Hill (baronía de Carbury, condado de Kildare) en la frontera noroeste de Leinster, una segunda en los Cairpri Gabra (en el área de Granard, condado de Longford), y una tercera en el reino de Cairpri Dromma Cliab (alrededor de Drumcliff, condado de Sligo). La parcialidad política de Tirechán queda expuesta por otro detalle preservado en los additamenta al material de Patricio en el Libro de Armagh, donde se registra que las tierras en el territorio de los Cairpri Dromma Cliab fueron traspasadas a Patricio por el mismo Coirpre (regnum offerebat...Coirper Patricio). Por tanto, los indicios topográficos e históricos demuestran que los territorios de Coirpre se extendían en una amplia banda hacia el sureste hasta la frontera de Leinster. No obstante, estos territorios fueron interrumpidos por el ascenso posterior de las dinastías Uí Néill de las tierras centrales, que descendían de Diarmait mac Cerbaill, y todos los recuerdos de la supremacía política anterior de Coirpre en las tierras centrales iban a sumergirse en la masa de tradiciones centradas sobre Lóegaire. Solo se recuerda un hijo para Corpre, Eochu, y desaparece sin dejar rastro.



El otro protagonista principal Uí Néill del registro analístico temprano es Muirchertach Mac Ercae, que puede ser idéntico al  Macc Ercae/Mac Ercéni de la "Baile Chuind". Pero la confusión en los anales de Ulster sobre la forma de su nombre, unido a la probable colocación errónea de su óbito en 536 y el carácter semilegendario de su reinado no fomenta la confianza en las fuentes, y su "confusa personalidad" puede no ser otra cosa sino un intento posterior (como ha sugerido F. J. Byrne) por parte de la rama Cenél nEógain de los Uí Néill septentrionales de interpolar un antiguo rey de Tara en sus ancestros. Además de varias victorias sobre los hombres de Leinster (que por esta época se habían vuelto casi obligadas para los vástagos Uí Néill aspirantes), los anales también registran una victoria conseguida por Muirchertach sobre Daui Tengae Umai, rey de Connacht,  en la batalla de Segas en 502; a continuación de una serie de batallas anotadas lacónicamente en los Anales de Ulster (498, 499, 500 (bellum, sin ninguna elaboración más!), 501), la victoria en Segas puede señalar un cambio hacia el oeste en las ambiciones de Muichertach. Cuando después los Uí Néill avazaron contra los hombres de Leinster (510) fueron liderados por el hijo de Niall, Fiachu, que fue derrotado por Failge Berraide de los Uí Failgi. No obstante, como vimos más arriba, Fiachu revirtió esta desgracia seis años más tarde (516) cuando derrotó a los Laigin en la batalla de Druim Derge, como resultado de lo cual, de acuerdo con los Anales de Ulster, el campus Mide se perdió para siempre para los hombres de Leinster. Mediante otro curioso giro Tirechán, que registra un encuentro entre Patricio y un hijo de Fiachu (no nombrado) en Uisnech, declara que el hijo de Fiachu mató a miembros del grupo del santo, invocando de él la acostumbrada profecía de condenación. Los Cenél Fiachach iban a deslizarse, de hecho, en la carrera política (¡a pesar del hecho de que en la "Vita Tripartita" la maldición de Patricio fue apartada de Fiachu y su hermano Énda por la intervención de su ayudante, Sechnall!), y al jefe de su estirpe se le da el título menor tigernae, "señor", no rey, en la noticia de su muerte en los Anales de Ulster (739). Los Cenél nEndai, maldecidos junto con sus hermanos, ocuparon un pequeño reino alrededor de Raphoe, condado de Donegal, con otra rama sobre la costa occidental de Lough Erne, y aparentemente fueron relegados a una temprana oscuridad política.


Dinastías y tribus de la tierras centrales

Estas conquistas Uí Néill llevaron a la anexión permanente de las tierras al norte de la actual frontera Kildare-Offaly y con ella la absorción de los diversos pequeños  reinos que habían sido tribus subordinadas de los Laigin. Los Uí Néill adoptaron ocasionalmente estos nombres tribales, con el resultado de que, a menudo, es muy difícil descifrar sus afiliaciones originales. Así, grupos tales como los Fir Assail, Fir Bile, Fir Cell y Fir Tulach fueron incorporados en el laberinto de sub-estirpes Uí Néill cuyas tierras ocuparon, circunstancias que fueron representadas  mediante la reescritura de las genealogías para acomodarlas a estos cambios. Los Fir Tullach Midi, por ejemplo,  pretendían descender del rey Uí Cennelaig de Leisnter de principios del siglo VII, Brandub mac Echach. Esta pretensión es probablemente falsa, ya que su tierra seguramente había caído en manos de los Uí Néill al menos un siglo antes de la época de Brandub. Pero a pesar de su posición como pueblo tributario de los Uí Néill, su afiliación original con los Laigin es probablemente auténtica. Para tapar los rastros, no obstante, los genealogistas les dieron un linaje que les derivaba de un totalmente ficticio Fer Tulach, hijo de Niall. Del mismo modo los Callraige del norte de Sligo y Leitrim, generalmente descendientes, junto con las ramas más antiguas de ese pueblo, de Lugaid Cál, hijo de Dáire, se les da en un tratado posterior una ascendencia falsa desde un igualmente ficticio Cal, hijo de Coirpre mac Néill, simplemente porque ocupaba la tierra en el territorio Uí Néill de Cairpre Dromma Cliab. Similares "revisiones" del registro histórico pueden enumerarse para otros pueblos cuyo destino fue que sus tierras se extendían a ambos de las fronteras entre los grandes rivales provinciales.

Los hijos de Niall Coirpre, Lóegaire, Fiach y Maine fueron los fundadores de los reinos de las tierras centrales de los Uí Néill meridionales en los antiguos territorios de Brega (condados de Meath, Dublín septentrional y Louth meridional), Mide (condados de Westmeath y Offaly occidental) y Tethbae, distinguidos territorialmente más tarde como Tethbae Tuaiscirt y Tethbae Deiscirt -Tethbae norte y sur. Tethbae Deiscirt, centrado en Ardagh y con sus fronteras meridionales marcadas por el río Inny, fue el reino de Maine, y un nieto suyo, Áed mac Bréndain meic Maine es destacado en los Anales de Ulster en 588 como rex Tethbae; un anotador posterior declara que fue él quien otorgó  Colum Cille la tierra sobre la que se fundó el monasterio de Durrow. Las genealogías conservan los nombres de varios reyes más de la misma línea (Bécc mac Conlai, rí Tethbae, 771; su hijo Diarmait, rex Tethbae, 791; Conaing mac Congail, rex Tethbae, 823; y otros hasta el final del siglo IX. Tethbae septentrional era el territorio de de Cairpre, centrado sobre Granard, y diversas sub-estirpes, bajo las designaciones Cenél Cairpri, Cairpri Mór y Cairpre Gabra, figuran en los Anales de Ulster durante los siglos VII, VIII y IX. Los Cenél Fiachach ocupaban las tierras de Mide entre Birr (condado de Offaly) y Uisnech, mientra que los Cenél Lóegaire estaban situados alrededor de Trim (condado de Meath), aunque parece que una rama había estado localizada más al oeste, sobre el Lough Erne.

Reyes de Tethbae

Pero todas estas familias iban a ser eclipsadas por los más poderosos dinastas de los Uí Néill meridionales, descendientes de los hijos de Diarmait mac Cerrbail: los Clann Cholmáin de Mide y los Síl nÁedo Sláine, cuyo reino se centraba en Brega en el este y abarcaba la misma Tara en el oeste. Los nietos de Áed Sláine fueron contemporáneos de Tirechán; uno de ellos, Fínsnechtae Fledach (†695) es el último nombre mencionado en la arcaica lista real "Baile Chuind". Es curioso que estas dos grandes dinastías Uí Néill meridionales derivan su origen, no directamente desde Niall, sino desde su biznieto Diarmait, ya que la carrera de Diarmait es oscura y ha dado lugar a algún excepticismo erudito sobre sus ancestros reales. Su abuelo Conall Eirr Breg ("auriga de Brega") también fue conocido como Conall Cremthainne (que probablemente significa -como sugirió MacNeill- que fue criado por la estirpe de Cremthainne). Figura en el relato de Tirechán del itinerario de Patricio, donde él "le recibió con gran hospitalidad" (cum gaudio magno), provocando la tradicional bendición para él y sus descendientes. Una sub-estirpe de la familia, Cenél nArdgail trazaban su descendencia a través de un hijo de este Conall, y aunque no lograron conseguir capturar la realeza suprema Uí Néill, sin embargo, retuvieron su independencia hasta 837, cuando desaparecieron de los Anales de Ulster.


Los indicios para el periodo crucial de formación de los reinos Uí Néill son oscuros y confusos (quizá esto fue deliberado). Son, de modo bastante curioso, las familias menos exitosas -Cenél Lóegaire, Cenél Maine (Tethbae), y Cenél Fiachach- las que preservan las genealogías más completas. Donde uno esperaría que los descendientes de Conall Cremthainne, especialmente Sil nÁedo Sláine y Clann Cholmáin Márr, que monopolizaron la realeza suprema meridional, aportarían el núcleo mayor del registro histórico, de hecho es justo al contrario. Sus registros genealógicos son decepcionantemente escasos, fragmentarios y confusos. El Clann Cholmáinn no tenía otro linaje que el de Flann Sinna mac Máel Sechnaill (rey de Tara, 879-916); el periodo anterior tuvo que ser reconstruido a partir de entradas extraviadas en los anales y otras fuentes.

Las estirpes Uí Néill meridionales (I): los reyes de Mide (Meath) hasta el siglo IX

En el proceso, no obstante, no podemos dejar de notar que mucha información esencial  ha sido eliminada deliberadamente, que la supresión parece afectar a cada línea posiblemente competidora dentro de la descendencia desde Diarmait mac Cerbaill († 565), y que para los siglos VI y VII los anales parecen haber sido despejados en gran medida de entradas relativas a las otras tribus Uí Néill meridionales.

A los historiadores sintéticos posteriores les gustaba describir su ascenso en términos de su toma de posesión de la realeza de Tara, de la cual ellos reclamaban el monopolio virtual. El contemporáneo exacto de Tirechán, el abad Adomnán de Iona († 704), en su Vida de San Columba se refiere a Diarmait como el rey "ordenado por Dios como el rey de toda Irlanda" (totius Scotiae regnatorem deo auctore ordinatum), y aunque las listas de reyes reconocen que antes de la época del ancestro de Diarmait, Niall, la realeza de Tara no era perrogativa única de los Connachta, desde la época de Diarmait el término rí Temro, "rey de Tara", se entendía -por los propagandistas Uí Néill, en cualquier caso- que significaba "rey de Irlanda". Las campañas Uí Néill contra los Laigin parecen haber sido parte de sus esfuerzos por hacer realidad esta pretensión, aunque también pueden ser un reconocimiento tácito de que los Laigin habían hecho tales reclamaciones ellos mismos en épocas anteriores. El mismo Diarmait tenía una carrera militar menos que conspicua carrera militar, y los últimos pocos años de su reinado estuvieron marcados por una serie de derrotas (Cúl Dreimne (561), supuestamente instigada por Collum Cille; Cúil Uinsen (562), donde él huyó de la batalla contra Áed mac Brenaind de Tethbae; y su muerte a manos de Áed Dub mac Suibne, destacado este último también por Adomnán en su "Vita Columbae"). Pero como Lóegaire mac Néill antes que él, los éxitos posteriores de sus descendientes fue suficiente para asegurar su fama.

Las listas reales y los anales muestran una considerable confusión en el asunto de quien sucedió a Diarmait en la realeza suprema. El "Baile Chuind", compuesto como hemos visto, durane el reinado de Fínsnechtae Fledach († 695), sugiere que Diarmait no tuvo sucesores inmediatos, y de hecho su hijo Áed Sláine parece haber sido eclipsado por su primo del norte Colmán Rímid mac Báetáin († 604), rey del Cenél nEógain y abuelo materno del rey northumbrio Aldfrith (685-704), y posiblemente también hermano del obispo Fínán de Lindisfarne. De hecho, no fue hasta el reinado conjunto de los hijos de Áed Sláine, Diarmait y Blathmac (658-665) cuando la dinastía de las tierras centrales estuvo firmemente establecida.



Las estirpes Uí Néill meridionales (II): Reinos de Brega, Cnogba y Locha Gabor

e) Las estirpes Uí Néill septentrionales

Hacia el final del siglo VII, está claro, los Uí Néill fueron el poder dominante en la mitad septentrional del país. De acuerdo con las listas reales "oficiales" del siglo VIII y más tarde, la mayoría de los así llamados reyes supremos (ard-rí / high-king) vinieron de los Cenél Conaill y Cenél nEógain en el norte y los Sil Áedo Sláine y Clann Cholmáin en el sur. Lóegaire mac Néill y su hijo Lugaid también fueron incluidos, junto con Tuathal Máelgarb, nieto de Coirpre mac Néill, pero ninguna de las otras ramas fue acomodada en el esquema. La doctrina posterior fue la de que estas habían reconocido la superioridad de los linajes principales, que monopolizaron la realeza. Los Uí Néill meridionales poseyeron la mayoría de las tierras fértiles en las tierras centrales, mientras que sus primos del norte abarcaban los territorios estratégicos a través del noroeste hasta el mar. Después del revés inicial que se había destacado por la derrota de Áed mac Ainmerech por Brandub mac Echach de Leinster en la batalla de Dún Bolg en 598, su hijo Domnall mac Áedo aparentemente restauró la situación en la frontera meridional, mientras que una victoria posterior en 637 contra los Ulaid en la batalla de Mag Roth selló su carrera de éxito. Los anales le llaman rex Hiberniae a su muerte en 642/3 -el único hombre en recibir el título en el siglo VII.

El nieto de Domnall, Loingsech mac Óengusso († 704) es el segundo rey Uí Néill en solitario en serle concedido el título "rey de Irlanda" por los analistas antes del siglo IX, pero de hecho el comienzo del siglo VIII vería un periodo de intensa rivalidad interna entre los mismos Uí Néill, culminando en la desastrosa derrota del rey supremo septentrional Fergal mac Máele Dúin a manos de los Laigin en la batalla de Almu (Allen, condado de Kildare) en 722. Su fortuna fue restaurada, no obstante, con la ascensión de Áed Allán de Cenél nEógain (734-743). Ya fuera por coincidencia o como resultado de un acuerdo mutuo, el título de Alto Rey alternó regularmente desde 734 entre los Cenél nEógain de Ailech y el Clann Cholmáin en Mide. Durante el reinado de Áed Allán los Cenél nEogáin se expandieron desde su fortaleza en Ailech en la península de Inishowen en los territorios Airgialla septentrionales de Londonderry y Tyrone, y mediante su absorción de los septentrionales Uí moccu Uais lograron dar un golpe estratégico a sus rivales Cenél Conaill de Donegal, que fueron desconectados del acceso a las tierras centrales al sur de ellos. Esto puede explicar, de hecho, el, por otra parte, inusual intento de Loingsech mac Óengusso (penúltimo pretendiente Cenél Conaill a la realeza de Tara) de dirigirse hacia el sur al interior de Connacht, donde encontró su fin -"junto con muchos otros líderes"- en la batalla de Corann (condado de Sligo). Habiendo afirmado la dominación de su propia dinastía sobre el hijo y sucesor de Loingsech, Flaithbertach, Áed Allán consolidó la supremacía Cenél nEógain en el norte, añadiendo la iglesia de Armagh a sus otras ganancias, mientras que en el sur el Clann Cholmáin emergió de su comparativa oscuridad como la fuerza política dominante en las tierras centrales, invadiendo a su vez los territorios Airgialla meridionales de Uí moccu Uais Midi, Uí moccu Uais Breg, y los Mugdornai Breg.


Provincias resultantes de la partición del Ulster

A pesar de la letanía de acontecimientos durante el siglo VIII, los cuales les vieron establecer la hegemonía efectiva sobre Leinster y un molesto punto muerto contra los Ulaid, los Uí Néill alcanzaron la cima de su poder hacia c.800. Es difícil decir por qué habían disfrutado de tal éxito fenomenal, pero puede ser que la territorialización del poder que era su sello distintivo les diera una ventaja sobre sus rivales. Así, por ejemplo, hacia mediados del siglo VIII los descendientes de Congalach mac Conaing, que gobernaban el reino de Brega septentrional centrado en el antiguo túmulo real de Knowth, son llamados reyes de Ciannachta (como se vió más arriba): simplemente asumieron el nombre tribal de sus tierras recientemente adquiridas. "Tal aplicación geográfica de un nombre de población, y en particular su usurpación por extranjeros, apenas habría sido posible en la anterior, y más puramente tribal, etapa de la sociedad irlandesa. Pero el surgimiento de los Uí Néill septentrionales y meridionales como bloques de poder separados iban a demostrar su ruina en las décadas por venir. Cuando en los siglos VI y VII todavía había alguna unidad en los objetivos entre las ramas norte y sur, y un sentimiento genuino de solidaridad ancestral, los Cenél nEógain y los Clann Cholmáin se distanciaron los unos del los otros y cada uno se enfrentó a los nuevos retos del siglo X por su propia cuenta.


Reyes supremos de Irlanda de los Uí Néill del norte: Reyes de Ailech y Jefes del Cenél Conaill

3. Los restos del antiguo reino de Ulster

El material de saga personificado en las historias del ciclo del Ulster, centrado sobre el famoso "Tain Bó Cuailnge", recoge los recuerdos de las guerras a larga distancia entre los Connachta y los Ulaid. La historia de la caída de Emain Macha, preámbulo a las genealogías de los Airgialla, colocaba este acontecimiento a principio del siglo IV, pero puede demostrarse que esta fecha es una fabricación de los pseudo-historiadores posteriores, y, de hecho, ahora se duda de si la caída del reino del Ulster puede ser establecida tan pronto. El colapso de los Ulaid no fue total, ni ellos mismos consideraron su derrota manos de los Uí Néill otra cosa que un revés temporal; ya en el siglo VII -cuando los Uí Néill estaban reclamando un monopolio de la realeza suprema- uno de sus reyes era descrito en un tratado legal como rí Temro, "rey de Tara". Al comienzo del periodo documental el antiguo "quinto" provincial de Ulster ya no existía, pero los Ulaid aún eran independientes y gobernaban sobre un extenso reino en el este de su antiguo territorio, mientras que estaban afectados de una majestuosa superioridad respecto a sus advenedizos suplantadores Uí Néill.

Las fronteras políticas del reino del Ulster desde c.600 eran tan fluidas como las de los otros reinos cuyos territorios formaban el objetivo de las ambiciones Uí Néill. No obstante, se puede demostrar que los Ulaid aún guardaban pretensiones -ya fueran realistas o no- a tierras tan al sur como el Boyne. Así en al arcaico texto sobre los privilegios y responsabilidades de los poetas que se conserva en el texto legal conocido como "Bretha Nemed" ("Juicios de personas privilegiadas") el poeta de Ulster Aithirne lamenta la muerte de su cliente Borur, muerto en una incursión al interior de Connacht (a crich Connacht) con las palabras "Ay de los hombres de Ulster si ellos están más allá del Boyne" (mairg d'Ulltaibh madh alla Boinn beid). El texto preserva el recuerdo de un periodo en que las tierras al sur de Ulster fueron ocupadas por los Connachta (antes del ascenso de los Uí Néill), y cuando el mismo Ulster estaba en su mayor extensión. Los Ulaid, como poder dirigente en el norte, dieron su nombre a la provincia, que se extendía desde el río Drowes (que separa el condado de Leitrim del condado de Donegal) a la desembocadura del Boyne (incluyendo el actual condado de Louth, que todavía era reconocido formando parte del Ulster hasta el siglo XVII).

En los documentos históricos (aunque no en las fuentes literarias) los Ulaid siempre son identificados como el grupo de población cuya dinastía gobernante eran los Dál Fiatach, que ocupaban la mayor parte del actual sur y este del condado de Down. Así, el título rí Ulad tenía un doble significado: podía significar "rey de los Ulaid" [esto es, Dál Fiatach] y también "rey supremo de Ulster". Más numerosos y poderosos en el periodo arcaico, no obstante, eran los pueblos conocidos como Cruthin o Cruithni, representados más tarde por las dinastías gobernantes de los Dál nAraide (sur del condado de Antrim) y los Uí Echach Cobo (oeste del condado de Down). En el siglo VI estos pueblos aún controlaban partes del condado de Londonderry también, y el gran relato de saga "Tain Bó Cuailnge" preserva la distinción entre ellos y los Ulaid. Los anales también reconocen la distinción: los Anales de Ulster, por ejemplo, registran en 668 la batalla de Belfast (Bellum Fertsi) entre los Ulaid y los Cruthin (inter Ultu et Cruitne), y esta distinción también se encuentra en otros escritos del siglo VII, tales como la Vida de San Patricio de Muirchú. En las fuentes más antiguas el nombre "Cruithni" es aplicado generalmente a los Dál nAraidi: Adomnán en su "Vita Columbae" se refiere a ellos como Cruithni y Cruthin populi, mientras que en los anales el término es usado de ellos hasta 773 (Flathruae mac Fiachrach, rex Cruithne, moritur), después del cual se abandona en favor del término "Dál nAraidi". Este abandono de "Cruthni" puede tener algo que ver con el hecho de que el término es un préstamo Q-céltico de "Priteni", el nombre de los más antiguos habitantes recordados de las Islas Británicas, mejor conocidos bajo su apodo latino "Picti". Los autores irlandeses que escribían en latín, como Adomnán, usan invariablemente el término "Picti" para indicar a los Pictos de Escocia, pero en irlandés el término "Cruthin" se usaba tanto para los pictos como para sus primos, y aunque la "leyenda de origen" de los pictos es relativamente tardía en fecha, podemos asumir con un grado razonable de certeza que la conexión que presupone era todavía un recuerdo popular en el periodo histórico. Desde el siglo VIII, sin embargo, el término "Cruthin" se abandonó al parecer por "dar demasiado la sensación de un origen "picto" extranjero", y los genealogistas intentaron cubrir los rastros al afirmar que los Dál nAraidi eran los "verdaderos Ulaid" (na fir Ulaid) de antigüedad, aunque admitían que el nombre "Ulaid" se aplica a los Dál Fiatach "hoy" -esto incluso después del declive del poder Dál nAraidi de nuevo en el siglo X, después del cual los rivales Dál Fiatach reafirmaron su antigua posición. De hecho, el nombre "Ulaid" continuó aplicándose a los Dál Fiatach hasta que los anglonormandos finalmente pusieron fin a su poder, ilustrando así cuan artificiales y forzadas eran las doctrinas de los genealogistas en ocasiones.


Reyes de Ulster (Ulaid) de la estirpe Dál Fiatach

La expansión de los Uí Néill sin duda tuvo su impacto en la fortuna política de otros pueblos, menos conocidos, de Ulster en el periodo histórico primitivo, como ocurrió en Leinster, y la tardía aparición de los Dál Fiatach y Dál nAraidi bien puede ocultar la temprana supremacía de otras tribus. Los anales de Ulster en 456 registran la muerte de un Énnae mac Cathboda, alias Énda Rogaillnech, ancestro de la dinastía Uí Echach de Ards, y la posterior dominación Dál Fiatach del monasterio de Bangor puede haber resultado a partir de su expulsión de los Uí Echach a la aislada península de Ards. Otra rama de la misma tribu, los Uí Echach Cobo, los cuales aportaron ocasionales reyes supremos de Ulster, pueden, del mismo modo, haber sido separados de sus aliados Dál nAraidi al norte por la expansión Dál Fiatach hacia el oeste hacia el Lough Neagh. Los Anales de Ulster tienen la enigmática entrada expulgnatio Duin Lethglaisi, "el asalto de Downpatrick", en 496 (duplicado en 498), el cual bien puede significar una importante victoria -aunque es difícil de decir si a favor o en contra de los Dál Fiatach. Lo primero parece más probable, ya que los Dál Fiatach gobernaron Ulster desde su sede real en Downpatrick (Dún dá Lethglass) durante siglos, y el lugar también tuvo importantes conexiones eclesiásticas. La evidencia de hagiografía patricia conserva trazas de una conexión entre este sitio y la iglesia misionaria de San Patricio; de hecho, algunas tradiciones recuerdan el lugar manteniendo asociaciones con el monasterio de Bangor ya en c.600. Es un curioso hecho que Bangor parece reemplazar a Downpatrick como centro de la influencia eclesiástica de Dál Fiatach; el cambio, sin embargo, indica una expansión hacia el norte al interior del Antrim meridional.

Los Dál nAraidi rivales, cuyos reyes residían en Ráth Mór al este de la ciudad de Antrim, igualmente pueden haber suplantado otros linajes, pero parecen haber soportado la peor parte del conflicto con los Uí Néill, y sufrieron pérdidas a mediados del siglo VI de las cuales realmente nunca se recobraron. Esto ocurrió a pesar de éxitos iniciales contra el mismo enemigo, sobre todo la derrota del rey supremo Diarmait mac Cerbaill a manos del célebre Áed Dub mac Suibni, "un hombre muy sangriento y asesino de muchos" (de acuerdo con Adomnán, el cual estaba relacionado con el rey supremo). La victoria llegó a ser materia de leyenda, "que tejió a su alrededor un aura mágica sugestiva de un ritual de matanza triple". De acuerdo con esta tradición, Diarmait fue muerto en Ráth Bec cerca de la sede real Dál nAraidi de Ráth Mór Maige Line, mientras hacía un "circuito" real de Ulster. La historia es imposible, puesto que ningún rey Uí Néill de la época se habría atrevido a poner un pie dentro de Ulster, pero que Diarmait cayera en las manos de un rey Cruthin es bastante significativo. El hijo de Diarmait, Colmán Mór, también cayó a manos de otro rey Cruthin, Dubsloit hua Tréna, intentando, sin duda, vengar la muerte de su padre.

El año 563 marcó la cambio decisivo en la fortuna Cruthin; la batalla de Móin Dairi Lothair fue ganada por una alianza Uí Néill del norte contra una combinación de reyes Cruthin, siete de los cuales se supone que habían caído en la contienda. El relato más bien confuso en los Anales de Ulster parece implicar que la causa inmediata fue un conflicto interno en el que un Báetán mac Cinn (por otra parte desconocido; lege coccu Cruind -¿descendiente de Cruind ba drui?) reclutó a los Uí Néill contra sus primos Cruthin, prometiéndoles el Lee y Ard Eólairgg (Magilligan Point) como recompensa (mercede). La batalla también fue recordada por Adomnán, que menciona a un rey Cruthin, Eochaid Laib, que escapó de la matanza en su carro (uictus currui insedens euaserit); el nombre de Eochaid no se encuentra en los anales o genealogías, aunque su hijo Eugan es conmemorado en 611. El relato de la batalla es una interesante confirmación del hecho de que el territorio del Fir Lee, al oeste del río Bann, entre las tierras de los Ciannachta y el río Bann, y al norte del río Moyola (Mag Dola, en el sureste de Londonderry) solamente llegó a ser sometido a los reyes de Ailech en los años que siguieron a 563 -mucho después de la fecha en que  de acuerdo con la tradición Uí Néill, el reino de Ulster se había colapsado. Entre el Bann, que separaba los Fir Lee del pequeño reino de Eilne, y el río Bush (el límite más occidental del reino Dál riata) los Uí Néill asentaron a sus aliados Airgialla.

La poco definida confederación de tribus Cruthin que había combatido contra los Uí Néill se reagruparon después de 563 en el área al este del bajo Bann y se consolidaron alrededor de los restos de los Dál nAraidi. Adomnán en otro pasaje representa a Columba de Iona, el santo patrón de los Uí Néill, y Comgall de Bangor, patrón de los Dál nAraidi, como los mejores amigos, lamentándose conjuntamente el antagonismo entre sus respectivos pueblos, y Columba profetizó que ellos chocarían de nuevo  en la batalla de Dún Ceithirnn. La batalla se libró puntualmente en 629, y los Dál nAraide bajo Congal Cláen fueron derrotados, escapando Congal con su vida. De hecho, hasta 681 los Dál nAraidi bajo Dúngal Eilni todavía estaban resistiendo a los Uí Néill en estos lugares en alianza con los Ciannachta de Derry; en esa ocasión Dúngal y su aliado Cenn Fáelad fueron asesinados en su fortaleza. en la que los analistas llamaron "la quema de los reyes en Dún Cethirnn" (combustio regum in Dun Ceithirnn).

En los sesenta y dos nombres en la lista real posterior, no obstante, solo diez pertenecían a los Dál nAraidi; los restantes eran reyes de Dál Fiatach. Con mucho el más exitosos de estos fue Báetán mac Cairill: en un corto reinado de solo nueve años (572-c.581) Báetán hizo mucho por restaurar el poder militar de los Dál Fiatach y el prestigio de los Ulaid. Un poema que aconseja su pretensión a la realeza suprema afirma que exigió rehenes de Muster (cuyo centro, de manera interesante, es colocado en Emly [Imblech Ibair], no la tradicional Cashel), y que recibió tributo de Irlanda y Escocia en su fortaleza en Lethet. El mismo tratado genealógico también dice que él "limpió" la Isla de Man (et is leis glanta Manand), quizá una referencia a la expulsión de los Conailli Muirthemne, quienes parecen haber ocupado la isla anteriormente (y uno de cuyos grandes parece ser conmemorado en una inscripción ogam allí). Báetán también tomó ventaja de la colonización de Escocia occidental por los Dál Riata, cuyo reino abarcaba los territorios a ambos lados del mar. El tratado genealógico de Ulster declara que el rey Dál Riata Áedán mac Gabráin rindió homenaje a Báetán en Ros na Rig en Seimne (Islandmagee, condado de Antrim). Hay un indicio de estos sucesos en las referencias crípticas de los Anales de Ulster  a una expedición (periculum) a la Isla de Man en 577 por los Ulaid, seguida por una retirada (reuersio) al año siguiente; los mismos anales registran una victoria de Áedán mac Gabráin en la batalla de Man (bellum Mannon) en 582, el año de la muerte de Báetán. Las genealogías dicen que Man fue evacuada por los irlandeses (Gaídil) dos años después de la muerte de Báetán, y sin duda esto señala el primer resurgimiento de la independencia de Dál Riata tras el fallecimiento de su principal enemigo.


Reyes de Dál nAraide (Cruthin) y Uí Echah Cobo

Los siglos VI y VII vieron una considerable actividad política entre el norte de Irlanda y Britania, y las campañas de Baetán son sintomáticas de una amplia perspectiva. Estos contactos irlandeses son con todos los pueblos del norte de Britania -pictos, bretones y anglos. Los anales de Ulster registran una expedición conjunta a las Islas Occidentales (Iardoman) por parte de Colmán Bec (†587), hijo de Diarmait mac Cerbaill, de los Uí Néill meridionales y Conall mac Comgaill, predecesor de Áedán mac Gabráin como rey de Dál Riata y el hombre que concedió el sitio de Iona a Colum Cille, mientras que un príncipe de Uí Néill, Máel Umai mac Báetáin, luchó en el ejército de Áedán en la batalla de Degsastan en 603 (y vivió para contar el relato; murió en 610). Los tratados de Ulster hacen elaboradas pretensiones para Báetán mac Cairill, pero incluso los compiladores posteriores fueron obligados a reconocer su influencia; le admiten junto con Brian Bóruma como excepciones a la "regla" de que todos los reyes supremos del periodo histórico habían pertenecido a los Uí Néill y a los Connachta (pero con la advertencia de que "otros no reconocen a Báetán entre los grandes reyes"). Su esposa parece haber pertenecido a los Uí Tuirtre, que ocupaban los territorios alrededor de Magherafelt, Moneymore, Cookstown y Stewartstown, limitando con el Lough Neagh, lo cual sugiere una alianza política con este crucial estado tapón. Su muerte puede haber sido prematura, interrumpiendo una prometedora carrera, pero los anales no dicen más. Su camino puede haber sido allanado por su hermano Demmán, cuya muerte en 572 asimismo pudo haber interrumpido un auspicioso reinado. Las genealogías afirman que fue criado por Domangart mac Predae (¿Dál Riata? ¿un picto?) con el que combatió contra sus rivales dinásticos los Uí Ibdaig en alianza con los Uí Echach Ulad y les destruyeron en la batalla de Dún Cleithe en 533, donde cayeron, de acuerdo con el genealogista, siete príncipes Uí Ibdaig. Como las cosas ocurrieron, fue la progenie de Demmán quiere iban a llevar la antorcha para los Dál Fiatach en los años siguientes. Los hijos de Báetán fueron muertos en luchas intestinas por su tío Máel Dúin mac Fiachnai (cuyas propias ambiciones quedaron en nada).

Los éxitos de Báetán se ven mejor en el efecto que tuvieron sobre sus enemigos, sobre todo los Uí Néill y los Dál Riata. Áedán mac Gabráin hizo un alianza con los Ui Néill para establecer un "segundo frente" ante los invasores Dál Fiatach; esta alianza fue, de acuerdo con la tradición, forjada a través de los buenos oficios de Colum Cille, cuyo primo era el rey supremo Uí Néill del norte, y fue sellada en la famosa convención de Druim Cett (condado de Londonderry) en 575 (¡donde se supone que el santo había salvado a los poetas de Irlanda de la expulsión!). Esto vio una reunión de Áed mac Ainmerech, de los Uí Néill del norte y Áedán mac Gabráin, con Colum Cille y otros como asistentes. Los anales son singularmente poco informativos sobre el evento, y Adomnán, que lo menciona en su "Vita Columbae", significativamente guarda silencio sobre el propósito de la conferencia, sin mencionar, incluso, a  los reyes Dál Fiatach. no obstante, difícilmente puede dudarse de que la convención estableció la cuestión entre los Dál Riata y el rey supremo Uí Néill, reconociendo la rama principal de los Dál Riata la soberanía de los reyes supremos Uí Néill; como un quid pro quo puede asumirse también que la posición de la federación de monasterios de Iona en el territorio Dál Riata escocés fue igualmente garantizada. Como con cualquier otro lugar y periodo, estas actividades también tenían su lado eclesiástico.

El más antiguo biógrafo de Colum Cille, Cumméne Find (Cummeneus Albus), 7º abad de Iona (657-669), informa que el santo advirtió estrictamente a Áedán mac Gabráin contra la ruptura de esta alianza con los Uí Néill, y de hecho el acuerdo fue continuado en hostilidad conjunta contra los Ulaid durante muchos años. En 627 mataron a Fiachnae mac Demmáin de Dál Fiatach, sobrino de Báetán mac Cairill, y ancestro de todos los reyes Dál Fiatach posteriores, que acababan de obtener la realeza suprema de Ulster. Los Dál Riata sufrieron la derrota, no obstante, dos años más tarde en la batalla de Fid Eóin a manos de los Cruthin, donde su rey Conaid Cerr cayó junto con dos nietos de Áedán mac Gabráin, y dos príncipes del reino northumbio de Bernicia. En torno a esta fecha parece haber tenido lugar un cambio en la política de Dál Riata, y una reversión de su hostilidad previa hacia los Ulaid. Se aliaron entonces con ellos contra los Uí Néill -a pesar de la solemne advertencia dada por Colum Cille a su ancestro Áedán- con desastrosas consecuencias. La gran batalla de Mag Roth (Moira, condado de Down) en 637, entre Domnall mac Áedo meic Ainmirig (el único rey del siglo VII al que se concedió el titulo rex Hiberniae en los Anales de Ulster) y las fuerzas combinadas del rey Cruthin Congal Clóen y Domnall Brecc de Dál Riata iba a convertirse en el objeto de una saga posterior. Marcó un punto de inflexión para los Ulaid, quienes nunca habían abandonado la esperanza de expulsar finalmente a sus enemigos Uí Néill y restaurar el antiguo prestigio de la gran provincia de antaño. La batalla de Mag Roth puso fin a estos grandiosos sueños y estableció la supremacía efectiva de los Uí Néill en el norte -aunque los Ulaid nunca reconocieron formalmente tal posición.

Así, los esfuerzos de Báetán mac Cairill y otros, para oponerse a las conquistas Uí Néill en el norte al desarrollar el poder de Ulster más allá del mar, fracasaron. Un sucesor como rey supremo de Ulster, Fiachnae mac Báetáin de Dál Riata, también hizo campaña en Escocia y una saga perdida relataba los detalles de su expedición a Dún Guaire (nombre irlandés de la ciudadela northumbria en Bamborough). Esto puede ser el acontecimiento registrado por los Anales de Ulster s.a. 623: expugnatio Ratho Guali, "el asalto de Ráth Guali". Fiachnae fue sustituido por un tocayo, Fiachnae mac Demmáin de los Dál Fiatach, en 626, quien cayó él mismo al año siguiente en la batalla de Ard Corann contra los Dál Riata. El año siguiente vio otra contracción del poder Ulaid, con la ocupación de Man por el rey northumbrio Edwin (616-632). Hay algunas indicaciones, no obstante, de que los Dál Fiatach retuvieron sus posesiones en Louth al sur hasta el Boyne incluso después de estos reveses de principios del siglo VII, donde gobernaron sobre el antiguo grupo de población de Conailli Muirthemne (quizás una rama dispersa de los Corcu Temne o Temenrige quienes también estaban localizados alrededor de Castlebar, condado de Mayo). Esta región fue el escenario de los sucesos del famoso "Tain Bó Cuailnge" y también contaba con una serie de importantes lugares eclesiásticos primitivos, que incluían Cill Slébe (Killeevy, condado de Louth), cuya fundadora Moninne (alias Darerca) es declarada por una oscura genealogía haber sido hija de un rey de Ulster (rex Ouehulud; lege rex Ua Echach Ulad? La fundación conservó una lista extraordinariamente detallada de sus abadesas, lo cual demuestra que varias fueron de los Conailli. Uarcride ua Osséni, ancestro de la dinastía real de Conailli, es mencionado entre los muertos en la batalla de Imlech Pich (688), la cual fue un episodio en una disputa interna, no de los Ulaid, sino de los Uí Néill meridionales. Como resultado de esta batalla los Ciannachta perdieron su independencia al sur del Boyne y cayeron bajo el dominio de los Síl nÁedo Sláine, mientras que los Conailli, sin duda, fueron apretujados entre los Uí Néill y sus propios señores del norte.  Las genealogías Dál Fiatach dan una serie de curiosos detalles relativos a las rivalidades internas de las diferentes sub-estirpes durante los siglos VI y VII, y su impacto en el área de Muirthemne. El ancestro de la dinastía es citado como Muiredach Muinderg, quem benedixit patricius, ut alii dicunt, in regnum Hiberniae ("al que bendijo Patricio en el reino de Irlanda, como otros dicen". Sus descendientes tenían su sede de poder en Óchtat Cuillche (o Colland) i nDdruimnib Breg (Collon, al sur de Ardee, condado de Louth). Luego, el tratado continúa diciendo que estos dividieron su herencia en este lugar, en algún momento a principios del siglo VI. Tratando con los acontecimientos de principios del siglo VII el mismo tratado declara que Máel Dúin mac Fiachnai fue muerto por su propio hermano Dúnchad († c.644) en Óenach Deiscirt Maige, la cual está probablemente en el sur de Muirthemne. MacNeill deduce de todo esto que los Dál Fiatach aún gobernaban como señores supremos en Louth hasta principios del siglo VIII, y que los Conailli surgieron en primer lugar como reino independiente inmediatamente después de la derrota de Áed Róin mac Beicc Bairrche, un rey Dál Fiatach, a manos del rey supremo Áed Allan en una batalla in regionibus Muirthemne (735).  Los Anales de Ulster registran la muerte en 741 de Amalgaid rex Conaille y de su sucesor Foidmiu mac Fallaig rex Conaile Muirthemne en 752; este último aportó dos hijas como abadesas de Killeevy.  En torno al siglo VIII, por tanto, los Conailli Muirthemne eran "de Ulaid" pero no en todo"; y en la costumbre deteriorada por el tiempo los historiadores medievales desarrollaron una "leyenda de origen" para ellos que "explicaba" cómo había ocurrido esto, proyectando estos sucesos en un plano típicamente mitológico. Los Uí Néill, por su parte, reestructuraron sus tradiciones en un sentido similar, dando por resultado la historia de los Tres Collas y la expulsión de los Ulaid por ellos hacia el este a través del Bann, y el vasto edificio de la propaganda Uí Néill que buscaba colocar estos sucesos trascendentales en un remoto pasado. Los anales y las genealogías cuentan otro relato diferente, y muestran bastante claramente que los Ulaid todavía eran una fuerza a tener en cuenta bien entrado el siglo VII (cuando Congal Clóen, de los Dál nAraidi, incluso pretendió ser rey de Tara), y en algunas partes de su viejo reino incluso en el siglo VIII.

En 735, como hemos visto, el rey supremo Uí Néill Áed Allán mac Fergaile infligió una severa derrota a los Ulaid en la batalla de Fochairt (Faughart, cerca de Dundalk, condado de Louth); el rey Dál Fiatach Áed Róin y Conchad mac Cuanach de los Uí Echach Cobo fueron muertos. La batalla "determinó el aspecto político del condado de Louth hasta el fin del siglo XI" (Byrne). El mismo Áed Allán iba a encontrar su fin en 743, cuando él y sus aliados los Airthir, Uí Cremthainn, y Uí moccu Uais fueron derrotados por el pretendiente Uí Néill del sur a la realeza suprema, Domnall Midi mac Murchada. La fortuna Dál Fiatach fue restaurada por el reinado de Fiachnae mac Áedo Róin (750-789), en el que  consiguieron consolidar su poder y dirigirse hacia el norte a las costas de Lough Neagh, separando así a los Dál nAraidi de sus primos Uí Echach Cobo. La vieja relación que había existido entre Leinster y el monasterio de Bangor (condado de Down) fue renovada en esta época, y de hecho, un hijo suyo, Diarmait ua Áedo Róin, fundó el monasterio de Dísert Diarmata (Castledermot, condado de Kildare), para convertirse más tarde en un centro de la llamada reforma céli Dé. El mismo Fiachnae parece haber favorecido Bangor, a pesar de sus conexiones Cruithin iniciales, quizás porque el tradicional monasterio real Dál Fiatach en Downpatrick estaba cayendo más y más bajo la influencia de una rama rival de la dinastía. El patronazgo real se transferiría permanentemente a Bangor a finales del siglo IX, pero antes de eso la rama de Fiachnae retenía el control, y un hijo suyo, Loingsech mac Fiachnai, era abad allí a su muerte en 800.

Entre los Ulaid y sus perennes enemigos los Uí Néill, se sitúan allí los reinos tapón de los Airgialla y otras pequeñas tribus. Los Uí Tuirtre al oeste (que pueden haber sido aliados de los Dál Fiatach en época de Báetán mac Cairill) estaban localizados al oeste del Bann y sur del río Moyola en el siglo VII, a juzgar por el relato de Tirechán; él sitúa a Patricio cruzando el Bann en Toome (per Doinn) en el interior del territorio Uí Tuirtre . No obstante, después los reyes Uí Tuirtre desplazaron a los Dál nAraidi septentrionales al este del Bann y norte del Lough Neagh, ya que ellos mismos fueron desplazados por la invasión de los reyes Cenél nEógain de Ailech. El poder Dál nAraidi fue debilitado de manera crítica por estos procesos. La misma expansión de los Cenél nEógain también les vio absorber los pequeños reinos de los Airgialla: sus nueve tribus, los Uí meic Caírthinn al sur de Lough Foyle, Uí Fiachrach Arda Sratha (Ardstraw) y los Uí Tuirtre al oeste y este de las montañas Sperrin (conocidas colectivamente como Uí moccu Uais), los Fir Chraíbe y Fír Li al oeste del Bann, los Airthir alrededor de Armagh, los Uí Cremthainn (antes "Cremthainne", lo cual muestra la forma singular del colectivo) en Monaghan meridional y occidental, el distrito Clogher del condado de Tyrone, y entre este y el Lough Erne, y los Uí Meith y Mugdorna del condado de Monaghan, todos se convirtieron ahora en pueblos tributarios de los Cenél nEógain. Otros pueblos menores y posiblemente relacionados, como los Fir Rois, en parte en el condado e Monaghan y que se extendían hacia el este al interior del Louth hasta Dunleer, y los Fir Cúli (Uí Segáin) en el ángulo septentrional del condado de Meath, que una vez controlaron los monasterios de Lann Léire (Dunleer) y Druim Ing (Drominn) y que estaban estrechamente conectados con la iglesia de Armagh, todavía estaban bajo el dominio de los reyes de Ulaid hasta 735, pero después sucumbieron a los avances de los reino Uí Néill meridionales de Mide y Brega. Hacia 800, por tanto, el antiguo reino de Ulster era una retaguardia muy contraída, rodeada por todas partes por implacables enemigos.

4. El Sur: la Provincia de Munster
Las fuentes para la historia primitiva de Muster son más austeras y menos fiables que para Leinster o Ulster, aunque hay algunos anales de Munster y una pequeña colección de material genealógico. Los Eóganachta, la dinastía predominante en Munster hasta el siglo X, pretendían ser descendientes de Eógan Már, y su ascenso al poder puede rastrearse hasta el siglo V, en paralelo con (aunque no relacionado) el ascenso de los Uí Néill en el norte. No obstante, como en el caso de los Uí Néill, las referencias más tempranas a las posteriores tribus Eóganachta no se refieren a ellas por ese nombre, y de hecho, solo aquellos linajes que descendían de Conall Corc, legendario fundador de su "capital" Cashel (condado de Tipperary) fueron realmente reconocidos como "verdaderos" Eóganachta. Esto excluía a otras bien conocidas tribus tales como Uí Liatháin y Uí Fidgeinte (a veces llamadas Eóganacht Ua Liáthain y Eóganacht Ua Fidgeinte) y otras tales como los Uí DedaidUí Chathbad (lós últimos supuestamente descendían de un mítico hermano de Corc, Cathub). En la "Vita Tripartita" Patricio se encuentra con Ailill mac Cathboth, un hijo de este Cathub, en Óchtar Cuillend, en Uí Cuanach (Cullen, en la frontera entre Limerick y Tipperary) y le bendice a él y a su progenie. La identificación de los Uí Chathbad en la "Vita Tripartita" con los Eóganacht Airthir Cliach, es, históricamente,  bastante inexacta, no obstante, ya que esta última estirpe no existía entonces; probablemente enmascara un origen anterior más humilde.

Hacia el siglo VIII los Eóganachta tenían sus desperdigadas ramas gobernando a través de Munster, copando las mejores tierras y localizadas estratégicamente entre reinos tribales probablemente más antiguos, tales como los Múscraige que formaban una amplia franja que se extendía desde el norte hasta el suroeste de la provincia. El anterior estado de asuntos políticos puede se puede deducir ligeramente por referencia a las tradiciones relativas a aquellas estirpes que pretendían descender de los hijos de Corc de Cashel. Estos eran Mac Iair, ancestro de los Uí Meicc Iair; Mac Brócc, ancestro de los Uí Meic Brócc; Daig, ancestro de los Uí Muiredaig (reciben su nombre de un nieto de Daig); Coirpre, ancestro de los Uí Choirpri Luachra -Eóganacht Locha LéinMac Cas, ancestro de Uí Echach Muman -Eóganacht Raithlind; y Nad Froíd, de cuyo hijo Ailill eran descendientes los Uí Éndai Áine -Eóganacht Áine, y de otro hijo, Óengus, los Eóganacht Chaisil, Eóganacht Airthir Chliach, y Eóganacht Glendamnach.

Reyes de Munster procedentes de las distintas líneas Eóganachta

En una notable pieza etiológica, "que probablemente data en sus orígenes del siglo VII", la distribución geográfica de las diversas ramas de los Eóganachta se explica en los términos de un sueño que Aímend, esposa de Conall Corc, experimentó en su primera noche en Cashel: vio cuatro cachorros bañados en líquidos, Nad Froíd (ancestro de todos los Eóganachta orientales) en vino (la bebida de la soberanía); Mac Cas (ancestro de los Eóganacht Raithlind) en cerveza (también asociada al gobierno); Mac Brócc en leche; y el cuarto, Mac Iair, en agua. Un quinto cachorro, Coirpre (ancestro de los Eóganacht Locha Léin) entró en la cama de Aímend "desde fuera" (dianechtair) y fue bañado en sangre. El tratado está intentando explicar cómo los Eoganachta orientales y, en un grado menor, los Eóganacht Raithlind, tenían derecho a poseer la realeza de Munster, mientras que los Eoganacht Locha Léin de Killarney, que gobernaban un sub-reino de Iarmumu o Munster occidental, son considerados como intrusos sangrientos. Los Uí Maic Iair, Uí Maic Brócc, y Uí Muiredaig tuvieron todos linajes cortos que se extendieron hasta el siglo VIII, pero casi toda huella de su posición anterior ha sido borrada, y los historiadores medievales enfatizaron esta pérdida de importancia política al asociar a sus ancestros con leche y agua, más que las bebidas gemelas de soberanía, vino y cerveza. no obstante, como Donnchadh Ó Corráin señala, estos eran líquidos que simbolizaban la vida religiosa, y de hecho, el poder anterior de estos pueblos se refleja en el hecho de que Suibne mac Máele Umai († 682), princeps de Cork y el clérigo más antiguo recordado de este monasterio, pertenecía a los Uí Maic Brócc, como muy probablemente también su sucesor, Roisséne († 686/7), mientras que los Uí Maic Iair también proporcionaron una serie de clérigos, incluyendo los abades posteriormente hereditarios de Cork, los Uí Selbaig.

El ascenso de Cork quizá puede haber sido un contrapeso a la influencia de Imblech Ibair (Emly, condado de Tipperary), cuya designación alternativa Medón Mairtine, "el centro de Mairtine", es un eco de una rama, una vez importante y ampliamente dispersa de los Érainn que quizá fueron empujados por el ancestro de los Eóganachta. El fundador Ailbe es clasificado como uno de los llamados santos "prepatricianos", aunque la información relativa a él es dudosa en grado sumo. Su sucesor es nombrado entre los abades y hombres eruditos llamados a asistir al sínodo de Mag Léne (c. 630) para discutir la controvertida cuestión de la Pascua. Emly fue la sede del aprendizaje histórico de acuerdo con las Tríadas (Senchas hérenn Imblech Ibair, "el acervo cultural de Irlanda en Emly") y es significativo que la colección conocida como los Anales de Inisfallen está estrechamente conectada con el monasterio, donde, de hecho, nuestra copia existente fue escrita probablemente. En efecto, Emly retuvo un lugar importante en la política eclesiástica de Munster hasta el siglo VIII y más allá.

Otro antiguo grupo de población posteriormente desplazado por los Eóganachta fueron los Múscraige, asentados en varias ramas diseminadas a través de Munster, desde Múscraige Mittine en el valle del río Lee (Muskerry, Cork occidental), a los Múscraige Tire alrededor de Nenagh en el norte del condado de Tipperary. La entrada más antigua en los anales relativa a Munster puede referirse a uno de sus reyes, filius Coerthin filii Coelboth, que cayó en la batalla de Femen en 446. El analista estaba claramente perdido para identificar a este individuo, remarcando que  "algunos dicen que era de los Cruthin". Pero Ó Buachalla puede haber estado acertado al verle como Mac Caírthinn, ancestro de los Múscraige Femen, y la batalla puede ser un vago recuerdo de un revés para la fortuna de Múscraige en el siglo V. Los historiadores sintéticos presentan a los Múscraige, Ciarraige, Corcu Baiscind, Corcu Duibne, y Fir maige Féne como pueblos vasallos de los Eóganachta, conectándoles mediante una ficción genealógica a la dinastía dominante de su propia época, y tratándoles como combatientes instalados por sus señores Eóganacht. Sin embargo, las genealogías pretenden que los Múscraige Tire fueron bendecidos por Patricio -una tradición que se encuentra ya en los textos patricios en el Libro de Armagh, y después incorporada en la "Vita Tripartita". "La fabricación genealógica es tan común en Munster como en otros lugares", como Donnchadh Ó Corráin ha señalado, y la casi total ausencia de referencias tempranas en los anales a sucesos en Munster hace que la tarea de evaluarlas sea así mucho más difícil. Entre la noticia de la muerte de Óengus mac Nad Froích (ancestro de la mayoría de los Eóganachta) en la batalla de Cenn Loenada (490) y la de su nieto Coirpre Crom (579/580) los anales son una completa laguna. Se informa que Coirpre había derrotado a Colmán mac Diarmata de los Uí Néill del sur en la batalla de Femen en 573, una temprana indicación de las ambiciones Uí Néill en el sur. A su muerte, los Anales de Inisfallen describen a Coirpre como rí Caisil, "rey de Cashel", pero el título no tiene porque tener más que un significado local en este momento. La siguiente entrada de interés se encuentra bajo 583 en el Chronicon Scotorum: iugulatio Fergusa Sgandail, righ Mumhan, "asesinato de Fergus mac Scandail, rey de Munster". Este Fergus era de los Eóganacht Airthir Chliach, centrados alrededor del sitio de la actual ciudad de Tipperary, y la muerte violenta implícita en el anal está confirmada por referencias en las genealogías a un éric (eufemismo por asesinato) en forma de ciertas tierras (Corcu Ele, Corcu Tened, Corcu mo-Druad Alta) que fueron pagadas como compensación a su pueblo. otra evidencia de rivalidad intestina entre las diversas ramas de los Eóganachta iba a encontrarse en siguientes noticias analísticas de reyes de Munster: 590, Fedlimid mac Tigernaig de la rama Uí Echach de los Eóganacht Raithlind; 619, Fingen mac Áedo de Eóganacht Chaisil; 628, Cathal mac Áedo de Eóganacht Glendamnach; 637, Fáilbe Fland Feimin de los Eóganacht Chaisil. Este Fáilbe había derrotado al rey de Connacht Guaire Aidni en la batalla de Carn Feradaig (Cahernarry, condado de limerick) en 627/9, y de hecho, el Eóganacht asentó algunos de sus vasallos Déisi en Connacht meridional, mientras que ellos mismos establecieron una colonia, los Eóganacht Ninussa, en el área de Burren del norte del condado de Clare; incluso establecieron un punto de apoyo en las islas Aran, donde Onaght en Inis Mór preserva su nombre. En 641 los anales de Inisfallen registran la muerte de Cuan mac Amalgaid de los Eóganacht Áine. Después la sucesión rota entre las ramas de los Eóganachta orientales, principalmente las de Glendamain y Cashel.

Se puede recoger alguna información sobre la geografía política de Munstger occidental a partir del tratado conocido como el "sínodo de Munster occidental", escrito probablemente en su forma actual durante el siglo IX, pero conteniendo detalles relativos al periodo primitivo. La esencia del texto es que los pueblos menores de Munster occidental proclamaron la independencia de su señor Eóganacht Locha Léin como resultado de una "conferencia" presidida por Macc Ardae mac Fidaig, rey de Ciarraige Luachra, y asistida por representantes eclesiásticos de todos los reinos tributarios de Munster occidental. El tratado concluye con una enumeración de los servicios y deberes que iban a intercambiarse entre los Ciarraige y los Eóganachta, y de hecho reclama un estatus de "nación más favorecida" para los Ciarraige. El reino de Iarmumu representado en el tratado era claramente más grande que el área al oeste de Sliabh Luachra, las montañas que separan Cork, Kerry y Limerick; incluía las tierras de los Corcu Mo-Druad en la región de Burren, y los Corcu Baiscind (también en Clare) junto con las de los Uí Findgeinte y sus ramificaciones en el condado de Limerick, además de sus señores de los Eóganacht Raithlind. Notable por su ausencia son los Déis Tuaiscirt o Dál Cais, pero su ascenso al poder solo comenzó a mediados del siglo VIII: los Anales de Ulster para 744 registra la "aniquilación" (foirddbe) de los Corcu Mo-Druad por los Déis. La conquista de la escabrosa tierra de Lugaid (condado de Clare) sin duda fue facilitada por el debilitamiento de los Eóganacht en aquellas partes, y por la decadencia en el siglo VIII del reino de Connacht meridional de Uí Fiachrach Aidne.

La alianza de los pueblos tributarios occidentales con los Eóganacht Chaisil demostró ser una base insuficiente, no obstante, sobre la que construir un reino provincial para rivalizar con el poder de los Uí Néill. La pérdida de la hegemonía Eóganacht sobre Munster ha sido destacada a menudo, pero como Ó Corráin señaló el "sínodo" demuestra un desarrollo notable  del reino entre los reyes supremos Eóganacht y una concentración de poder en sus manos que desmiente su aparente debilidad. La grieta fatal en su maquillaje parece haber sido el surgimiento a mediados del siglo VIII de los Eóganachta de Munster occidental como serios rivales almonopolio de sus primos orientales. La evidencia de los anales, junto con el "sínodo de munster occidental, sugieren que las ramas orientales de los Eóganachta eran reacios -por decir lo mínimo- a admitir las pretensiones de sus primos occidentales de Eóganacht Locha Léin incluso para ser reyes supremos de todo Munster. durante un siglo y medio antes de esa época la realeza suprema de Cashel había sido reserva exclusiva de los Eóganacht de Munster oriental, sobre todo los que Glendmain y Cashel. Con la aparición de Maél Dúin mac Áedo Bennáin, no obstante, la alternancia tripartitase rompió. Antes de su ascensión los anales registran las muertes de Eterscél mac Máele Umai (713-721), que fue sucedido por el poderoso Cathal mac Finguine (721-742) -el primer rey de Munster en promover alguna reclamación seria a la realeza suprema de Irlanda. Cathussach mac Eterscélai sucedió a su padre en la realeza Eóganacht Áine, pero no los anales ni las listas de reyes tienen ningún registro de él, y sus pretensiones a la realeza suprema de Munster son, por tanto, dudosas. De hecho, los anales revelan implícitamente los verdaderos estados de cosas cuando no mencionan los nombres de ninguno de los reyes de los Eóganachta orientales como reyes de Munster desde la muerte de Cathal mac Finguine (742) hasta la de Máel Dúin (786), un periodo de 44 años. No obstante, la derrota a manos de los Uí Fidgeinte y los Arada Cliach en 766, y las indicaciones de más disturbios en los años 793 y 803 (choques con los Corcu Duibne y los Ciarraige) explican por qué la grandeza de los Eóganacht Locha Léin fue efímera. El último de su línea en llevar el título rí Iarmuman ("rey de Munster occidental") fue Cú Chongelt mac Coirpri (†791); los reyes siguientes se titulan simplemente rí Locha Léin (aunque los Anales de Ulster continúan hasta el uso anterior). Máel Dúin iba a ser el último rey de Eóganacht Irluachra en poseer la realeza suprema de Munster, y los propagandistas posteriores hicieron lo mejor que pudieron por ignorar la intrusión al omitirle en las listas de reyes.

Entre Máel Dúin y la noticia en 793 del siguiente rey de Munster, Artrí mac Cathail de los Eóganacht Glendamnach, hay un curioso vacío. Los anales de Ulster mencionan en 796 a Olchobar mac Flaind, rex Mumhen, entre una lista de eclesiásticos que murieron ese año. Él era de los Uí Fidgeinte, habiendo sido su padre Flann mac Eircc († 763) rey antes que él, y su hermano Scandlán igualmente hasta su muerte en 786. Es posible que el reinado de Olchobar fuera de compromiso, y que se retirara en favor de Artrí mac Cathail. Una explicación alternativa ofrece quizá una solución mejor al problema: los Anales de Ulster pueden haberle confundido con uno u otro de los dos príncipes Eóganacht del mismo nombre, Ólchobar mac Duib Indrecht († 805), rígdamna Munster (heredero real de Munster), o el posterior Ólchobar mac Cináedo, de los Eóganacht Locha Léin (o Eóganacht Áine), rey y abad de Emly († 851).

Un primitivo tratado de leyes declara que ollam uas rígaib rí Muman ("supremo entre reyes es el rey de Munster". El refrán denota una autoconfianza que se refleja también hasta cierto punto en los anales. Los hombres de Munster parecen haber dedicado poco pensamiento a los acontecimientos que tenían lugar más allá de sus frotneras, y no parecen haber dado mucha importancia a las actividades de los Uí Néill,hasta que fueron obligados por las incursiones Uí Néill en sus territorios. Quizá esto explica la impresión que dan algunas fuentes, de que los reyes de Munster se habían desarrollado más rápidamente en el área de poder real y el gobierno directo de los reyes. Ya en el siglo VII, al parecer, los reyes de Cashel disfrutaron de un posición legal especial como señores intermediarios de Munster, y el tratado legal "Crith Gablach" (c.700?) se refiere a un derecho del rey de rechtgae ríg, "decreto especial", "como en el caso de los rechtgae de los reyes de Cashel. El llamado "sínodo de Munster occidental" exhibe a estos reyes supremos exigiendo impuestos de sus reinos subordinados, y puede no ser coincidencia que el texto más antiguo del tipo  "Espejo de príncipes", el "De duodecim abusivis" ("Sobre los doce abusos [inter alia de la realeza], escrito probablemente a mediados del siglo VII, procede probablemente de Munster. El que estos derechos y deberes de los reyes supremos de Munster hubieran sido más o menos formalizados en una fecha relativamente temprana se sugieres también por la evidencia de los textos llamados "Frithfolud ríg Caisil" ("Los derechos y deberes recíprocos del rey de Cashel"). Estos se relacionan  en su forma actual con las circunstancias políticas de los siglos XI y X, pero una reseña parece describir un estado de cosas anterior, en la que tribus tales como los Uí Liatháin y los Corcu Loigde eran más destacados que en los siglos siguientes. Aunque no alcanza aun acuerdo estrictamente "constitucional" entre los reinos respectivos, los tratados indican un mayor grado de relación entre ellos de lo que se encuentra en cualquiera de las otras provincias. Pero a pesar de tal unanimidad de propósito, los reyes de Munster, fueron, de hecho, incapaces de contener la marea ascendente de las ambiciones Uí Néill en el siglo VIII. los éxitos iniciales en escaramuzas contra los Uí Néill en las tierras centrales parecían augurar bien para Cathal mac Finguine (†742), pero aunque él se extendió hacia el norte hasta Tailtiu fue repelido y sufrió una serie de derrotas (732, 735) que le hicieron retroceder de nuevo. Los anales se refieren a un dáil (encuentro) entre él rey supremo Uí Néill Áed Allán en Terryglass (condado de Tipperary) en 737, pero no se dan detalles de los que ocurrió. La entrada inmediatamente siguiente se lee "Lex Patricii tenuit Hiberniam" ("la ley de Patricio fue reforzada por toda Irlanda") y se asume que las dos entradas indican un empate entre los Uí Néill en el norte y los Eóganachtas en el sur. Pero cualesquiera ilusiones que Cathal mac Finguine pudiera haber tenido, de hecho pronto iban a ser destrozadas por los Uí Néill, y hasta el reinado de Fedelmid mac Crimthainn en el siglo siguiente el reino de Munster no estableció una pretensión seria a la realeza suprema de Irlanda.



5. El occidente: Connacht

Si las fuentes para la historia antigua de Munster son escasas, las de Connacht en el periodo anterior a 800 son casi inexistentes. Las genealogías tienen solamente textos fragmentarios para los Uí Briúin, Uí Fiachrach, Uí Maine y Uí Ailella, mientras que los indicios para los hechos de gentes menores como los Callraige, Delbnae, Gaillenga, Grecraige, Luigne y Sogain solo pueden conjeturarse de las pocas observaciones dispersas en relación con ellos en textos que no proporcionan ningún contexto para sus actividades. La escasez de la información, no obstante, no significa que Connacht en el periodo medieval primitivo fuera un erial, separado del resto del país y sin ninguna importancia para los procesos políticos del siglo v y más allá. Después de todo, algunas de las tradiciones más antiguas asociadas con la misión de San Patricio se sitúan en Connacht, y de hecho la colección de textos en relación con el santo conserva material antiguo relacionado con la provincia.

Sin embargo, entre las provincias, Connacht es la única que adolece de cualquier tradición fuerte de una realeza suprema. Ciertamente, un antiguo tratado legal, "Miadslechta" (" Pasajes relacionados con el rango"), compara al rey de Connacht con el más alto rango de poeta (ollam), y cita como ejemplo de este uso una arcaica línea de verso, Ní hollam nad cóiced nailello maic máta móra, "no es ollam quien no magnifique el quinto de Ailill mac Máta". Pero incluso las genealogías señalan que Ailill mac Máta era, de hecho, un hombre de Leinster, cuyo nombre "mac Máta" derivaba de su madre, una mujer de Connacht que se había casado en Leinster. De ahí que Medb y los hombres de Connacht le trajeran "a casa" para reclamar su máthre (herencia por la parte distante). Quizá hay algún eco de esta antigua conexión con Leinster en el hecho de que el área alrededor de Erris (condado de Mayo) fuera llamado"Irrus Domnann", a partir de los Fir Domnann que la ocupaban; estos pueden haber estado relacionados con los Domnainn, una de los más viejos grupos de población del antiguo Leinster. Esto también puede explicar por qué las más tempranas tradiciones relacionadas con el "Táin" suponen un origen de Tara para la campaña contra Ulster, y por qué describen a Medb, la reina consorte de Ailill, estando intensamente celosa del batallón de Gáileóin de Leinster que se llevaron la peor parte del combate. El obispo Tirechán, en su relato de la misión de Patricio a Connacht no cita ningún rey supremo para esa provincia en época del santo. Esto es particularmente sorprendente dado que Tirechán era un descendiente de Amolngid, cuyo nombre sobrevive en Tír Amolngodo (la baronía de Tirawley, condado de Mayo) y cuyos hijos aparecen predominantemente en el relato de las actividades del santo alrededor de la "llanura de Domnann" (de campo Domnon), la cual era supuestamente la localización de la visión de Patricio. El mismo Tirechán era probablemente un nativo de estas partes, y habría estado completamente familiarizado con las tradiciones históricas locales, y las de Cruachu (Rathcroghan, condado de Roscommmon) al sureste. De ahí que sea excepcional que su relato tuviera a las hijas del rey Lóegaire residiendo en Cruachu, lo que implica que Lóegaire, mientras estaba residiendo en Tara como "alto rey", era al mismo tiempo rey de Connacht. El más antiguo pretendiente con alguna apariencia de historicidad sería Dauí Tenga Umai que cayó en la batalla de Segais (502) contra Muirchertach mac Erca de los Uí Néill. Un anotador posterior de los Anales de Ulster le titula rí Connacht, y posiblemente puede haber sido el primer rey Uí Briúin en plantear tal demanda. No obstante, Tirechán no hace mención de ningún Dauí  mac Brúin (ni tampoco figura en la "Vita Tripartita"). La omisión sería extraña si Tirechan hubiera conocido realmente a tal rey de Connacht; su relato simplemente recuerda que Patricio visitó Selca, "un lugar donde estaban los salones de los hijos de Brión" (cerca de Tulsk, en el condado de Roscommon), y les dejó con su bendición. Las propias filiaciones de Tirechán con los Uí Fiachrach pueda quizá explicar el silencio.

Sería imprudente tratar la colección de materiales de Tirechán como un retrato preciso del mapa político de Connacht en el siglo V, pero para el siglo VII él es casi la única fuente detallada para pueblos y lugares en su propio Connacht septentrional nativo. Los Uí Briúin iban a emerger hacia el siglo VIII como la más poderosa dinastía en la provincia, pero los rivales Uí Fiachrach (a los que pertenecía Tirechán) eran influyentes en Connacht septentrional en el siglo VII. Gobernaban el territorio alrededor del estuario del río Moy, al este de Tirawley, en el distrito llamado Muiresc Sam -de ahí el nombre de la madre de Ailill, posiblemente, y de ahí el nombre posterior crich Ua Fiachrach la muir (el territorio costero de Uí Fiachrach), el país de Tireragh de O'Dowd (tír Fhiachrach) en la edad media tardía. Las listas reales proclaman a un rey de esta línea, Máel cothaid mac Mále Umai, como rey de Connacht, aunque los Anales de Ulster no le conceden un título más exaltado que de rex nepotum Fiachrach, "rey de Ua Fiachrach", en su noticia de la batalla de Echros (Augris Head, condado de Sligo) en 603, cuando los Uí Fiachrach fueron derrotados por los Cenél Coirpri en la frontera entre Connacht y las tierras de los Uí Neíll del norte. Una rama colateral iba a adquirir la realeza, representada primero por Dúnchad Muirisci mac Málduib († 683), "muerto por su propio pueblo", de acuerdo con la lista real. Los mismos anales registran un año antes la muerte de Cenn Fáelad mac Colggen de los Uí Briúi Seóla y le titula rex Connacht. Es, quizá el primer pretendiente serio de esa dinastía a la realeza suprema de Connacht, y su reinado marca el comienzo de la dominación Uí Briúin en el norte de Connacht y en la provincia como totalidad. Su aparición coincide con la desaparición de los Uí Ailello; después del siglo VIII desaparecen totalmente de los anales y las genealogías.

Como señalamos más arriba, alguna de las más antiguas referencias analísticas a Connacht se refieren a las actividades de sus reyes frente a la invasión Uí Néill. En el siglo VII el hecho de que los Uí Néill fueran un vástago de los Connachta aun era claramente reconocido, y los textos más viejos elaboraban una distinción entre sus territorios ancestrales, los cuales estaban anteriormente en Connacht, y las tierras que habían adquirido por conquista. De ahí que el área de Cairpre Droma Cliab pueda ser considerada perteneciente al grupo de tierras Uí Néill, ya que estaba gobernaba por una estirpe de Coirpre, hijo de Niall. Fue aquí (alrededor de Drumcliff, condado de Sligo) donde se libró la batalla de Cúl Dreimne (probablemente en 561) por los Uí Néill, aliados con Áed mac Echach, el rey Uí Briúin Ai de Connacht, contra Diarmait mac Cerbaill. La batalla es mencionada por Adomnán en su "Vita Columbae" teniendo lugar dos años antes de la partida de Columba de Irlanda. Desde tiempo inmemorial la frontera norte de Connacht estaba marcada por el río Drowes (Drobés), que está al noreste de Drumcliff. Tirechán todavía piensa del área al oeste de aquel como Connacht, y de hecho, en siglos posteriores, cuando el poder de Connacht estaba resurgiendo de nuevo y cuando los expansionistas Uí Briúin Breiffne habían interrumpido esta porción septentrional del reino de Cairpre desde su mitad meridional en el condado de Longford, el territorio fue nuevamente reclamado por Connacht. Pero los lazos de parentesco aún eran bastante fuertes en el siglo VI como para que los Cairpre se alinearan con sus parientes Uí Neíll en Cúl Dreimne contra el rey de Connacht.

El rey Uí Fiachrach de Connacht mejor conocido, no obstante, fue, sin duda Guaire Aidni mac Colmáin (655-663), más tarde conocido como Guaire "el del honor" (an Oinigh). Fue el personaje central de un ciclo de relatos de saga y se jactaba de una impresionante variedad de hermanos naturales y uterinos. La carrera de Guaire está tan densamente incrustada con la leyenda, no obstante, que incluso los mejores esfuerzos de los historiadores modernos para separar el trigo de la verdad de la paja de la propaganda, han sido derrotados. No hay duda, por otra parte, de que fue durante su reinado cuando los Uí Fiachrach Aidne alcanzaron el cenit de su poder en Connacht. De hecho, se ha sugerido que su influencia puede haberse extendido también en Munster septentrional a principios del siglo VII. Esta región había sido conquistada por los Eóganachta probablemente en el siglo VI cuando habían establecido colonos en el Burren y en las islas Aran, y la aparición hacia fines del siglo VIII de los Dál Cais en esta precisa área indudablemente tiene más que ver con el declive de sus señores Eóganachta en Munster, y con un declive paralelo de los Uí Fiachrach Aidne en Connacht meridional, que con su propia "conquista" de estas tierras.


Reyes de Conancht de las estirpes Uí Briúin y Uí Fiachrach

El más antiguo pretendiente Uí Briúin a la realeza provincial, sin embargo, es Rogallach mac Uatach (622-649), que ha sido propuesto como el verdadero fundador de la fortuna de su dinastía. Por otra parte, los detalles de su muerte recuerdan a las sagas, y han sido justamente descritos como sospechosos. Los anales de Ulster registran su violento fin (guin) y los Anales de Tigernach añaden que fue a manos de Máel Brigte mac Mothlachán y los Corcu Cullu (pueblo tributario de los Ciarraige; el nombre "Mothlachán" se da solamente en las genealogías Ciarraige). La referencia a los Corcu Cullu se encuentra también en una lista real, que declara que Rogallach cayó en la batalla de Corann (704) contra el rey supremo Uí Néill Diarmait mac Áedo Sláine. Hay claramente una confusión (o deliberada distorsión) aquí, ya que el rey supremo implicado en la batalla de Corann fue el Uí Néill septentrional Loingsech mac Óensusso, del que se dice en los anales que había caído a manos de Cellach mac Rogallaig, rey de Uí Briúin Aí. El apunte analístico de Corann enumera entre los muertos "dos hijos de Colgu" (duo filii Colgen), que pueden quizá haber sido dos hijos de Colgu mac Áedo, rey de Uí Briúin Seola, y puede ser que fueran hermanos del Cenn Fáolad mac Colggen cuya violenta muerte también es registrada en 682. La secuencia completa es muy confusa, y los anales han sido interpolados en lugares con propaganda inspirada por el éxito posterior de los Uí Briúin; pero si los "dos hijos de Colgu" fueron, de hecho,  príncipes Uí Briúin Seola aliados con los Uí Néill contra sus rivales Uí Briúin Ai puede haber alguna verdad en la imagen de Cellach mac Rogallaig y los hermanos de Cenn Fáelad mac Colggen, disputando por la realeza suprema. No obstante, está claro que "los Uí Briúin, cualquiera que fueran las dudas sobre su historia primitiva, habían aparecido hacia los años finales del siglo VIII no solo como la dinastía dominante en Connacht sino como un poder a tener en cuenta en Irlanda como un todo". De hecho, el reino de Uí Briúin Bréifne, cuya expansión desde el siglo VIII en adelante iba a dirigir una cuña fatal entre los Uí Néill del norte y sus vecinos del sur, fue creado desde un territorio que en origen no era reconocido como perteneciente a Connacht del todo (como queda claro, por ejemplo, a partir del relato de Tirechán). La derrota de los Conmaicne a manos suyas en 766 marcó su consolidación al este del Shannon.

Los indicios de Tirechán y las genealogías y los anales implica que toda la parte norte del condado de Leitrim, antes de su ocupación por los Uí Briúin Breiffne, era territorio Calraige. La primera mención en los anales de un rey de Bréifne es en 792, con el óbito de Cormac mac Duib-dá-Crich, pero los Calraige eran un pueblo mucho más antiguo, un aithechthuath de los Uí Néill, que siempre fueron considerados  como separados de los Connachta. Sus propias tradiciones les conectaban  con los relacionados Calraige que habían sido incorporados en el interior de los territorios Uí Néill meridionales en los condados de Longford, alrededor de Slaib Calraige (Slieve Golry; compárese con Glencolry, condado de Mayo) y Westmeath; más tarde la propaganda Uí Néill, por otra parte, forjó un falso enlace con su propia descendencia, a través de un ficticio "Cal hijo de Coirpre mac Néill" en el caso de la rama meridional (simplemente porque ellos ocupaban territorio en el reino Uí Néill de Cairpre Droma Cliab) y a través de Maine mac Néill en el caso de la rama septentrional (debido a que eran gobernados por los Cenél Maine). el Libro de Armagh contiene una tratado muy interesante relativo a la iglesia de Druim Léas (Drumlease, en el extremo oriental de Lough Gill, a unas dos millas (3-5 kms) al norte de Dromahair (condado de Leitrim) que arroja una valiosa luz en la primitiva regulación de la sucesión abacial. A partir de este indicio está bastante claro que los Calraige todavía eran un fuerza a tener en cuenta en el siglo VII.



Tirechán también hace una breve referencia a los Uí Maine, donde supuestamente Patricio fundó la iglesia de Fidarta (Fuerty, condado de Roscommon). El reino debe haber sido muy extenso, extendiéndose por la totalidad de Galway oriental y del condado de Roscommon que limitaba con Galway. Desde un periodo temprano los reyes tanto de los Tehthbae de los Uí Néill meridionales como de los Uí Maine fueron enterrados en Clonmacnoise (originalmente en el territorio de Delbna Bethr; la estirpe relacionada de Delbna Nuadat al oeste del Shannon estaba bajo el gobierno de los Uí Maine), y a partir del relato de Tirechán queda bastante claro que Clonmacnoise era un activo y exitoso rival de Armagh en la mayor parte del territorio Uí Maine y por todo el sur de Connacht en general. Tirechán tiene un injurioso pasaje sobre los aquellos "que odian la jurisdicción territorial de Patricio (paruchia)" y que disputan las reclamaciones territoriales de Armagh en estas partes; se le impidió recoger material allí por esta razón.

Bien puede ser que el reino Uí Néill de Cenél Maine fuera simplemente un retoño de los Uí Maine occidentales que ocultaron sus orígenes mediante una afinidad, forjada posteriormente, con los Uí Néill. Tales indicios como los que hay sugieren que hubo una vez un único reino, compuesto por otros varios, de los Uí Maine extendiéndose a ambos del Shannon, que solamente fue fragmentado cuando los Uí Néill en el siglo VI comenzaron a aparecer como dinastía separada y se hicieron con nuevas tierras para sí mismos. La bifurcación de los caminos entre los Uí Néill y los Connachta llevó luego a la separación total de los Uí Maine y los Cenél Maine. La referencia analística más antigua a los Uí Maine en Connacht es en 538, cuando la batalla de Clóenloch (posiblemente Coole Loch cerca de Gort, en el condado de Galway) vio la derrota de Maine mac Cerbaill (un hermano de Diarmait mac Cerbaill) mientras estaba "contendiendo por los rehenes de Uí Maine Connacht". Los anales muestran que los Uí Fiachrach Aidne (que obtuvieron la victoria) aún eran dominantes en este área. Los Uí Néill no consiguieron afirmar su soberanía, pero los anales dejan claro que la dominación de Uí Maine era esencial para cualquier pretendiente de éxito a la realeza suprema de Connacht, y las diversas referencias a batallas, por ejemplo, en Carn Feradaig (627/9) y Airthir Seola (653), marcan episodios en las rivalidades dinásticas entre los reyes Uí Briúin y Uí Fiachrach para controlar las tierras estratégicas de Uí Maine. Tirechán, en uno de sus curiosos episodios, se dirige desde el territorio de los Uí Maine hacia Cruachu, corazón de los Uí Briuín Ai, luego al interior de las tierras de los Grecraige (alrededor de Coolavin, en el condado de Sligo) y desde ahí a los territorios de los Cenél Macc Ercae, donde los hijos de Mac Ercae son maldecidos por robar los caballos de Patricio. La profecía está destinada a explicar cómo, en la época de Tirechán, habían caído bajo el dominio de otras estirpes, pero la tardía "Vita Tripartita" -la cual sigue, por otra parte, de cerca el relato de Tirechán- dice de ellos que "la raza de Mac Ercae es la más poderosa y fuerte entre los Connachta, pero no gobiernan como reyes supremos". Esto refleja su posterior resurgimiento bajo el nombre de Uí Briúin Sinna, una sub-estirpe de Uí Briúin ai.

Los años que van desde 700 a 723 vieron la consolidación del poder Uí Briúin en Connacht. Los rivales Uí Fiachrach aportaron solo tres reyes de Connacht en el siglo VIII, y su anterior dominación fue paulatinamente erosionada por los avances Uí Briúin en las tierras de sus pueblos menores subordinados. La derrota en 704 de Loingsech mac Óengusso, rey Uí Néill septentrional, a manos de Cellach mac Rogallaig en la batalla Corann marcó el punto de inflexión en la fortuna Uí Briúin, como también ocurrió para el Cenél Conaill y la línea de Loingsech. El reinado de su sucesor Indrechtach mac Dúnchado Muirisci de los Uí Fiachrach Muaide (el Moy) (que habían forzado a Cellach a retirarse: murió en 705 post clericatum, "después de entrar en la vida clerical") fue breve; fue asesinado en 707 en un "regreso del combate" con los Uí Néill -aún escocidos de su derrota de Corann. Los anales llaman a este Indrechtach rí teora Connacht, "rey de las tres [divisiones de] Connacht, al parecer la referencia más antigua a una alternancia tripartita entre los Uí Briúin, Uí Fiachrach, y Uí Ailello (puede compararse al término dux na tri sloinnte (709), que se refiere a las tres divisiones de los Luigni). Los Uí Briúin, no obstante, como vimos, expulsaron a los Uí Ailello alrededor de esta época y finalmente ocuparon  las llanuras centrales de Connacht desde su capital prehistórica en Cruachu.

El reinado de Indrechtach mac Muiredaig (707-723) estableció a los Uí Briúin Ai firmemente al alza, a pesar de esporádicas victorias de los Uí Ailello rivales contra sus recalcitrantes tribus tributarias, os Calraige, Gailenga, Grecraige y Luigni. Los anales registran que los Uí Ailello, fueron expulsados (postrati sunt) en la batalla de Ard Maicc Rime (792) y desde entonces desaparecieron de los registros.  Los Uí Briúin Ai sin duda habían mirado con cierta satisfacción el desconcierto de sus rivales en choques entre ellos mismos, pero su expansión no estuvo ausente de dificultades ocasionales: Ailill Medraige mac Indrechtach, de los Uí Fiachrach Muaide rivales, los derrotaron en 758 en Druim Robaig (Dromrovay, en el condado de Mayo) en el territorio gobernado por los Fir Chera (anteriormente las regiones maicc Ercae del relato de Tirechán). Las genealogías afirman que "su tierra era amplia, es decir, el territorio de Cera, hasta que los hijos de Brion la tomaron de ellos como éric para Brion, quien cayó a manos de los Uí Fiachrach en la batalla de Damchluain". El lugar de la batalla indica, por tanto, que fueron los Uí Briúin quienes estaban a la ofensiva.

Después de la  muerte de Ailill Medraige en 764 los Uí Briúin recuperaron su dominio sobre la realeza, que desde entonces fue disputada entre ramas rivales de su línea. Habíendose establecido con seguridad en el corazón de Connacht volvieron su atención a continuación sobre los Uí Maine en el sureste. dos décadas de agresión sostenida redujeron a los Uí Maine y a cualquier otro rival potencial a la sumisión, y hacia la década de 780 la aceptación final de los Uí Bríuin como herederos naturales a la realeza de Connacht estuvo marcada por la visita de Dub-dá-Lethe, abad de Armagh, para promulgar la ley de Patricio en la provincia (783). En los años finales del siglo VIII, Connacht estaba en el umbral de convertirse en un poder a tener en cuenta en la política nacional.


Reyes de Connacht de los Uí Briúin Ai hasta el siglo IX



BIBLIOGRAFÍA:

DÁIBHÍ Ó CRÓINNÍN: Ireland. 400-800. Capítulo VII de The New History of Ireland. Vol. 1: Prehistoric and Early Ireland.

FRANCIS J. BYRNE: Irish Kings and High-Kings. 1973

Para la genealogía y la cronología recomiendo:
  • JASKI, BART: Genealogical tables of medieval Irish royal dynasties (2013)
  • MLADJOV, IAN: Irish rulers (pdf), de su página web https://sites.google.com/a/umich.edu/imladjov/chronologies